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¿Qué actitud tomar ante la persecución?

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¿Qué actitud tomar ante la persecución?

Mientras que en algunos hogares las familias se reunían a cenar, Yaeng y cinco personas más se congregaban al caer la noche para orar y estudiar la Biblia. No era fácil congregarse en un país como China, cerrado a todo asomo del evangelio desde que la Revolución Popular de 1966 le restó a millones de personas el derecho a disentir, y los alienó en torno a las doctrinas del comunismo.

--Hoy vendrán dos personas que invité en el campo

...-anunció a sus amigos quienes recibieron la noticia con entusiasmo. Estaban convencidos de que Dios estaba respondiendo a su clamor.--: Les pedí que tuvieran sumo cuidado-prosiguió--. Son gente en quien confiar--, los tranquilizó.

Minutos más tarde unos golpecitos en la puerta. No eran dos sino tres los que se encontraban en el umbral. Dos hombres y un adolescente. ¿Qué hacer? El lenguaje silencioso de los gestos marcó un consenso: La mejor decisión era abrir. El alivio vino cuando comprobaron que se trataba de los invitados.

El grupo iba creciendo. Algunas veces una que otra persona dejaba de asistir. En un comienzo se desanimaron, luego asumieron como previsibles e inclusive naturales las fluctuaciones en la asistencia, algo propio de un período de intensa persecución a quienes profesaban la fe en Jesucristo. A nadie se le permitiría otra adoración que no fuera a los postulados de Mao Tse Tung y su efigie, que lucía en los principales parques de la provincia.

 

 

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Hoy le compartí el mensaje a una persona más, durante el almuerzo

-anunció un creyente. Su testimonio fue respaldado por la confirmación de nuevos contactos por parte de los integrantes del grupo. Los interminables sembradíos de arroz que se extendían hasta el pie de monte, no eran solamente un lugar de trabajo. Se habían convertido en territorio fértil para la evangelización.

Lo inevitable llegó. Ocurrió un domingo, en la tarde. El cielo lucía más limpio que nunca y los campos estaban floreciendo. El arresto lo dirigieron doce guardias chinos. Yaeng y ocho personas más fueron llevados por la fuerza. Jamás nadie los vería. No había nostalgia, solo un enorme vacío que nada podía llenar. Pronto en los campos alguien más refirió a sus nuevos acompañantes de jornada lo que su fe en el Señor Jesús había obrado:

--Tengo ahora una familia diferente-

proclamaba--; No eran ellos sino yo quien debía cambiar. Jesucristo me ayudó--. Sus palabras constituyeron la semilla para una nueva misión. Había interés por saber si en cada uno de los interlocutores podría producirse un cambio. La despiadada persecución no había logrado sofocar las llamas del evangelio.

Signos modernos de persecución

 

 

La persecución contra los cristianos no cesa. Sigue hoy. Es posible que sin los inmisericordes visos de antaño, pero igual, amenaza con minar los fundamentos de fe del creyente.

¿Ha experimentado las frases hirientes que exteriorizan sus amigos y conocidos al enterarse que usted es cristiano practicante y que se congrega en una iglesia?¿Se ha convertido en el blanco de las burlas o quizá de las críticas?¿Lo han tildado de loco cada vez que se dirige al templo?¿Ha sentido temor de llevar su Biblia a la luz de todos y ha preferido, por temor al qué dirán, llevarla en su maletín o tal vez envuelta en una bolsa plástica?

Lo más segundo es que responderá afirmativamente a alguna o quizá a todas las preguntas que acabamos de formular.

Su situación es la misma o al menos muy similar a la que comparten decenas de cristianos en todo el mundo. No importa qué posición social ocupen, la cuidad que habiten o el trabajo en el que se desenvuelvan. Siempre convergen en lo mismo: son atacados por su fe en Jesucristo.

Era previsible...

 

 

La persecución que se ha desatado en los últimos tiempos era apenas previsible. El Señor Jesús ya lo había advertido cuando dijo: "Si el mundo os aborrece, saber que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece... Si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán..."(Juan 15:18-20 a.).

 

Es evidente que nos desenvolvemos en una sociedad que no juega con las reglas de Dios sino con los postulados del mundo. En circunstancias así, llevamos -humanamente hablando--, todas las posibilidades de perder.

Imagine que usted es invitado a participar en una partida de ajedrez justo en un antro de tahúres. No podrá reclamar nada cuando le hagan trampa. Sencillamente para los apostadores profesionales y que, además hacen trampa, esa es "su forma de jugar" y aquellas, "sus reglas de juego" así no sean válidas.

Este primer punto debe llevarnos a reflexionar que no podemos permitir que el desaliento socave los cimientos de nuestro andar con Cristo. Lo que estamos experimentando es un conjunto de cosas para las que debemos estar preparados en oración y búsqueda permanente del Señor.

No lo persiguen a usted sino a Cristo

 

 

Con frecuencia volcamos nuestro dolor y resentimiento hacia amigos y familiares que demuestran animadversión en contra nuestra a raíz de la fe que proclamamos en el Mesías. En tales casos olvidamos que la persecución la libran contra Cristo mismo.

Esta afirmación tiene fundamento en las Escrituras cuando leemos que Jesús dijo: "Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aún viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mi. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho"(Juan 16:1-4).

En mi amada Colombia se ha popularizado un refrán: "Guerra avisada no mata soldados". Sobre esta base, debemos comprender que las persecuciones fruto de que amigos, familiares y aún, personas conocidas "...no conocen al Padre ni a mi", como advirtió el Señor.

En Jesucristo encontrará paz

 

 

Si está enfrentando las secuelas de la persecución y probablemente no estaba preparado para un fenómeno de esa magnitud y, por supuesto, de esos alcances, recuerde que no está solo. El Señor Jesús conoce las circunstancias que golpean su existencia.

Fue el maestro quien adelantó a sus discípulos, y también a nosotros, lo que había de acontecer y la tranquilidad que traería a los corazones afligidos: "He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo"(Juan 16:32, 33). También animó a sus seguidores al decir:" No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14: 27 b.)

 

Cuando sienta que la persecución es más fuerte que su capacidad de resistir, pida la ayuda de Dios. Al respecto el apóstol Pablo escribió: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13).

 

No será imposible vencer con su divina ayuda. El nos dará la fortaleza para atravesar airosamente ese período de persecución que está enfrentando. No olvide que las tormentas no duran toda la vida.

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