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Apocalipsis Capítulo X

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Apocalipsis - Capítulo 10

<<Las cosas que sucederán después de éstas>>

Antes de que suene la Séptima Trompeta

 

Introducción

En este capítulo comienza justamente habiendo finalizado el efecto del juicio de la sexta trompeta. Se establece un paréntesis antes de sonar la séptima trompeta (10: 1-11:15). De los tres << ayes> > anunciados por el águila (8: 13), y habiendo acontecido el primero de ellos cuando la aparición de las langostas-demonios, el segundo lo encontraremos en el contexto de este paréntesis (entre la sexta y séptima trompetas; ver 11: 14). Esperaríamos de inmediato el toque de la séptima trompeta en este momento, no obstante, no se produce; antes, otras cosas ocurren, las cuales sucederán en el contexto de este capítulo 10, y parte del 11 como preámbulo al advenimiento de la séptima trompeta:

  • El anuncio de que el tiempo se acaba, y cuándo (10: 5-7).
  • El encargo a Juan de que profetice (10: 9-11).
  • La medición del Templo (11: 1)
  • La aparición de los dos testigos (11: 3-12).

Interrupción similar ocurrió, recordemos, entre el sexto sello y el séptimo (cap. 6 y 7), cuando ocurrieron: El sellado de los 144.000 israelitas y la multitud incontable de toda nación saliente de la Gran Tribulación y en gloria ante el Trono celestial.

El por qué de la continuidad de los juicios

El capítulo anterior acababa con un comentario muy específico de parte de Juan: << 20 Los demás hombres , los que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos ni dejaron de adorar a los demonios y a las imágenes de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cuales no pueden ver ni oír ni andar. 21 No se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus robos>> (20, 21) . Los hombres que sobrevivieron a esas plagas de los sellos y de las trompetas, no se volvieron a Dios para recibir perdón y restauración, sino que, lejos de eso, se endurecieron más, a modo de Faraón. Por lo tanto, todavía Dios tiene para ellos más juicio. El propósito de Dios, desde la caída de Adán y Eva es el de hacer desaparecer de sobre la faz de la tierra el mal y el pecado. Sólo por Su misericordia hacia el ser humano, ha estado pacientemente aguardando el momento de Su juicio, pero ahora, ya ha llegado el momento de limpiar esta tierra del pecado, y de los pecadores impenitentes. Como veremos, Dios no parará hasta que la tierra quede limpia de todo mal, y en los días correspondientes a este capítulo 10, se anuncia que no habrá más dilación (retraso), hasta que se cumpla el << misterio de Dios >> (ver 10: 7) , el cual se producirá << en los días de la voz del séptimo ángel>> (10: 7) . Nos adelantamos al respecto para ver lo que se dice desde el cielo cuando esto ocurre: <<El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos>> (11: 15) . En el periodo del Antiguo Testamento, los hombres de Dios levantaban constantemente un clamor al Señor: < <¿Por qué, Dios Todopoderoso no ejercitas tu poder para castigar la maldad y estableces tu reino sobre la tierra?>> (ver Habacuc 1: 1-4; Salmo 73). Este era un misterio para ellos. Nosotros sabemos la respuesta: A causa de su infinita misericordia, la cual le llevó a enviarnos a Jesús. No obstante, esos ya son los días en que Dios, sin dejar Su misericordia hasta el último momento, actuará en justicia, para que Su plan primigenio, el de establecer Su Reino sobre la tierra, se cumpla por fin.

Comentario

(Cap. 10) El ángel fuerte con el librito

(V. 1) << 1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego>> :

Ante la convicción de que los hombres que sobrevivieron al juicio de la sexta trompeta no se irán a arrepentir de sus pecados, sino que, lejos de eso, se implicarán más en el mal, Juan ve aparecer en escena algo sobrenatural. Ve a otro ángel fuerte, haciendo referencia al sexto ángel, que evidentemente, también era fuerte. Por compararlo a ese ángel, no puede ser el Señor Jesús, como algunos opinan. En el libro de Apocalipsis nunca se llama ángel a Cristo. La palabra fuerte, es en griego <<iskhurós>> , y se traduce por <<forzudo>> . Este es también un ángel de gran potencia, posiblemente un arcángel.

<<... envuelto en una nube...>> : Entre otras acepciones, las nubes en la Biblia nos hablan del límite o partición entre lo natural y lo sobrenatural. Jesús cuando fue ascendido a los cielos, desapareció de la vista de sus discípulos cuando le ocultó una nube (Hchs. 1: 9). El Señor Jesús aparecerá entre las nubes de los cielos, y nosotros seremos llevados allí para encontrarnos con él y ser llevados a los Cielos (1 Ts. 4:17). Las nubes son como la antesala de los Cielos. Este ángel fuerte viene enviado por Dios a la tierra. Aparece envuelto en una nube, la cual le oculta parte de su porte sobrenatural o celestial.

<<... con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego>> : Esto sí lo puede ver Juan, lo cual no queda oculta por la nube: Su cabeza, su rostro, y sus pies. Será interesante observar a partir de la descripción que Juan nos hace de esos tres elementos aprender acerca de ciertos principios:

Sobre su cabeza

El arco iris sobre su cabeza, nos habla de lo que predomina y rige en él: La misericordia y la paz de Dios (Gn. 9: 13). A pesar de que es un  ángel fuerte y poderoso, no es un ángel destructor, aunque sí anunciador de juicio. Eso nos habla de que en todo juicio de Dios está implícita Su misericordia.

Su rostro como el sol

Compara su rostro como si fuera el del sol. Este ángel es, como todos los ángeles santos, "portador de luz". No tiene luz en sí mismo, sino que la que tiene es reflejo de Dios, ya que Dios es luz (1 Jn. 1: 5). Es un ángel que vive en la misma presencia de Dios. Así debiéramos nosotros alumbrar espiritualmente. Jesús así lo dijo: <<Así alumbre vuestra luz delante de los hombres...>> (Mateo 5: 16) . Nosotros, aunque aquí en la tierra, deberíamos estar constantemente en la presencia de Dios también.

Como columnas de fuego

El estar asentado con pies como << columnas de fuego>> , tal y como lo describe Juan, nos habla de poder. Nosotros tenemos no sólo poder, sino autoridad (ver Lc. 10: 19) espirituales. Debiéramos ejercerlos para la gloria de Dios.

(V. 2) << 2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra>> : El librito que el ángel lleva en la mano es un rollo muy pequeño (así lo especifica el griego original). No es en absoluto el rollo del Corderito, ya que sólo el Corderito tenía acceso a él y podía mirarlo. Este pequeño librito encierra pocos oráculos; son claros y específicos para ser puestos en marcha en el tiempo que más adelante se dirá. Estos oráculos, por supuesto, son voluntad de Dios, y son declaraciones de juicio.

<< ...y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra>> : Esto denota posesión de la tierra y del mar (no por parte del ángel, sino de Dios a quien ahora representa). Leemos en Deuteronomio 11: 24; << Todo lugar que pisare la planta de vuestro pie será vuestro; desde el desierto hasta el Líbano, desde el río Eufrates hasta el mar occidental será vuestro territorio>> . Por el hecho de pisar esos territorios, éstos iban a pasar a ser propiedad de Israel. Aquí vemos demostrado ese principio. Al estar el ángel poniendo sus pies (como columnas de fuego) sobre el mar y la tierra, se nos anuncia que, no sólo Dios posee esos elementos, sino que lo que va a declarar el ángel sobre ellos y sus habitantes, tiene cumplimiento seguro.

(V. 3, 4) << 3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces 4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas>> : El ángel, una vez ha adquirido la postura elegida, la de poder y posesión sobre el mar (sobre el cual hunde su pie derecho), y sobre la tierra, entonces, << clama a gran voz>>. Lo hace como ruge un león (curiosamente el griego original dice que << muge (y no ruge) como un león>> ). Entendemos por ello, que en ese momento el ángel está manifestando de parte de Dios, no sólo el poder (representado por el mugido del toro), sino también la autoridad (representada por el león). Podemos imaginar que se dirige al que está sentado en el Trono, como diciéndole: <<¡Ya estoy aquí abajo y ya he tomado posición!>>. Justo al dejar de clamar a gran voz, le responden << siete truenos>> . Del griego original, traducimos así: <<hablaron los siete truenos sus voces>> . El sonido del trueno es asociado a veces en la Biblia a la voz de Dios en su ira santa (ver S. 29). Y en el N.T. < <Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. Y la multitud que estaba allí, y había oído la voz, decía que había sido un trueno. Otros decían: Un ángel le ha hablado. Respondió Jesús y dijo: No ha venido esta voz por causa mía, sino por causa de vosotros Ahora es el juicio de este mundo ; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera...>> (Juan 12: 27-30). Evidentemente, esos siete truenos son siete voces que parten de Dios desde su Trono. Es Dios hablando en Su ira santa. Al ser siete, nos habla que el discurso en cuestión, el cual Juan debe sellar y no publicar, es perfecto y completo. Seguramente, esos siete truenos revelan en su totalidad, claridad y detalle el juicio de Dios hasta la venida de Su Hijo en gloria, esa es la razón por la cual Juan no debe dar a conocer en ese momento todo eso. Como vemos, a Juan se le dice que no debe dar a conocer lo que está oyendo. Se le dice que no lo escriba. Notemos aquí que Juan sigue obedeciendo al Señor cuando en 1: 19  le ordena que escriba todas las cosas que ha visto, que son y que han de ser después de éstas. Esa voz, la que le habla a Juan desde el cielo, no puede ser otra sino la voz de Jesucristo; ¿Por qué? Porque siendo Él quien le ordenó que escribiera todas las cosas que había visto e iba a ver (1: 19), ahora, por un instante le dice lo contrario.

(V. 5-7) Ya no habrá más demora (se acabó el tiempo)

<< 5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, 7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas >> : Juan prosigue relatándonos lo que ve. El protagonista sigue siendo el ángel fuerte, que sigue poniendo sus pies, el derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra. Esta vez, hace algo diferente: Solemnemente levanta su mano al cielo en señal de pacto o compromiso. En ese momento, está tocando las tres partes del universo según la comprensión hebrea: El mar, la tierra y el cielo. Y sobre estas tres partes que resumen todo lo creado, exclama un juramento.

Acerca del juramento

Curiosamente, el Señor nos ordenó que no juráramos en ninguna manera (Mt. 5: 34), pero este ángel está jurando, no obstante, no según su propio juramento, sino según el juramento de Dios (el cual, Él, sí puede cumplir con todos los juramentos que hace, a diferencia del hombre). Así que, en realidad es el mismo Dios el que emite ese juramento por boca del ángel santo. ¿Cuál es ese juramento?; que ya no iba a haber más tardanza a partir de ese momento en relación a algo; ¿el qué?: Acerca del cumplimiento del misterio de Dios que en su día Él anunció a los profetas (revelado por tanto en el A.T.). Eso ocurrirá en los días cuando el séptimo ángel toque su trompeta.

Los dos misterios contrapuestos

¿Cuál es ese << Misterio de Dios >>? Antes de responder a esa pregunta, démonos cuenta de que existe otro misterio, y no precisamente de Dios. Leemos en 2 Tesalonicenses 2: 7; <<Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad ; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio>> . Ese es el otro misterio, pero esta vez del diablo. ¿Qué podrían tener en común ambos misterios? Que los dos buscan instaurar un reino. Dios, el que siempre prevalece, instaura e instaurará Su Reino a través de Cristo Jesús (1 Co. 15: 24-28). El diablo pretende hacer lo mismo con su Anticristo (ver Ap. 13, 17). Así como Dios sigue Su estrategia la cual concibió desde antes de la fundación del mundo (1 Pr. 1: 20), la cual es Cristo, para hacer que se cumpla el clamor de la oración de Mt. 6: 10 << venga tu Reino>> , el diablo sólo pretende hacer lo mismo, para él, utilizando lo que tiene a mano, el pecado del hombre y al "hombre de pecado" (2 Ts. 2: 3), el "príncipe que ha de venir" (Dn. 9: 26), la antítesis de Cristo; el Anticristo, el cual saldrá a la escena mundial una vez la Iglesia (que frena su advenimiento por el poder del Espíritu Santo), sea arrebatada a los cielos, como en su día lo fue Cristo hombre (Hchs. 1: 9).

El misterio de Dios

Acerca de la total instauración de Su Reino. Dice Salguero (recogido en Matthew Henry) al respecto: <<Toda la esperanza de que se cumpliera el misterio de Dios, es decir, que llegara el Reino de Dios, se fundaba en las promesas divinas anunciadas por Dios por medio de los profetas, como nos advierte el autor del Apocalipsis...Este misterio de Dios es el establecimiento del reino de Dios y de su Cristo, que tendrá lugar con la destrucción de las naciones paganas>> . Por lo tanto debemos entender que, cuando suene la séptima trompeta, al tiempo que el Reino empiece a establecerse, se sucederá la destrucción de los impíos (16: 1-20). De hecho, como veremos en su momento, en los días de la sexta copa de la ira, cuando los ejércitos de sobre la tierra se reúnan (16: 14), y se dispongan a pelear contra el Cristo glorioso que viene, y contra Su ejército (19: 19), entonces llegará el fin de los malignos (manifestado por la séptima copa de la ira; ver 16: 17-21) y el establecimiento definitivo y constante del Reino de Dios (ver 19: 20, 21; 20-), profetizado por Daniel, entre otros (ver Dn. 2: 44; 7: 13, 14). El hecho de que no va a haber ninguna tardanza a partir de ese momento (el del juramento del ángel) para cumplirse todo lo que debe cumplirse, denota que los juicios de Dios se van a producir uno detrás de otro, y a veces incluso, superponiéndose unos a otros.

(V. 7b) <<...el misterio de Dios se consumará...>> : Un misterio deja de serlo cuando se desvela. En este caso, deberemos entender que el Misterio de Dios aludido, no es solamente la instauración del Reino (por otra parte, intención de todos conocida y ya revelada por Dios a lo largo de Su Palabra), sino el PROCESO por el cual esa instauración iba a llevarse a cabo; y su TIEMPO. En cuanto al proceso, ya lo sabemos: A partir de ese momento (la 7ª trompeta), es de juicio incesante. En cuanto al factor tiempo, recordemos la pregunta de los discípulos a Jesús acerca de esta cuestión: <<Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor , ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad...>> (Hechos 1: 6, 7) . Ellos esperaban que en ese momento, se sucediera la implementación del Reino a Israel. La respuesta del Señor fue la que hemos leído: Sólo el Padre iba a decidir cuándo. Por lo tanto, en ese momento, el Misterio de Dios todavía no había sido consumado, como lo va a ser cuando ya hemos dicho: <<...en los días de la voz del séptimo ángel...>> (Ap.10:7), cuando Dios envíe las siete copas de la ira (Ap. 16: 1-21). Resumimos pues, diciendo que en cuanto a la consumación del Misterio de Dios debemos hablar del CUÁNDO y del CÓMO;

1- El CUÁNDO: En los días del toque de la séptima trompeta (al final de la Gran Tribulación) (Ap. 16: 1-21)

2- El CÓMO: A través de los juicios que conllevarán a la destrucción de los impíos, los enemigos de Dios, de sobre la tierra.

El Misterio como tal deja de serlo, al conocerse el CÓMO y el CUÁNDO.

(V. 8-11) Juan se come el librito

(V. 8) << 8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra>> : Juan oye de nuevo la voz de Cristo desde el cielo, que en su momento le dijo que no pusiera por escrito lo que decían los siete truenos, esta vez diciéndole algo diferente: Que fuera adonde estaba el ángel fuerte (que todavía estaba sobre la tierra y el mar), y que tomara de su mano el librito que estaba abierto.

El librito abierto

Ese librito ya abierto, nos habla de que su contenido ya es conocido, al menos por Juan. De hecho, cuando en la Biblia se menciona que el libro, o los libros están abiertos (ver Ap. 20: 12), significa que lo que está escrito en ellos está a punto de ser llevado a la práctica; en este caso, el juicio de Dios que avanzará hasta el establecimiento del Reino.

(V. 9) << 9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel>> : Juan obedece, y se dirige a ese ángel, diciéndole que le entregara el librito en cuestión. El ángel, no sólo se lo da, sino que le da una orden de parte de Dios (esa es la única manera que un ángel nos da órdenes. Ellos son servidores Suyos, al igual que nosotros (ver 19: 10; 22: 9). La orden es que, literalmente, se deberá comer el libro en su totalidad (del gr. Katafague ). Un pasaje similar a ese es el que encontramos en Ezequiel 2: 8; 3: 3).

Los sabores del librito

Le advierte el ángel de que le iba a ser amargo en el vientre, aunque dulce en el paladar.

(V. 10) << 10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre >> : Juan se lo come, y efectivamente, ocurre como dijo el ángel; le endulza la boca, pero le amarga el vientre. ¿Por qué debía comerse Juan el libro, y qué significa eso? Comerse el librito significa lo que es: Engullir y digerir lo que está escrito en él. Lo que está escrito en él es la voluntad de Dios para los días que han de venir (a partir de la sexta trompeta). ¿Por qué le es dulce en la boca como si fuera miel? Le endulza la boca, porque el paladar está en ella, y éste siempre se apercibe del primer sabor que desprende un alimento. La primera sensación que Juan tuvo al engullir el librito fue el dulce sabor del final dichoso que experimentará Israel cuando el Señor vuelva y se cumpla lo que Él mismo dijo: <<Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor>> (Mateo 23: 39). El reino de Dios establecido, cuando viene el Rey, Jesucristo, a establecerlo. Se responde al clamor de los discípulos por fin: ¿Cuándo restaurarás el reino a Israel? (Hchs. 1:6). Como vemos, cuando eso ocurra, literalmente se establece el Reino de Dios. No se puede concebir el Reino de Dios en su plenitud, sin su Rey y sin Israel (ver Zac. 14: 16-21).

¿Por qué le es amargo en el vientre? El vientre es el receptor final de los alimentos. Un alimento puede ser dulce en la boca, pero pesado o amargo en el estómago, una vez empieza éste a digerirlo. Le es amargo a Juan el contenido del librito, porque en él está escrito, no sólo el final feliz de Israel (profetizado tantas veces en el A.T.), sino también la angustia del proceso del mismo. Leemos al respecto en Daniel 12: 1; <<En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo ; y será tiempo de angustia , cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo...>> . Ver también Zacarías 12: 10, 11; 14: 1, 2. En Jeremías 30: 1-11, se nos habla de la " Angustia para Jacob "; el tiempo en el cual, previa a la venida en gloria de Cristo, Israel se verá al borde de su completa destrucción, y justo en ese momento, será librado (ver Romanos 11: 25-27). Esa es la razón por la cual a Juan se le amarga el estómago. El proceso va a ser extremadamente doloroso. Leemos en Zacarías al respecto: <<acontecerá en toda la tierra, dice Jehová , que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán ; mas la tercera quedará en ella. Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios>> (Zacarías 13: 8, 9)

(V. 11) << 11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes>> : El ángel fuerte le da una siguiente instrucción a Juan, que profetice otra vez sobre muchos (no todos) pueblos, naciones, lenguas y reyes. A horas de ahora, nos damos cuenta de que una inmensa cantidad de gentes en todo el mundo son reacias e incluso hostiles al Evangelio. En el A. T. la inmensa mayoría de las profecías sobre naciones, eran profecías de juicio. Aquí seguramente, no hay excepción; esta vez incluye, además de muchos pueblos; lenguas y reyes. Pero, ¿por qué es necesario que profetizara si estamos hablando de juicio?, Porque aunque se anuncia éste (como lo anunció Jonás a Nínive), la primera intención NO es la destrucción del impío, sino su vuelta a Dios, así como ocurrió con Nínive (muy a pesar del profeta). Dice Ezequiel 18: 22; <<¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?>> . E insiste diciendo: < <Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva>> (Ezequiel 33: 11) . Así que, por la proclamación profética acerca de la segura inminencia del juicio, Dios quiere hacer misericordia porque no desea la destrucción del impío sino su salvación. Nos consta que ese mensaje profético acerca del juicio que viene sobre la tierra, NO es dado sólo a Juan, sino a todos lo que en este momento representa Juan: La Iglesia de Jesucristo sobre la tierra. Mientras esté aquí, ella es la encargada de otra vez advertir a los hombres acerca de <<las cosas que han de suceder pronto>> (Ap. 1: 1) .

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