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¿Fue el apóstol Pablo el cash Luna del siglo XXI?

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FUE EL APÓSTOL PABLO EL BENNY HIN N DEL SIGLO I?

 

 

  

Por Ing° Mario A Olcese

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”… Pero tú sé sobrio (prudente) en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. (2 Tim 2:15; 4:5). 

 

Pablo y la sobriedad

Estas palabras de Pablo que aparecen arriba, y que fueron dirigidas al joven Timoteo, reflejan lo que Pablo creía que debía ser un evangelista: a). Un hombre sobrio o prudente, b). Obrero que no tiene de que avergonzarse, c). Que sabe usar bien las Escrituras, d) y que soporta las aflicciones propias de su ministerio.

a.- Un hombre sobrio y prudente.

 Es aquel que se conduce con sensatez, equilibro, o mesura en todas las cosas. Es un individuo que no es extremista, alocado, competidor, egoísta, o materialista. Es un hombre intachable, probo, decente, justo en todas sus acciones.

b.- Es un obrero que no tiene de que avergonzarse.

Es decir, es una persona que tiene un buen testimonio de todos, en especial, de los creyentes. Es un hombre moral, justo, recto, que no ha robado o engañado a nadie con palabras  o hechos que le deshonren. Es un individuo que no se siente avergonzado por una vida o conducta no digna, sino que tiene la conciencia limpia de un genuino cristiano que imita fielmente a Cristo. Por eso Pedro recuerda a los creyentes: “Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” (1 Pedro 4:15). Es decir, en el caso de un seguidor de Cristo, su conducta no debe ser la de un malhechor o ladrón que usa la Palabra de Dios para hacer mercadería de los fieles. Esto es lo que Pedro dice: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 Pedro 2:1-3). Aquí Pedro prevé la venida de falsos maestros que vendrán con palabras fingidas para explotar a los creyentes, haciendo por esto que el camino de Cristo sea blasfemado.

c.- Que sabe usar bien las Escrituras.

Este es un detalle importante a tomar en cuenta, pues muchos evangelistas vendrán con la Palabra del Señor, pero interpretándola torcidamente para su propio provecho y ganancia. Ellos le dirán que la Biblia enseña que Dios quiere que seamos ricos y prósperos en esta vida. Le dirán que la Biblia enseña que Cristo era rico, pero no le dirán que su riqueza se localizaba fuera de esta tierra. Le dirán que Cristo tenía su tesorero personal (Judas Iscariote) que le guardaba cuantiosas sumas de dinero. Afirmarán que Cristo fue un hombre de gustos refinados y que vestía ropas caras cuando los romanos rifaron sus ropas mientras moría en el Calvario, pero no le dirán que él no tenía dónde recostar su cabeza (Lucas 9:58). Le dirán que Juan le deseó a Gayo (un cristiano fiel— 3 Juan 2) que fuera prosperado en todo, y que por tanto es justo  buscar o desear que Dios nos prospere abundantemente en esta vida. Le dirán que la Biblia está llena de hombres ricos y muy bendecidos materialmente como Abraham, Isaac, Jacob, David, Salomón, Ezequías, etc, pero no le dirán que las riquezas traen problemas y ahogan la palabra (Marcos 4:19) y que difícilmente entrará un rico en el reino de Dios (Lucas 18:24). Estos predicadores sólo hablarán medias verdades…¡pero no la completa verdad de los hechos!

d.- Y que soporta las aflicciones propias de su ministerio.

Con esto queremos decir que el verdadero evangelista es un hombre que sufre por causa de su ministerio. Éste sufrirá persecución, mofa, maltratos, acusaciones injustificadas, traiciones, necesidades, hambre, frío, y hasta la muerte misma a manos de sus detractores. Si un evangelista no pasa por estos “bemoles” de su profesión evangélica, no es un verdadero evangelista. Aquellos que usan el evangelio para escapar de las aflicciones a través de un enriquecimiento injusto, para luego vivir como príncipes en esta tierra, no son verdaderos ministros de la Palabra sino maestros fraudulentos. Estos mismos hombres serán excluidos del reino de Dios aunque hayan hecho todos los milagros del mundo (Mateo 7:21-23).

El Apóstol Pablo siempre deseó que lo imitaran, de la misma forma que él mismo imitaba a Jesús. El les dijo a los Corintios: “Sed imitadores de mi, así como yo lo soy de Cristo” (1 Cor. 11:1). El quería que sus seguidores— aquellos que lo veían a él como el paradigma del evangelizador— lo imitaran en su forma de ser, en su devoción a Cristo y a su mensaje o evangelio. El dijo: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Fil.3:17). Aquí Pablo habla de los creyentes que viven para sus vientres, y pensando en lo terrenal. Estos son los cristianos cómodos, los cristianos que gustan de la buena vida ahora, comiendo y anhelando todo lo que sus ojos pueden ver y palpar. Estos quieren  comer como “comechados”, como príncipes en grandes palacios con bellísimos autos, muebles, ropas, sirvientes, etc, haciendo que su aparente gloria de grandes hombres de Dios sea su vergüenza. ¡Estos son claramente enemigos de la cruz de Cristo!

Pablo, la Pobreza, y la Prosperidad

El apóstol Pablo también dijo: “Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad” (Fil. 4:12). Aquí Pablo es claro cuando dice que hubo momentos en que vivía como un hombre próspero y como un hombre pobre. Él no creyó que su ministerio de la predicación del evangelio lo convertiría automáticamente en un hombre próspero y siempre próspero. Él sí cumplió su ministerio, y tuvo momentos de prosperidad como también de escasez. Él se ganaba el sustento haciendo tiendas de campaña (Hechos 18:1-3), mas no así levantado tiendas para campañas de evangelización para manipular a sus oyentes y sacarles grandes sumas de dinero (diezmos y ofrendas). En Hechos 20:33-35 Pablo dijo: Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado (Ojo: Hinn, Roberts, Robertson, Carlos Cash,  etc). Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Ojo Hinn, Carlos “cash” Luna, Robertson, Copeland, etc)”

 Sin embargo, sabemos que él recibió ayuda muy eventualmente para sus necesidades por parte de los creyentes de ciertas ciudades: “Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir (acá Pablo parece que no recibía ayuda de muchas iglesias), sino vosotros solos (Filipenses); pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”. Evidentemente los aportes eventuales que recibía Pablo de los hermanos servían para cubrir sus necesidades básicas, y a veces, le sobraba. Sin embargo, no siempre le fue bien, ya que leemos en 2 Corintios 11:25-27: “Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez”

Sí, Pablo pasó más tiempo en ayunos, en hambre, en sed, en frío y en desnudez por la causa del evangelio que muchos de nosotros. ¡Y cuán poco se parecen a él los modernos predicadores del evangelio de la prosperidad! Estos falsos predicadores han dejado la pobreza una vez que se han metido a la difusión de su falso evangelio de la riqueza. Esta gente no concibe que la evangelización tenga que andar de la mano con la pobreza, las necesidades, y las aflicciones. Les parece una aberración!!!

Creyentes que se creen Ricos

Cuando pensamos en la vida y obra del Apóstol Pablo, sólo nos queda concluir que él no estuvo proclamando como lo hacen los evangelistas de hoy un evangelio “facilista” de salvación y gloria inmediatas. En Hechos 14:22 él había estado alertando a los creyentes de que “es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios”. Sólo aquellos que se creen reyes en ejercicio pretenden vivir el reino ahora, sin angustias ni tribulaciones. Estos enseñan que ya estamos en el reino, y en cierto sentido creen que ya estamos disfrutando las “bendiciones” de dicho reino. Sin embargo, el apóstol Pablo fue irónico cuando tuvo que enfrentar a aquellos creyentes de Corinto que pensaban que estaban en el mejor de los mundos, y reinando en ausencia de Cristo. En 1 Corintios 4:8 Pablo les dice a esos creyentes, lo siguiente: “Ya estáis saciados, YA ESTÁIS RICOS, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros”. Esto es exactamente lo que vemos en el mundo del evangelismo de la prosperidad, a Cristianos que se han convertido en RICOS y que se sienten importantes, y como si estuvieran reinando al lado de Cristo en esta vida en un reino ficticio. Estos se creen que ya están hoy en la gloria y en el reino recibiendo el justo pago por su “sacrificada” labor como ministros de Jesucristo. Estos se han hecho tesoros en la tierra y son ricos… ¡pero no para Dios! (Lucas 12:21).

¿Ricos en Fe o en Dinero?

Sin embargo, estos falsos maestros de la Palabra se olvidan de lo que escribió Santiago: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5). Así que contrario de lo que pensaban los corintios, los creyentes de Iconio, Listra y Antioquía creyeron que primero tendrían que padecer tribulaciones antes de comenzar a reinar con Cristo en su reino milenario (Hechos 14:22). Así que la riqueza del creyente está en la abundancia de su fe, y esto es exactamente lo que Dios requiere de los hombres, que crean a su Hijo y tengan su fe (Apo. 14:12). Es la fe la que nos salva, no el cúmulo de bienes materiales que hoy están y mañana desaparecen.

Las Iglesias estaban compuestas por hombres Ricos y Pobres en dinero

En Juan 12:8 Jesús dijo: “Siempre tendréis pobres entre vosotros, es decir, siempre habrá dentro del rebaño del Señor hombres pobres y ricos. El Señor nunca prometió una riqueza general para toda su iglesia en esta vida. Sostener que la pobreza es una maldición, es afirmar que muchos cristianos son unos malditos. La verdad es lo contrario. Aquellos que se han enriquecido (Como la clase del ángel de la Iglesia de Laodiceac— la iglesia final) son los verdaderos miserables: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido…y no sabes que eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo…sé celoso y arrepiéntete” (Apo. 3:17, 19). El llamado para que el mensajero de la iglesia de Laodicea se arrepienta es también un llamado para todos los mensajeros ricos de la iglesia final, para que se arrepientan y vuelvan a su estado de humildad y sencillez.

El mismo Apóstol Pablo en ocasiones fue testigo de las necesidades materiales de ciertos hermanos pobres en Jerusalén, llevándoles a éstos ofrendas por parte de los creyentes de Macedonia y Acaya para aliviar sus penurias. Dice Romanos 15:25,26, lo siguiente: “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. 
Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén”
. Esto quiere decir que hubo hermanos pobres en las iglesias a los cuales Pablo también socorrió con bienes provenientes de otros hermanos de otras ciudades. A estos hermanos pobres Pablo jamás les prometió que Dios los haría ricos en esta vida. Él pudo haberles predicado el llamado “evangelio de la prosperidad ahora” pero no lo hizo porque esa promesa hubiera sido un mensaje falso y engañoso. Él seguramente supo lo que Jesús había dicho en Juan 12:8: “Siempre tendréis pobres entre vosotros”.

Un evangelio de la prosperidad para Pablo hubiera sido realmente un evangelio falso, y aquel que lo predicase, un verdadero ANATEMA (maldito). He aquí sus palabras: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema” (Gál 1:6-9).

Vivir del Evangelio no es Enriquecerse del Evangelio

El apóstol Pablo de hecho que no negó la posibilidad de que un ministro del evangelio viva del evangelio, ya que éste está dedicado a tiempo completo a esta tarea. Pablo dice lo siguiente: “Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”

Aquí vemos a Pablo aprobando que un ministro del evangelio viva del evangelio. El no está diciendo que los ministros de la Palabra deben hacerse ricos pidiendo diezmos y ofrendas regulares a sus feligreses. Y él mismo, como apóstol del Señor, conocedor de este derecho que Dios estableció, no abusó o como él mismo dice: “de nada me he aprovechado” sino que presentó el evangelio de manera GRATUITA, sabiendo que tendría una recompensa mayor después. ¡Cuán distinto es el espíritu evangelizador de Pablo comparado con el de aquellos ministros del “evangelio de la prosperidad” que predican por precio, y para ganar millones de dólares. A ver, quítenle todo lo que tienen a Billy Graham, a Jimmy Swaggart, a Pat Robertson, a Carlos “cash” Luna, a Paul Crouch, a Kenny Copeland, y muchos predicadores ricos en el mundo entero, y veamos si siguen en el ministerio. Ellos no se conforman con un sueldo de $1,500 o $3,000…ellos quieren mansiones en los E.U, relojes rolex, Rolls Royces, Jets particulares, sueldos de $150,000 mensuales…y no residir en los países subdesarrollados más de 5 0 7 días a lo máximo y luego volver a su paraíso particular en un país rico y materialista con todas sus comodidades. En cambio vemos a Pablo pasándose meses o años en regiones muy distintas de su amada Jerusalén, soportando hambre, frío, incomodidad, vejaciones, y privaciones.

El verdadero Evangelio de Pablo

¿Predicó siquiera una sola vez Pablo el llamado “evangelio de la prosperidad inmediata”? ¿Fue ese su mensaje para atraer la atención de sus interlocutores? Con toda seguridad que no. Sólo basta leer sus epístolas para descubrir lo que él verdaderamente predicaba en sus “campañas” de evangelización. Veamos 3 de sus epístolas:

Pablo a los Romanos

Pablo comienza su epístola a los romanos diciendo: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Así que a los Romanos Pablo predica un evangelio que tiene que ver con Jesucristo, su resurrección, y nuestra justificación por la fe. En ningún momento en esta epístola usted encontrará un evangelio que incluya una prosperidad material asegurada en esta vida presente. Al contrario, Pablo habla de las riquezas presentes como INSEGURAS. El dijo así: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas…” (1 Tim. 6:17).

Pablo a los Corintios

¿Predicó Pablo a los Corintios el “evangelio de la prosperidad? Pues, tampoco! Él escribió a los corintios lo siguiente: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios” (1 Corintios 15:1-9). Entonces lo que predicó Pablo a los corintios se asemeja a lo que predicó a los romanos sobre la resurrección de Cristo después de morir por los pecados del mundo. En ningún momento mencionó el llamado “evangelio de la prosperidad”.

Pablo a los Gálatas

Tampoco vemos a Pablo predicando el evangelio de la prosperidad a los Gálatas. El más bien predicó otra cosa que se resume en estos versos: “Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado”. Su evangelio tenía que ver con la justificación por la fe y no por las obras de la ley como creían los Judíos ortodoxos.

Pablo y las sanidades

El apóstol Pablo de hecho realizó algunos milagros. En Hechos 14:8-10 leemos: “Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”. En otra ocasión Pablo curó al padre de un tal Publio: “Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias” (Hechos 28:8-10). No obstante, a Timoteo Pablo sólo le recomendó un poco de vino para su mal estomacal y sus frecuentes enfermedades. Así le dijo él a Timoteo: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23). ¿Por qué recurrió Pablo al vino para aliviar las dolencias de su amigo Timoteo? ¿Es que acaso no era la voluntad de Dios de que Timoteo fuera sanado milagrosamente?¿O será que no lo curó porque no estaba presente en ese momento para imponerle las manos? ¿Por qué no le dijo que lo visitaría después para imponerle las manos y curarlo?  Estas preguntas resultan difíciles de contestar, pero todo parece indicar que no es para todas la sanidad divina milagrosa. En todo caso Pablo realizó sus milagros sin esperar nada a cambio por parte de los sanados, aunque es verdad que por gratitud los sanados voluntariamente y sin que él lo pidiera: “nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias (pero no necesariamente joyas, dinero, u oro,  sino probablemente alimentos y abrigo— Hechos 28:10)”.

También leemos que Pablo permaneció en Roma en una casa alquilada (no en una mansión enorme y lujosa o en una posada de reyes) por dos años enteros, ¿y qué hacía allí? “Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (Hechos 28:30,31). De estos dos versículos se puede concluir que Pablo permaneció dos años enteros en Roma para PREDICAR SOBRE CRISTO Y EL REINO DE DIOS. No obstante, en ningún momento se nos informa que Pablo también se la pasó sanando a los enfermos y haciendo grandes portentos y milagros para convertir a la gente. Y es raro que Lucas no lo diga, si es que en verdad Pablo hizo maravillas allí con los enfermos y los discapacitados durante esos dos años de estadía. Lo cierto es que Pablo no combinaba su predicación del evangelio con las sanidades. Es decir, casi nunca hacía milagros para convencer a los pecadores de que él era un mensajero de Dios. De hecho, sus milagros produjeron el efecto contrario en la ciudad de Listra, cuando al curar a un paralítico, los paganos lo confundieron a él y a Bernabé por  dioses paganos. Dice Hechos 14:10-15: “Pablo dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay”. Así pues, aunque contrariados por la desagradable confusión de parecer como que si ellos fueran dioses, el apóstol Pablo y Bernabé usaron la oportunidad para anunciar a los paganos al Dios vivo y de su apremiante necesidad de volverse a Él para obtener la salvación. En cambio, en la isla de Malta, vimos que Pablo sanó al padre de un tal Publio que le había hospedado en su casa por tres días, aunque no se nos informa de que él les haya predicado el evangelio al sanado y a su hijo.

Conclusión:

El verdadero evangelista del Señor Jesucristo debe mostrar las siguientes nobles rasgos de carácter:

1.- Debe presentarse como obrero aprobado por Dios.

2.- Debe ser un obrero que no tiene de qué avergonzarse.

3.- Debe ser sobrio o prudente.

4.- Debe ser aguantador de aflicciones en general.

5.- Debe saber Usar bien la Palabra de Dios.

6.- No debe pensar en lo terrenal.

7.- No debe ser glotón.

8.- Debe ser sencillo y rico en Fe

9.- No debe buscar ser rico y poderoso, materialmente hablando.

10.-Debe hacer la obra de evangelista sin pedir nada a cambio, ni ser oneroso para otros. En lo posible, debe dar gratis, y si se recibe una compensación monetaria, que esta sea justa y prudente para que le sirva para cubrir las necesidades básicas de él y de su familia, pero no para vivir como príncipe en mansiones con servidumbre, autos lujosos, y trajes costosísimos.

11.- Debe predicar de manera franca, y que las oraciones por sanidades sean hechas de manera personal y directa sin pedir nada a cambio por ellas.

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Comentarios ¿Fue el apóstol Pablo el cash Luna del siglo XXI?

YO NO ENTIENDO PORQUE HAY GENTE IGNORANTE COMO USTEDES QUE SOLO ESTORBAN EL AVANCE DE LA OBRA DE DIOS ARREPIENTANSE Y VUELVANSE HACIA DIOS-
SIJES SIJES 08/10/2010 a las 07:08
dios es amor y el unico juez sobre toda la tierra solo queda decir que dios tenga micericordia de nosotros y las naciones

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