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Barack Obama propone nuevas medidas económicas

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Barack Obama

"Ha llegado el momento de tomar medidas económicas mundiales": Barack Obama

Dice que los líderes del G20 deben actuar enérgica y coordinadamente

Washington, EE.UU. Ahora, los líderes del Grupo de 20 tienen la responsabilidad de tomar medidas enérgicas, amplias y coordinadas que no sólo impulsen la recuperación, sino que también den inicio a una nueva era de participación económica para prevenir que una crisis como está vuelva a ocurrir.

Nadie puede negar la urgencia de actuar. Una crisis de crédito y de confianza ha barrido a través de las fronteras, con consecuencias para todos los rincones del mundo. Por primera vez en una generación, la economía mundial se contrae y el comercio disminuye.

Se han perdido billones de dólares, los bancos han dejado de conceder préstamos y decenas de millones de personas perderán sus empleos en todo el mundo. La prosperidad de todos los países está en peligro, junto con la estabilidad de los gobiernos y la supervivencia de las personas en las regiones más vulnerables del mundo.

De una vez por todas, hemos aprendido que el éxito de la economía estadounidense está ligado inextricablemente a la economía mundial. No hay línea divisoria entre las medidas que restauren el crecimiento dentro de nuestras fronteras y las medidas que lo apoyen más allá de éstas.

Si la gente de otros países no puede gastar, los mercados desaparecen. Ya hemos visto la caída más grande en las exportaciones estadounidenses en casi cuatro décadas, lo que ha conducido directamente a pérdidas de empleos estadounidenses. Y si seguimos permitiendo que las instituciones financieras del mundo actúen de manera imprudente e irresponsable, seguiremos atrapados en un ciclo burbujas especulativas y estallidos. Por eso, la próxima Cumbre de Londres es directamente pertinente a nuestra recuperación nacional.

Mi mensaje es claro: Estados Unidos está listo para dirigir, y exhortamos a nuestros socios a que se sumen a nosotros con un sentido de urgencia y propósito común. Se ha hecho una tarea muy buena pero queda mucho por hacer.

Nuestro liderazgo se basa en una premisa sencilla: Actuaremos enérgicamente para sacar de la crisis a la economía estadounidense y reformar nuestra estructura regulativa, y estas medidas se verán reforzadas por medidas complementarias en el extranjero. Mediante nuestro ejemplo, Estados Unidos puede promover la recuperación mundial y crear confianza en todo el mundo; y si la Cumbre de Londres ayuda a movilizar la acción colectiva, podemos forjar una recuperación segura, y podrán prevenirse crisis futuras.

Debemos comenzar con medidas inmediatas para estimular el crecimiento. Estados Unidos ha aprobado ya la Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense: el esfuerzo más drástico en una generación para impulsar la creación de empleo y sentar las bases del crecimiento.

Otros miembros del G-20 han procedido también con el estímulo fiscal, y estos esfuerzos deben ser robustos y sostenidos hasta que la demanda se restaure. A medida que avanzamos, debemos hacer el compromiso colectivo de alentar el comercio abierto y la inversión, a la vez que resistimos el proteccionismo que profundizaría esta crisis.

Segundo, debemos restaurar el crédito en el que los negocios y los consumidores dependen. En Estados Unidos, estamos tomando medidas decididas para estabilizar nuestro sistema financiero. Esto incluye una evaluación honesta de los balances generales de nuestros principales bancos, y llevará directamente a la concesión de préstamos que pueden ayudar a los estadounidenses a comprar productos, a no perder sus hogares y a aumentar sus negocios.

Este esfuerzo debe seguir ampliándose con las medidas de nuestros socios del G-20. Juntos, podemos adoptar una estructura común que insista en la transparencia, la responsabilidad y un enfoque en restaurar el flujo de crédito que es el elemento vital de una economía mundial en crecimiento. El G-20, junto con las instituciones multilaterales, puede proporcionar financiamiento comercial para aumentar las exportaciones y crear puestos de trabajo.

Tercero, tenemos la obligación económica, de seguridad y moral de extender la mano a países y personas que encaran el riesgo más grande. Si les damos las espaldas, el sufrimiento causado por esta crisis se verá aumentado y nuestra propia recuperación se demorará, puesto que los mercados para nuestros productos disminuirán aún más y se perderán más empleos en Estados Unidos.

El G-20 debe desplegar rápidamente los recursos para estabilizar los mercados emergentes, aumentar considerablemente la capacidad de emergencia del Fondo Monetario Internacional y ayudar a los bancos regionales de desarrollo a acelerar la concesión de préstamos. Mientras tanto, Estados Unidos apoyará las inversiones nuevas y significativas en seguridad alimentaria que puedan ayudar a los países pobres a hacer frente a los días difíciles que se avecinan.

Si bien estas medidas pueden ayudarnos a salir de la crisis, no podemos aceptar un regreso al statu quo. Debemos poner fin a la especulación imprudente y a los gastos más allá de nuestras posibilidades; al mal crédito, a los bancos con deuda excesiva y a la falta de supervisión que nos condena a las burbujas especulativas que inevitablemente estallan.

Sólo las medidas internacionales coordinadas pueden prevenir los comportamientos arriesgados irresponsables que causaron esta crisis. Por eso estoy comprometido a aprovechar esta oportunidad de promover la reforma completa de nuestra estructura regulativa y de supervisión.

Todas nuestras instituciones financieras – en Wall Street y en todo el mundo – necesitan estrictos controles y sentido común. Todos los mercados debieran tener normas de estabilidad y un mecanismo de divulgación de sus actividades. Una estructura fuerte de requisitos de capital debiera proteger contra crisis futuras. Debemos tomar medidas enérgicas contra los paraísos fiscales en el extranjero y el lavado de dinero

La transparencia y rendición de cuentas rigurosas deben controlar los abusos, y los días de compensación fuera de control deben terminar. En vez de medidas parciales que nos llevan precipitadamente hacia el fondo, debemos proporcionar un estímulo claro a la buena conducta que fomente una carrera hacia la cima.

Sé que Estados Unidos tiene parte de la responsabilidad por el caos que todos enfrentamos. Pero sé también que no tenemos que escoger entre un capitalismo caótico e implacable y una economía opresiva dirigida por el gobierno. Esa es una elección falsa que no servirá a nuestro pueblo ni a ningún otro.

Esta reunión del G-20 proporciona un foro para una nueva clase de cooperación económica mundial. Ahora es el momento de trabajar juntos para restaurar el crecimiento sostenido que sólo puede ser consecuencia de los mercados abiertos y estables que aprovechan la innovación, apoyan la iniciativa empresarial y fomentan la oportunidad.

Todos los países del mundo dependen unos de otros. Estados Unidos está listo para unirse a un esfuerzo mundial a favor de nuevos puestos de trabajo y crecimiento sostenible. Juntos, podemos aprender las lecciones de esta crisis y forjar una prosperidad perdurable y segura para el siglo XXI.

Washington, EE.UU. Ahora, los líderes del Grupo de 20 tienen la responsabilidad de tomar medidas enérgicas, amplias y coordinadas que no sólo impulsen la recuperación, sino que también den inicio a una nueva era de participación económica para prevenir que una crisis como está vuelva a ocurrir.

Nadie puede negar la urgencia de actuar. Una crisis de crédito y de confianza ha barrido a través de las fronteras, con consecuencias para todos los rincones del mundo. Por primera vez en una generación, la economía mundial se contrae y el comercio disminuye.

Se han perdido billones de dólares, los bancos han dejado de conceder préstamos y decenas de millones de personas perderán sus empleos en todo el mundo. La prosperidad de todos los países está en peligro, junto con la estabilidad de los gobiernos y la supervivencia de las personas en las regiones más vulnerables del mundo.

De una vez por todas, hemos aprendido que el éxito de la economía estadounidense está ligado inextricablemente a la economía mundial. No hay línea divisoria entre las medidas que restauren el crecimiento dentro de nuestras fronteras y las medidas que lo apoyen más allá de éstas.

Si la gente de otros países no puede gastar, los mercados desaparecen. Ya hemos visto la caída más grande en las exportaciones estadounidenses en casi cuatro décadas, lo que ha conducido directamente a pérdidas de empleos estadounidenses. Y si seguimos permitiendo que las instituciones financieras del mundo actúen de manera imprudente e irresponsable, seguiremos atrapados en un ciclo burbujas especulativas y estallidos. Por eso, la próxima Cumbre de Londres es directamente pertinente a nuestra recuperación nacional.

Mi mensaje es claro: Estados Unidos está listo para dirigir, y exhortamos a nuestros socios a que se sumen a nosotros con un sentido de urgencia y propósito común. Se ha hecho una tarea muy buena pero queda mucho por hacer.

Nuestro liderazgo se basa en una premisa sencilla: Actuaremos enérgicamente para sacar de la crisis a la economía estadounidense y reformar nuestra estructura regulativa, y estas medidas se verán reforzadas por medidas complementarias en el extranjero. Mediante nuestro ejemplo, Estados Unidos puede promover la recuperación mundial y crear confianza en todo el mundo; y si la Cumbre de Londres ayuda a movilizar la acción colectiva, podemos forjar una recuperación segura, y podrán prevenirse crisis futuras.

Debemos comenzar con medidas inmediatas para estimular el crecimiento. Estados Unidos ha aprobado ya la Ley de Recuperación y Reinversión Estadounidense: el esfuerzo más drástico en una generación para impulsar la creación de empleo y sentar las bases del crecimiento.

Otros miembros del G-20 han procedido también con el estímulo fiscal, y estos esfuerzos deben ser robustos y sostenidos hasta que la demanda se restaure. A medida que avanzamos, debemos hacer el compromiso colectivo de alentar el comercio abierto y la inversión, a la vez que resistimos el proteccionismo que profundizaría esta crisis.

Segundo, debemos restaurar el crédito en el que los negocios y los consumidores dependen. En Estados Unidos, estamos tomando medidas decididas para estabilizar nuestro sistema financiero. Esto incluye una evaluación honesta de los balances generales de nuestros principales bancos, y llevará directamente a la concesión de préstamos que pueden ayudar a los estadounidenses a comprar productos, a no perder sus hogares y a aumentar sus negocios.

Este esfuerzo debe seguir ampliándose con las medidas de nuestros socios del G-20. Juntos, podemos adoptar una estructura común que insista en la transparencia, la responsabilidad y un enfoque en restaurar el flujo de crédito que es el elemento vital de una economía mundial en crecimiento. El G-20, junto con las instituciones multilaterales, puede proporcionar financiamiento comercial para aumentar las exportaciones y crear puestos de trabajo.

Tercero, tenemos la obligación económica, de seguridad y moral de extender la mano a países y personas que encaran el riesgo más grande. Si les damos las espaldas, el sufrimiento causado por esta crisis se verá aumentado y nuestra propia recuperación se demorará, puesto que los mercados para nuestros productos disminuirán aún más y se perderán más empleos en Estados Unidos.

El G-20 debe desplegar rápidamente los recursos para estabilizar los mercados emergentes, aumentar considerablemente la capacidad de emergencia del Fondo Monetario Internacional y ayudar a los bancos regionales de desarrollo a acelerar la concesión de préstamos. Mientras tanto, Estados Unidos apoyará las inversiones nuevas y significativas en seguridad alimentaria que puedan ayudar a los países pobres a hacer frente a los días difíciles que se avecinan.

Si bien estas medidas pueden ayudarnos a salir de la crisis, no podemos aceptar un regreso al statu quo. Debemos poner fin a la especulación imprudente y a los gastos más allá de nuestras posibilidades; al mal crédito, a los bancos con deuda excesiva y a la falta de supervisión que nos condena a las burbujas especulativas que inevitablemente estallan.

Sólo las medidas internacionales coordinadas pueden prevenir los comportamientos arriesgados irresponsables que causaron esta crisis. Por eso estoy comprometido a aprovechar esta oportunidad de promover la reforma completa de nuestra estructura regulativa y de supervisión.

Todas nuestras instituciones financieras – en Wall Street y en todo el mundo – necesitan estrictos controles y sentido común. Todos los mercados debieran tener normas de estabilidad y un mecanismo de divulgación de sus actividades. Una estructura fuerte de requisitos de capital debiera proteger contra crisis futuras. Debemos tomar medidas enérgicas contra los paraísos fiscales en el extranjero y el lavado de dinero

La transparencia y rendición de cuentas rigurosas deben controlar los abusos, y los días de compensación fuera de control deben terminar. En vez de medidas parciales que nos llevan precipitadamente hacia el fondo, debemos proporcionar un estímulo claro a la buena conducta que fomente una carrera hacia la cima.

Sé que Estados Unidos tiene parte de la responsabilidad por el caos que todos enfrentamos. Pero sé también que no tenemos que escoger entre un capitalismo caótico e implacable y una economía opresiva dirigida por el gobierno. Esa es una elección falsa que no servirá a nuestro pueblo ni a ningún otro.

Esta reunión del G-20 proporciona un foro para una nueva clase de cooperación económica mundial. Ahora es el momento de trabajar juntos para restaurar el crecimiento sostenido que sólo puede ser consecuencia de los mercados abiertos y estables que aprovechan la innovación, apoyan la iniciativa empresarial y fomentan la oportunidad.

Todos los países del mundo dependen unos de otros. Estados Unidos está listo para unirse a un esfuerzo mundial a favor de nuevos puestos de trabajo y crecimiento sostenible. Juntos, podemos aprender las lecciones de esta crisis y forjar una prosperidad perdurable y segura para el siglo XXI.

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