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La Biblia desenmascara la fábula evolucionista.

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 Biblia : Frente de la Santa Biblia. Sobre fondo blanco.  Foto de archivo

La teoría darwiniana de la evolución: ¿auténtica ciencia o hipótesis fallida?

   

 Darwin y la teoría de la evolución (breve análisis)

 

“Ciertamente hay quienes sostienen que el universo evolucionó a través de un proceso al azar, pero, ¿qué proceso al azar podría producir el cerebro del hombre o el sistema del ojo humano?”.  Wernher von Braun, fundador del programa espacial de la NASA

 

La “gente de derecha” en Estados Unidos, como la denomina Álvaro Vargas Llosa en su artículo titulado Darwin y la derecha, publicado en El Diario Las Américas el 12 de febrero pasado, no menosprecia a Darwin porque lo crea un icono de la izquierda, que de hecho lo ha sido ( el darwinismo ha sido devastador para el mundo por el mensaje fundamental que comunica, las nefandas filosofías que ha engendrado y por los desastrosos efectos que ha tenido dondequiera que se ha arraigado), sino que rechaza sus absurdas teorías de la evolución orgánica porque carecen de auténtica evidencia científica que las sustenten; asimismo constituyen una versión depurada de la mentalidad científica del siglo dieciséis, la cual sustentaba el concepto de la refutada y desacreditada generación espontánea. Además, son irreconciliables con las enseñanzas bíblicas relacionadas con el origen del universo y de la humanidad. A las fallidas teorías de  Darwin no se les puede dar una “segunda oportunidad”, como algunos piden que se les dé, porque para esto es preciso renunciar a las creencias y principios cristianos provenientes de la Palabra de Dios, los cuales constituyen el fundamento inconmovible de nuestras vidas y de la propia sociedad libre y democrática en que aún vivimos. 

Muchos teólogos católicos y de otras denominaciones han abandonado la hermenéutica y prefieren la conveniente interpretación simbólica de la Biblia, lo que deja espacio para acomodar la hipótesis de la evolución. El propio Papa Juan Pablo II publicó una declaración en la que aseveraba que los nuevos conocimientos revelaban que la evolución era “más que sólo una hipótesis”, pero no dio a conocer cuáles eran los nuevos conocimientos a que se refería, ni por qué las milenarias verdades bíblicas relacionadas con el origen del universo y del ser humano habían perdido su validez.

Es lamentable y a su vez vergonzoso que la Iglesia de Inglaterra se haya apartado de la verdad que había creído y proclamado durante siglos al pedirle  disculpas innecesarias e inmerecidas a Carlos Darwin en una carta escrita en el 2008, por haber rechazado en el pasado sus teorías sobre el origen de las especies y del hombre. Con esto, rechazaron el verdadero Evangelio de Cristo, porque la aceptación de una teoría que niega la creación directa y literal de Dios y el pecado original de Adán, es la negación de la eficacia de la obra de Cristo en la cruz. Porque si Dios no creó al ser humano, no hay pecado original, por lo tanto, queda eliminada la necesidad de un Redentor que viene al mundo para rescatar al hombre de las consecuencias del pecado y a concederle la oportunidad del perdón, reconciliarse con Dios y recibir la vida eterna. Al negar esto, la iglesia renuncia a su auténtica razón de ser, a su misión en este mundo.

Carlos Darwin perdió la fe en Dios mucho antes de que se publicara, en 1859, su controvertida obra titulada El origen de las especies. Esto ocurrió, en primer lugar, porque Darwin no podía tolerar la enseñanza cristiana (bíblica) de la condenación eterna. En segundo lugar, se sabe que Darwin padeció enormemente por la muerte de Annie, su hija de diez años. En el caso de Darwin, el abandono de la fe cristiana bien pudo haber sido consecuencia directa de haberse negado a “perdonar” a Dios por la pérdida de su pequeña hija, y de no aceptar sus designios, dos actitudes que luego pueden haberse convertido en un puño de resentimiento y venganza levantado contra Dios mediante su labor científica y sus escritos.

Con la teorías expuestas por Carlos Darwin en El origen de las especies y El origen del hombre, se ha intentado desacreditar el relato bíblico de la creación o, como desdeñosamente lo llama Vicente Echerri en su artículo titulado Doscientos años de Darwin, publicado el pasado 12 de febrero en El Nuevo Herald, “mitos del Edén y visiones de beduinos de hace tres mil años”. No obstante, durante los 150 años transcurridos desde la publicación de la hipótesis darwiniana, no se ha podido probar la veracidad de su teoría. La geología, la paleontología y sobre todo la genética, no han corroborado la teoría de Darwin en modo alguno. Por el contrario, la han desacreditado. 

 

Falsas evidencias

¿Qué evidencias científicas existen de que el hombre desciende de algún primate? Ninguna. Por ejemplo, el Hombre de Piltdown, cuyos restos supuestamente fueron hallados en 1912 en Piltdown, Sussex, Inglaterra, por Charles Dawson, un paleontólogo aficionado, fue construido partiendo de la mandíbula de un antropoide moderno y de un cráneo humano fosilizado. Los paleontólogos del Museo Británico concluyeron que los restos del Hombre de Piltdown tenían quinientos mil años. En 1956 se descubrió el engaño. La revista  Selecciones del Reader’s Digest publicó un artículo abreviado del Popular Science Monthly, titulado “The Great Piltdown Hoax” (El gran engaño de Piltdown). Utilizaron el nuevo método para fechar huesos mediante la absorción de fluoruro y descubrieron que los huesos de Piltdown eran fraudulentos. Las nuevas investigaciones revelaron que la mandíbula pertenecía a un primate que había muerto hacía sólo 50 años. Los dientes habían sido limados. Además, tanto a dientes como a  huesos se les había aplicado bicromato de potasa para descolorarlos y ocultar su auténtica identidad. 

Y como éste hay considerables ejemplos de supuestos eslabones hallados, que resultaron ser fraudulentos, como el Hombre de Neandertal, que no eran más que los restos de un ser humano que había padecido de osteoartritis y raquitismo; y el Hombre–Mono de Java (Pithecanthropus erectus) u hombre mono-erecto, descubierto en 1891 por el evolucionista Eugene Dubois. Se trataba de una pequeña porción de la parte superior del cráneo, un fragmento del fémur y tres molares. Los restos fueron hallados en un área de más de 21 metros, en el transcurso de un año y en el antiguo lecho de un río, mezclados con huesos de animales extintos. Se reunieron 24 científicos europeos para estudiar el hallazgo: 10 de ellos indicaron que los restos provenían de un mono; 7 afirmaron que eran de un hombre; y 7 concluyeron que pertenecían a un eslabón que ya no estaba perdido. La controversia y la división imperaron. El prestigioso profesor Virchow, de Berlín, dijo: “No hay evidencia alguna de que estos huesos hayan formado parte de la misma criatura”.  Más tarde el mismo doctor Dobois cambió de parecer. Concluyó que se trataba de los restos de algún tipo de gibón. A pesar de lo antes dicho, las exhibiciones en museos y los dogmáticos libros de texto universitarios no contienen información en torno a la naturaleza equívoca del Hombre-Mono de Java. Su naturaleza cuestionable, al igual que la de la evolución del hombre, se ignora convenientemente o se oculta tras la máscara de los cacareados  “hechos científicos” de la evolución.

En  este punto es necesario señalar que hace mucho tiempo que los datos empíricos tienen muy poca importancia para la ciencia moderna (que excluye al Diseñador y Creador), sobre todo si los mismos tienden a desacreditar la teoría de la evolución. En la ciencia moderna predomina la teoría sobre los datos. Los evolucionistas interpretan los datos recopilados en términos del paradigma científico prevaleciente. En la actualidad la evolución es el paradigma que predomina y éste es en alto grado inmune a la influencia de los datos empíricos.

 

 Una teoría imposible de probar

La teoría de la evolución sigue siendo una teoría, porque es imposible probar científicamente cualquier hipótesis relativa a los orígenes. Lo único que ha podido verse a todas luces, referente al origen de las especies, es que la propia teoría de la evolución, no las especies, ha evolucionado continuamente, durante la relativa brevedad de su existencia. De manera que no existen discrepancias entre la fe y la verdadera ciencia, porque la teoría de la evolución no es verdadera ciencia comprobada ni comprobable, sino simplemente una hipótesis imposible de probar científicamente, puesto que es imposible observar el origen del universo y realizar experimentos en relación con el mismo. ¿En qué hechos está basada la evolución? En convicción religiosa tal vez, más no en hechos científicos, pues es necesario tener muchísima más fe para creer en la teoría de la evolución que en la declaración bíblica de que Dios creó el universo y todo lo que existe. Si creemos que Dios es Dios, ¿por qué pensamos que hay algo imposible para Él?

El biólogo británico L. Harrison Matthews, en el prefacio de El Origen de las especies de Darwin, edición de 1971, dice: “La evolución es la columna fundamental de la biología; por esa razón la biología está en la particular posición de ser una ciencia fundamentada en una teoría no probada- ¿es entonces ciencia o fe? En este sentido, creer en la teoría de la evolución es exactamente paralelo a creer en la creación- ambos son conceptos cuyos seguidores saben que son verdad, pero ninguno, hasta el momento, ha podido ser probado”.

La teoría de la evolución, después de 38 años de haberse escrito lo anterior, sigue sin ser probada. Por lo tanto, sólo puede ser clasificada como creencia, como filosofía subjetiva de orígenes, y de hecho como la auténtica religión de muchos científicos. Los científicos pueden teorizar tocante al pasado y el futuro, sin embargo sólo el presente puede ser observado. De manera que es falso el concepto generalizado de que la evolución ha sido comprobada científicamente. Durante décadas se ha enseñado en todo el mundo la teoría de la generación espontánea (que la vida proviene de la materia no viviente), a pesar de que esta hipótesis hace tiempo fue desacreditada científicamente por Pasteur, Redi y Spallanzani, quienes demostraron que la vida proviene únicamente de vida pre-existente.

Nos preguntamos, ¿por qué es generalmente aceptada como hecho comprobado una teoría de orígenes desprovista de evidencias científicas reales? La respuesta es obvia: porque la creación especial efectuada por un Dios todopoderoso y eterno es enteramente inaceptable para los científicos ateos y agnósticos. Vale la pena citar lo escrito por George Wald, ganador en 1967 del Premio Nobel de la Paz en el terreno de la ciencia:

“En cuanto al origen de las vida en esta tierra, sólo hay dos posibilidades: creación o generación espontánea (evolución). No hay una tercera forma. La generación espontánea fue refutada hace 100 años, pero eso nos lleva únicamente a otra conclusión: la creación sobrenatural. Esta no podemos aceptarla por razones filosóficas (motivos personales); por tanto, escogemos creer lo imposible: que la vida surgió espontáneamente por casualidad”.

 

Científicos que rechazan la teoría de la evolución

A pesar de esto, no todos los científicos son evolucionistas ateos. Sabemos que numerosos pioneros de la ciencia fueron cristianos devotos que creían en el relato bíblico de la creación, como Luis Pasteur, Isaac Newton, Robert Boyle, Michael Faraday, Lord Kelvin, James Maxwell y Samuel Morse, para citar sólo algunos de lo más conocidos. Y cada día se suman más nombres a la larga lista de científicos que rechazan la evolución y creen en la creación especial.

Ahora surge una pregunta: ¿Por qué es tan importante lo que una persona cree tocante al origen del universo y a su propio origen? Porque lo que una persona cree siempre determina su estilo de vida y, sobre todo, su destino eterno.  Si la evolución es cierta, la vida carece de propósito, de manera que vivamos la vida como mejor nos parezca, porque mañana moriremos y ahí concluirá nuestra existencia. No obstante, si Dios nos creó, la vida no sólo tiene significado sino un propósito eterno. Entonces, lejos de ser un accidente evolutivo, el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, se convierte en la corona de la creación (Génesis 1:26-27).

Aquellos que rechazan y ridiculizan el relato bíblico de la creación y tienen por ignorantes, supersticiosos, anticuados o  “derechistas intransigentes” a los creyentes en Cristo que nos negamos a aceptar una hipótesis de orígenes popular pero fallida, y aceptan por conveniencia moral o arrogancia intelectual la teoría de la evolución como verdad comprobada e irrebatible, es preciso que sepan que el propio peso acumulativo de los hechos científicos y bíblicos ha desacreditado el fraude insostenible y pernicioso de la teoría de la evolución.

Guido F. Castellanos

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Comentarios La Biblia desenmascara la fábula evolucionista.

DIOS ES AUTOR DE LA CREACIÓN, LA CREACIÓN EVOLUCIONA: DIOS ES EL CREADOR DE LA EVOLUCIÓN...
ALBERTO ESCALONA ENC ALBERTO ESCALONA ENC 06/06/2010 a las 17:07
Esiste un paralelo de Jeus sobre la crisificcion.Cuando Jeus murio en la cruz a este no se le embolbio en una sabana blanca este paralelo biblico y otro apocrifo fue en una sabana negra cuando murio Su abuelo que por cierto este tambien era carpintero o sacerdote llamado Arimatea elcual cuando se bajo a Jesus de Arimatea de la cruz el cual tubo que ser de Arimatea porque en la biblia solo se pronuncia ese apellido y en aquellos entoces era el mas importante lo llebo al sepulcro el cual a partir de hay se desconoce pero este fue crucificado en el monte santo de Jerusalen.Jeus tenia un quinto hermano aunque eran cuatro Antonio segun la biblia pudo a ber sido el quinto hermano.Aun se desconoce.Pero cuando su herno Judas vendio a Jesus por monedas estan eran los pajarillos y tambien los pobres,los judios y demas aunque dios no queria dinero estos si comercializaban con estas monedas.
Maria del mar Maria del mar 19/07/2011 a las 13:31

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