Avisar de contenido inadecuado

Un caso que conmueve a Gran Bretaña.

{
}

 

Un caso que conmueve a Gran Bretaña

 

 

Después de 54 años de casados, hicieron un pacto de amor para morir juntos

 

Tomaron la decisión porque la mujer tenía un cáncer terminal. Viajaron a una clínica suiza cuestionada por promover el turismo de la muerte.

 

Ella había dejado de ser aquella muñeca de cajita musical que en la década del 50 bailaba con los pies en puntas. Había llegado la vejez y con la vejez, un cáncer que no le había dado permiso ni a la esperanza más engañosa. Mientras digería el diagnóstico de paciente terminal de su mujer, Edward Downes, un famoso director de orquesta británico, se fue quedando sordo y ciego. Así, en su pequeña y enorme lucidez, tomaron la más polémica de las decisiones. Se despidieron de sus dos hijos y viajaron a una clínica suiza cuestionada por promover "el turismo de la muerte". Después de 54 años de vidas compartidas, habían elegido el final para su historia de amor: un pacto de muerte. Pagaron miles de dólares para que los ayudaran a suicidarse. 


Edward tenía 85 años y un pasado brillante como director de orquesta en Gran Bretaña. Trabajó durante cuatro décadas en la Filarmónica de la BBC y también colaboró con la prestigiosa Royal Opera House. Por su habilidad natural, había empezado a tocar el violín a los cinco años. Pero con el correr del tiempo sus sentidos empezaron a ceder y en sus últimos años sufría con problemas de audición y ya casi no veía. Con su marido impedido de valerse por sí solo, Joan, su mujer, se convirtió de a poco en su asistente personal. 


Antes de la llegada de ese cáncer necio que le iba ganando el partido, Joan -nueve años menor que Edward-, había sido bailarina clásica, coreógrafa y productora de televisión. Pero todo eso se hizo humo. Ella tenía los días contados y él también, aunque por su propia voluntad. 


Como la ley inglesa pena hasta con 14 años de prisión a quien asista un suicidio, Edward y Joan decidieron viajar a Suiza. Allí, la eutanasia no es legal pero el suicidio asistido sí lo es. La diferencia radica en que en el suicidio asistido es el propio paciente quien, con ayuda de profesionales, decide quitarse la vida con una combinación de fármacos. 


Edward y Joan fueron a la Dignitas, un centro de suicido asistido. Allí pagaron alrededor de 4.000 libras cada uno (un monto cercano a los 45.000 pesos entre los dos). Una enfermera les inyectó una dosis letal de barbitúricos, un sedante que en altas dosis provoca la depresión del sistema respiratorio.


"Murieron en paz, del modo que ellos eligieron. Después de 54 años juntos decidieron terminar con sus propias vidas en vez de seguir lidiando con sus problemas de salud", dijeron por escrito Caractacus y Boudicca, sus hijos. ¿Cuánto amor tiene que haber para asimilar la decisión de un suicidio compartido como un acto de amor?


El manager de la orquesta de Edward dijo que él era un hombre extremadamente racional, que con su mujer habían vivido una vida fantástica y que esta decisión completaba su vida juntos. Murieron el viernes. Sus hijos prefirieron no velarlos. Ya se habían despedido.

 

Tomado de Clarín, 15 de julio de 2009

{
}
{
}

Deja tu comentario Un caso que conmueve a Gran Bretaña.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre