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¿Es científica la teoría de la evolución?

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Profesor E. H. Andrews

¿ES CIENTÍFICA
LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN?

 


 

Sumario

La teoría de la evolución está aceptada de manera prácticamente universal en el mundo occidental actual como una explicación del origen de la vida. Pretendiendo el apoyo de una variedad de ciencias, los que apremian las pretensiones de la evolución, declaran que esta cuestión está «tan científicamente demostrada como lo puedan estar los acontecimientos nunca observados por el hombre.»

Esto no obstante, hay científicos de las diversas disciplinas que mantienen que muchos aspectos de la teoría de la evolución violan los cánones de la ciencia rigurosa. Reconocen que los mecanismos mediante los cuales se dice que tuvo lugar la evolución de la vida y de las especies biológicas son, en el mejor de los casos, hipótesis no demostradas, y en el peor, contradicciones de los hechos experimentales. El Profesor Andrews es uno de estos científicos. En este libro él examina la naturaleza de la genuina teoría científica y aplica a la teoría de la evolución los criterios así establecidos para ver si, en realidad, es «científica» en el mejor sentido de la palabra.


Índice

¿Cuál es el problema?

El evolucionismo no es una ciencia reconocida

El evolucionismo es una filosofía

La evolución proporciona comodidad

La alternativa bíblica

1. La popularización de la ciencia

2. La naturaleza de la teoría científica

Una definición

La interpretación de los hechos

¿Hipótesis o teoría?

La teoría no es la realidad

3. Los usos de la teoría científica

La comprensión del universo

Aplicación práctica de la teoría

4. Los abusos de la teoría científica

La confusión de la teoría con el hecho

El peligro de la extrapolación

El abuso de la exageración

Involucración emocional

5. La teoría de la evolución

La evolución, dada por supuesta

Los evolucionistas, culpables de extrapolación

La hipótesis de la evolución

Ignorando los hechos

6. Conclusión

 


Una vista aérea del acelerador de 500 BeV en Batavia, Illinois. Esta máquina tiene cuatro millas (6,43 km) de circunferencia, y un diámetro de una milla y cuarto (2 km), y acelera protones hasta 500 BeV, después que hayan estado ayudados con un acelerador lineal y el anillo potenciador que se ve en primer plano. Es tal la importancia que la ciencia da a la verificación experimental de los conceptos teóricos que se gastan inmensas sumas de dinero para la construcción y funcionamiento de máquinas como ésta, con el propósito de poner a prueba teorías sobre la estructura de la materia.

 


 


¿CUÁL ES EL PROBLEMA?

La Teoría de la Evolución está prácticamente aceptada hoy día en el mundo occidental como explicación del origen del hombre. Casi todo el mundo que piensa sobre estas ideas da por sentado que la vida comenzó con una combinación casual de moléculas, progresando por niveles de complejidad crecientes, hasta que llegó a surgir el homo sapiens. Pretendiendo el apoyo de una variedad de ciencias, incluyendo la química, la geología, la botánica, la zoología y la genética, aquellos que sostienen las pretensiones del evolucionismo dicen que la cuestión está «científicamente demostrada hasta allá donde los acontecimientos no observados por el hombre hayan podido nunca estarlo.»

Pero aquí y allá, y al margen de los cristianos que rechazan el evolucionismo sobre bases bíblicas y teológicas, se encuentran científicos de diversas disciplinas que reconocen que muchos aspectos de la teoría vulneran los cánones de la ciencia rigurosa. Ellos ven que muchos de los llamados hechos de la evolución surgen de una evidencia seleccionada con sumo cuidado, y que depende de interpretaciones preconcebidas de las observaciones. Observan que los mecanismos por medio de los cuales se dice que tuvo lugar la evolución de la vida, y de los que surgieron las especies biológicas, son, como mucho, hipótesis no demostradas, y que, en el peor de los casos, son contradicciones de los hechos experimentales.

Pero tan atractivo es el evolucionismo como explicación de la vida y de la existencia humana (ya que deja de lado los conceptos de creación y de un Creador), que las objeciones científicas a la teoría evolucionista son simplemente marginadas como no merecedoras de ninguna atención, o hasta incluso suprimidas como una ofensa a la mente racional y educada. Pero, cosa irónica, el espíritu con que eso tiene lugar no es precisamente el ánimo cuidadoso de la investigación científica, sino la arrogancia irreflexiva que afirma: «El evolucionismo manda, ¡y se acabó!»

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Hay diversas razones.

 

 

Los estudiantes universitarios son instruidos en el cauto espíritu de la investigación científica. La aceptación acrítica del evolucionismo es contraria a este espíritu.

Primero, hay muchos prejuicios, incluso entre los científicos, de los que generalmente se piensa que contemplan sus investigaciones con una frialdad impersonal. La creencia en las ideas y teorías, en las cuales se deposita tanto esfuerzo, es un atributo esencialmente humano, y a aquellos seres humanos que tienen la ciencia como profesión les es muy difícil aceptar que una teoría que ellos defiendan pueda estar equivocada, incluso cuando toda la evidencia apunta en tal dirección. Esto es especialmente cierto cuando la teoría de que tratamos ha llevado a un renacimiento de su campo de estudio, como lo ha hecho la Teoría de la Evolución para la biología, transformándola de una visión pedrestre del mundo de lo viviente a una apasionada investigación de relaciones y procesos evolutivos. El hecho de que décadas de investigación no han dado más que unas respuestas muy superficiales y capciosas a esta empresa, constituye una realidad que la comunidad científica como un todo no está aún dispuesta a reconocer.













La doble hélice. La estructura de la molécula del ADN transporta el código genético que determina las características del organismo al cual pertenece. La ciencia de la genética no le debe nada a la teoría de la evolución.

 


Es interesante, no obstante, que cuando se consideran por separado las disciplinas científicas a las que apela el evolucionismo como su soporte, encontramos, sin ninguna excepción, que aportan bien poco a las ideas y dogmas de la evolución. Y aún dependen menos de la teoría para su integridad científica. Es bien cierto que la evolución puede ser citada machaconamente en ciertos libros de texto, pero su eliminación no menoscabaría significativamente el tema tratado. Por ejemplo, cuando se habla del papel de la genética en la evolución, se podría imaginar que dicha ciencia está de alguna manera basada en conceptos evolucionistas. Pero hay al menos un texto destacado de genética que no contiene ni una sola referencia a la evolución, y creo que este ejemplo podría tener sus paralelos en otros campos.

 

EL EVOLUCIONISMO NO ES UNA CIENCIA RECONOCIDA

El hecho (y aquí damos una segunda respuesta a la cuestión que se ha propuesto más arriba) es que la «evolución» como tal no es una ciencia reconocida. Un estudiante no puede graduarse en este tema, ni tan sólo, generalmente, estudiar una asignatura en este campo. Más bien, lo que hay es una variedad de disciplinas científicas como la geología, la paleontología, la zoología, la botánica, la biología molecular, así como la física y la química, que también se utilizan ocasionalmente en las investigaciones relacionadas con la evolución. Pero también es verdad que la mayoría de científicos que trabajan en estas áreas nunca emplean la teoría de la evolución en sus trabajos, ni tratan directamente con sus implicaciones. Lo cierto es que puede ser que no tengan más información sobre la evolución que el profano inteligente, pero como el resto de nosotros aceptan acríticamente lo que se les dice. El resultado de esto es que los pronunciamientos públicos, los medios de comunicación de masas (radio, televisión, etc.), y los escritos sobre evolución, provienen de un pequeño número de científicos, escritores y comentaristas que ven la evolución como una filosofía a propagar, más que como una ciencia a investigar. Las ideas sobre evolución aparecen con muchísima más frecuencia en la prensa popular (tanto de estilo científico como la tradicional), la cual no está sometida a las limitaciones normales de verificación científica y revisión antes de publicación, que en las revistas serias de investigación biológica y ciencias relacionadas. Ciertamente, las especulaciones que con frecuencia pasan como «hechos demostrados» en la literatura evolucionista, no pasarían las normas de calidad de la mayor parte de las revistas científicas prestigiosas.

 

 

Modernos edificios universitarios. A pesar de la proliferación de cursos de grado universitario durante los pasados veinte años, la evolución no está suficientemente reconocida como ciencia como para precisarse de un curso de graduado en este tema.

 

 


EL EVOLUCIONISMO ES UNA FILOSOFÍA

Entonces, hemos de reconocer la verdadera naturaleza de la teoría evolucionista: se trata de una filosofía (ciertamente para algunos constituye una verdadera religión), y no, en absoluto, de una disciplina científica; solamente entonces podremos apreciar tanto su impacto sobre nuestras mentes y actitudes como su carácter manifiestamente acientífico.

En el pensamiento de la mayoría de la gente, la evolución ha conseguido su objetivo inicial de hacer innecesaria la creencia en Dios. Si el hombre, junto con toda la naturaleza animada, es el producto de este proceso «ciego» de evolución, entonces o bien Dios no existe, o como mucho es el producto artificial de nuestra propia conciencia social. ¡Es irónico que el actual renacimiento del interés en la metafísica y en los reinos inaccesibles a nuestra percepción sensorial llegue en un tiempo en que la creencia en poderes inmateriales ha devenido «innecesaria» debido a una explicación totalmente materialista de los orígenes humanos!

Lo que olvidan muy cómodamente aquellos que basan su ateísmo en la teoría evolucionista es que la evolución, incluso si fuese verdad, da solamente la mitad de la respuesta, porque la evolución apela a la operación de leyes físicas, químicas y matemáticas para explicar sus procesos, pero queda siempre en silencio por lo que hace a cómo surgieron estas leyes, o por qué son como son y no de otra manera. Ciertamente, los hay que, conscientes de esta cuestión crucial, han sugerido que la evolución no es, después de todo, un proceso casual o accidental, como se cree popularmente, sino que la misma naturaleza de la materia trae en su seno el potencial y la inevitabilidad de la evolución, Aquí, pues, nos encontramos con un nuevo misticismo que sigue sin dar respuesta a la pregunta de «¿por qué la materia es así?», pero que ciertamente atrae al científico preciso mucho más que la tradicional «filosofía del azar» del evolucionista. Esto simplemente ilustra que algunas de las cuestiones más fundamentales planteadas por el evolucionismo permanecen aún sin respuesta, por mucho que esta afirmación venga como una sorpresa para nuestras mentes tan bien condicionadas, a las que tantas veces se les ha comunicado lo contrario.

«Las ideas de la evolución no están sometidas a las limitaciones normales de la verificación científica.»

 

 


LA EVOLUCIÓN PROPORCIONA COMODIDAD

Aparte de todo lo anterior, nadie puede dudar que la respuesta verdadera a por qué la teoría de la evolución ha ganado una aceptación tan universal ha de estar dentro de nosotros mismos. La experiencia nos enseña que aceptamos, sin cuestionarlo, cualquier cosa que encontremos cómoda, y resistimos ideas que nos provocan inquietud. Si recibimos una carta del Ministerio de Hacienda en la que nos incluyen un retorno inesperado del Impuesto sobre la Renta, nos alegramos y no hacemos preguntas. ¡Pero una demanda inesperada de dinero extra para cubrir un error nos envía indignados a nuestros archivos y registros para demostrar que no debemos ni un céntimo de más! La idea de la evolución es aceptada sin ningún tipo de cuestiones por parte de la mayoría, porque nos quita la necesidad de creer en Dios. Los hay, claro está, que aceptan tanto la evolución como la existencia de un Dios, pero la clase de Dios que queda ya no es más el Todopoderoso que llama al universo a la existencia, y ciertamente tampoco el Dios de la Creación y de la Providencia que se revela en las Escrituras cristianas. Más bien resulta un ser vago, desterrado de toda implicación en el mundo material en que vivimos, flotando sobre el límite de la conciencia humana; una sombra de un Dios.

Naturalmente, si las cosas son así, una plena refutación de las pretensiones del evolucionismo sólo puede hacerse sobre un plano filosófico. No hay bastante con rechazar la visión evolucionista del mundo, sino que hay que sustituirla por un concepto totalmente más coherente y satisfactorio de la naturaleza, que dé respuestas a las búsquedas espirituales del hombre, además de a las científicas. La necesidad de una filosofía así es ciertamente reconocida por aquellos que reconocen, como lo reconocen los Humanistas Científicos, que ninguna interpretación puramente materialista de la existencia humana es tolerable para una criatura que razona, como el hombre. Por eso ellos se proponen levantar una nueva «religión sin revelación», por citar a Julián Huxley, en la cual la evolución viene a ser una fuerza mística, y la razón la nueva deidad. Aunque dan una respuesta errónea, estas personas reconocen al menos el dilema esencial que queda en pie si aceptamos una evolución mecanicista como la fuente de la existencia humana.

«Si se acepta la evolución, la clase de Dios que queda no es el Omnipotente que llama a los mundos a la existencia.»

 

 


LA ALTERNATIVA BÍBLICA

Es creencia de este escritor que la interpretación coherente y satisfactoria a la que se hizo referencia anteriormente se ha de encontrar en las Escrituras cristianas, que dan un registro de la creación, de la naturaleza y de la conciencia (tanto en el plano material como espiritual) tan magnífico como completo.

Durante siglos, los mejores intelectos humanos han encontrado esta visión del mundo retadora y estimulante, unificando como lo hace las dimensiones material, moral y espiritual en un solo y magno designio lleno de propósito. Uno de los fundadores de la ciencia moderna, Isaac Newton, declaró que el motivo principal de sus investigaciones era el descubrimiento de aquellos hechos «que más llevasen a los hombres reflexivos a la creencia en la Deidad». Y el motivo indudable de la mayoría de los primeros filósofos naturales fue revelar la mano de Dios en el universo natural.

Pero no es el propósito de este artículo exponer la «filosofía cristiana del ser». Desgraciadamente, los estragos provocados por el pensamiento evolucionista son tan profundos en nuestra sociedad actual que muchos aún no están preparados para considerar la alternativa bíblica. Parece necesario, al menos para algunos, empezar a remover algo del halo de infalibilidad que rodea la teoría de la evolución. Quizá ésta sea una actividad «destructiva», pero podemos aprender mucho, lo cual, como resultado, será beneficioso para nosotros.

Así, nuestro propósito es examinar de manera crítica la naturaleza de la genuina teoría científica, y aplicar los principios así establecidos a la teoría de la evolución, para ver si, de hecho, pasa la prueba como «científica» en el mejor sentido de la palabra. Se espera que de esta manera los lectores se sientan estimulados a aplicar sus propias facultades críticas a las pretensiones del evolucionismo, y de esta manera queden conscientes de algunas de sus graves deficiencias. Esto puede, a su vez, preparar nuestras mentes para considerar las alternativas a la evolución.

Metalografía, el examen de la estructura microscópica de los sólidos. La verdadera ciencia ha de poner también las teorías bajo el «microscopio» del examen racional y sistemático.

 




1

LA POPULARIZACIÓN DE LA CIENCIA

Vivimos en la época de la popularización de la ciencia. La ciencia ya no es una «torre de marfil», practicada y enseñada solamente en las recónditas profundidades de las universidades. Hoy la ciencia tiene una gran importancia en muchos aspectos de nuestras vidas diarias. No hay nada de malo ni impropio en la popularización de la ciencia. Ciertamente, es muy importante que el profano comprenda los conceptos básicos y los métodos y filosofía de la ciencia, precisamente porque la ciencia afecta más y más su vida diaria. La amenaza de la guerra nuclear se cierne como un negro nubarrón sobre nuestras cabezas, y los ordenadores y avances de la medicina afectan a nuestras vidas personales y privadas. Tanto si se trata de las ideologías de la ciencia que impregnan la sociedad y que influencian nuestra manera de pensar, como del hecho de que muchas veces nuestro trabajo depende del éxito y la viabilidad de la tecnología avanzada; se mire como se mire, la ciencia y sus aplicaciones afectan en gran manera al hombre de la calle. Por esto es bien correcto que la ciencia sea popularizada en el sentido de que las ideas científicas, las teorías y el conocimiento sean enseñados de una manera simplificada, de modo que la gente de la calle pueda asimilarlos y comprenderlos.

«Muchas veces nuestro trabajo depende del éxito y de la viabilidad de la tecnología avanzada.»

No obstante, en cualquier popularización de la ciencia hay un peligro. De hecho hay muchos, por lo que es un área que debe ser aproximada con mucho cuidado. Los peligros de la popularización de la ciencia quedan bien patentes en frases como «La ciencia ha demostrado ...» o «Los científicos creen ...» o «Los científicos han demostrado ...». Siempre que leo u oigo estas frases, de inmediato me pongo a la defensiva, pues estoy razonablemente seguro de que son una introducción a alguna declaración que yo, como científico, encontraré inaceptable o distorsionada. Expresiones como ésta constituyen con frecuencia una especie de proceso mental, con el designio de mejorar la aceptación de alguna idea que no es verdaderamente sana. Se emplean como una especie de seguro contra cualquier crítica de aquello que se quiere afirmar. ¡Si se puede introducir una declaración con «La ciencia ha demostrado ...» o «Los científicos creen ...», entonces parece que se puede decir prácticamente cualquier cosa, y salirse uno con la suya!

El problema con la popularización de la ciencia es que las cosas se simplifican hasta un nivel tal que se vuelven falsas. Pero estas sobre-simplificaciones son frecuentemente presentadas al hombre de la calle como hechos establecidos, sin ningún tipo de restricción. Un científico puede proponer una teoría, que entonces, en la «letra pequeña», y en términos técnicos, añade: «Esta teoría depende de esta presuposición, y habrá que esperar estos resultados adicionales antes de que podamos estar seguros ...», y así. Pero estas restricciones se marginan en las popularizaciones. Se transmite la idea principal, pero todas las cláusulas provisionales que el científico cuidadoso pueda haber erigido, como una protección, alrededor de su idea, son puestas de lado y olvidadas, difundiéndose ideas falsas como válidas.

También pueden surgir resultados más sutiles y trágicos a causa de la popularización de la ciencia. A veces resulta posible que algunas personas sin escrúpulos manipulen las mentes de otros jugando en base a unos pretendidos principios de la ciencia, desequilibrados y unilaterales, para justificar abusos raciales, culturales o políticos. Por eso es muy conveniente que incluso sin ser científicos practicantes, consideremos la cuestión de la teoría científica. Habríamos de llegar, al menos, a la situación en la que podamos examinar una declaración hecha en nombre de la ciencia, pudiéndola estudiar con una cierta capacidad crítica. Hemos de ser críticos en el sentido constructivo, naturalmente, pero no aceptar necesariamente todo lo que se nos dice en nombre de la ciencia.

El régimen Nazi aprovechó ideas evolucionistas para «justificar» su asesinato en masa de los judíos.

 

Con relación a la discusión que viene a continuación sobre la teoría científica, quiero examinar en primer lugar su naturaleza o carácter, en segundo lugar sus usos, y en tercer lugar sus abusos. Finalmente, debido a la gran importancia y al interés temático de las cuestiones relacionadas con los orígenes, quiero aplicar algunas de las ideas que estamos desarrollando a la Teoría de la Evolución.

El microscopio electrónico de transmisión, utilizado en una amplia variedad de campos de investigación, es una de las herramientas de trabajo de la investigación experimental.

 




2

LA NATURALEZA DE LA TEORÍA CIENTÍFICA

El término «teoría», en un contexto científico, se utiliza frecuentemente de una manera más bien vaga y mal definida. Un uso común del término es para describir todo aquello dentro del cuerpo o actividad de la ciencia que no sea experimental. Hablamos del aspecto experimental de la ciencia, y del teórico. Ahora bien, para nuestro propósito presente, ésta no es una definición muy buena. Tiene una cierta validez, pero para empezar es una definición negativa (la teoría es aquello que no es experimento), y una definición negativa no nos será de gran ayuda. En segundo lugar, es demasiado amplia. Se efectúa mucho trabajo no experimental (por ejemplo, la manipulación matemática de las cantidades) simplemente para convertir datos experimentales en una forma más fácil de utilizar. No importa que estos procesos de datos los efectúe un ordenador o un matemático. Todo lo que se hace es tomar los datos experimentales, los hechos de la observación, poniéndolos en otra forma que facilite la aplicación de la verdadera teoría científica. Así, se lleva a cabo mucho trabajo no experimental en laboratorios o instituciones científicas, pero que yo no denominaría teórico en el verdadero sentido del término. Por ello, decir que la teoría es lo que no es experimento resulta demasiado amplio para nuestro propósito.

Ordenador usado para proceso de datos.

Naturalmente, también hay muchos que piensan que la teoría científica es lo que es matemático. Para mí esto es una definición demasiado estrecha. De hecho es casi una falsa definición, porque las matemáticas se diferencian de la ciencia experimental en una cuestión importante. En la ciencia experimental comenzamos con los hechos de la observación, los datos que llegan como resultados de observaciones. Esta observación puede ser normal, o puede ser algún experimento llevado a término en un laboratorio con gran cuidado, pero es, de todas maneras, observación. En cambio, las matemáticas no contienen ningún elemento observacional. En las matemáticas comenzamos con un conjunto de axiomas o suposiciones. Suponemos que unas ciertas reglas gobernarán nuestra álgebra; por ejemplo, X . Y será igual que Y . X. No tenemos por qué hacer esta suposición «conmutativa». En el álgebra común escogemos hacerla, pero podemos inventar otra álgebra en que no se aplique. Hacemos ciertas suposiciones, adoptamos ciertos axiomas y después desarrollamos las implicaciones de estos axiomas. Los resultados que obtenemos están implícitos en las suposiciones de las que partimos. No introducimos ningún nuevo factor, sino tan sólo hacemos explícito lo que antes estaba implícito. Esto no quiere decir que las matemáticas puras no sean útiles o interesantes. Bien al contrario, son un tema fascinante. Pero no son teoría científica. Son extremadamente útiles para la ciencia, especialmente en el campo de la teoría científica. Pero la teoría científica no ha de ser identificada con lo que es matemático.

Células de hígado de rata (ampliadas 36.000 veces) observadas como secciones finas bajo el microscopio electrónico. La fantástica complejidad de una sola célula viva, midiendo unas pocas centésimas de centímetro de sección, forma parte del mundo de los hechos observados científicamente. La explicación del origen de una complejidad así ha desafiado toda nuestra comprensión teórica, a pesar de lo que los evolucionistas implican en sentido contrario.

 

 


UNA DEFINICIÓN

Así, habiendo rechazado una definición demasiado amplia, y otra demasiado estrecha, ¿qué hemos de entender por la palabra «teoría» cuando se aplica a cuestiones científicas? La palabra proviene directamente de un término griego, «theoreo», que quiere decir «contemplo»; proviene del verbo «contemplar» o «percibir», y por ello una teoría es algo conceptual. Es algo que percibo, algo que comprendo, algo que contemplo en un sentido conceptual. Así, una teoría puede ser definida como un concepto que unifica e interrelaciona los hechos observados. Una teoría es un entendimiento, una comprensión que impone un orden o significado sobre los hechos observados. El científico, al ir recogiendo ciertas informaciones o datos, al hacer experimentos y efectuar mediciones, reúne los datos que tiene delante. Entonces, al ver estos datos, percibe que no son resultados independientes o accidentales, sino que cuadran juntos en unas ciertas relaciones. Los hechos de la observación son como las piezas de un rompecabezas, y la teoría es la imagen que sale cuando se colocan todas las piezas en su lugar. De manera más exacta, la imagen es lo que hace posible poner bien las piezas.

Tengo un hijo joven que, cuando tenía dos años, solía poner las piezas del rompecabezas al revés, y las juntaba contemplando las formas. Bien, ésta es una manera de hacerlo, ¡pero resulta muy complicada cuando hay un gran número de piezas! Normalmente, utilizamos las imagen y los colores para ayudarnos a montar el rompecabezas. Eso es lo que una teoría hace para el científico: interrelacionar, integrar en un todo coherente, en una historia o imagen coherente, los hechos de la observación.

 

LA INTERPRETACIÓN DE LOS HECHOS

De esta definición de teoría salen diferentes cosas, y aquí quiero exponer tres de ellas:

Primero, que una teoría ha de ser siempre diferenciada de los hechos de la observación. Si una teoría es aquello que coordina o impone unidad a los hechos, la teoría ha de ser una cosa diferente a los hechos. Aquí tenemos los hechos de la observación. Son reunidos y nosotros introducimos una teoría, un concepto mental que nos ayuda a relacionar y correlacionar los hechos tal como los vemos. Así, una teoría tiene que ver con la interpretación de los hechos, y no ha de ser identificada con los mismos hechos.

No es infrecuente en ciencia que el mismo conjunto de hechos sea interpretable mediante un número de teorías rivales. Los hechos no son diferentes; generalmente no son discutidos. Pero ¿cómo los hemos de interpretar? Puede ser que el científico «A» venga y diga: «Bien, ésta es mi teoría, ésta es mi manera de interpretar los hechos», y entonces viene el científico «B» y dice: «No, no lo veo bien de esta manera; más bien a mí me parece que es de esta otra». Así nos encontramos con teorías que compiten, basadas en los mismos hechos.

La relación o correlación entre el hábito de fumar cigarrillos y el cáncer de pulmón es una buena ilustración de interés actual. Ahora bien, ¿cuáles son los hechos? Bueno, el hecho es que las personas que fuman mucho, especialmente si tienen una historia de haber fumado mucho, tienen una probabilidad mucho más alta de sufrir cáncer de pulmón. Este es el hecho, y nadie lo discute. Pero, ¿qué hay de la interpretación? La interpretación aceptada es que fumar cigarrillos es la causa del cáncer de pulmón.

 

Gráficas mostrando el aumento del número de fumadores y de cánceres de pulmón en hombres y mujeres a lo largo de un período de diversos años. ¿Cómo podemos interpretar estos hechos de la observación? La interpretación evidente no es necesariamente la correcta.

 

Ahora bien, aquí conviene dejar en claro que éste no es el hecho. El hecho observacional es que las personas que fuman mucho son más propensas a sufrir cáncer de pulmón que las que no fuman. Damos un paso teórico cuando decimos: «Fumar cigarrillos causa cáncer de pulmón.» Hay una teoría rival, defendida tenazmente por los fabricantes de tabaco, que dice: «¡Ni hablar! Aceptamos los hechos, pero la teoría está equivocada. La teoría o interpretación correcta es que aquellas personas que fuman mucho lo hacen debido a alguna necesidad fisiológica o psicológica que también los hace propensos al cáncer de pulmón. No hay relación causal entre el fumar y el cáncer. Hay algún otro factor, el factor "X", que hace que se fume mucho y que se sea propenso al cáncer de pulmón.» Puede ser que nosotros nos sonriamos, y que rechacemos la idea, como la rechazan la mayoría de autoridades médicas, pero hay algunas personas muy inteligentes que se apuntan a ella, y ningún científico cuidadoso excluiría la posibilidad de que fuese cierta. Como se puede ver, aquí tenemos dos teorías bien diferentes basadas sobre los mismos hechos, y ambas pretenden explicarlos.

En consecuencia, la teoría ha de ser diferenciada de los hechos de la observación. Los hechos pueden permanecer invariables durante siglos. Se podrán ampliar, o añadirles nueva información, pero (siempre que hayan sido observados cuidadosamente la primera vez) no cambiarán. Sin embargo, su interpretación, como lo atestigua la historia de la ciencia, cambia con bastante frecuencia.

 

¿HIPÓTESIS O TEORÍA?

En segundo término, la teoría puede existir a todos los niveles de validez o precisión. No existe algo que se pueda considerar como una teoría científica «típica», porque esta palabra «teoría», de la cual he dicho que se refiere a la interpretación de los hechos, puede existir en todos los grados de certeza y seguridad, y a todos los niveles de desarrollo y sofisticación. Podemos comenzar por un extremo con una hipótesis. ¿Qué es una hipótesis? Una hipótesis es una idea que se expone para explicar ciertas observaciones. Hablando estrictamente, cuando reunimos diversas observaciones, la primera etapa en nuestra tarea teórica es proponer una hipótesis. Hay un sentido en que todas las teorías son hipótesis hasta que hayan estado puestas a prueba posteriormente mediante algún experimento diseñado a tal efecto. Ya hablaremos de ello más adelante, pero una hipótesis es un fundamento para el desarrollo de ideas. Proviene de un término griego que significa «poner debajo». Una hipótesis es un fundamento. Por tanto, no se trata de algo flojo o insustancial, sino más bien al contrario. Es una sustancia, un fundamento, un punto de arranque. No es una teoría completa, como tampoco un fundamento para un edificio es el edificio terminado; pero al igual que un edificio, cualquier teoría requiere una hipótesis que la fundamente. Así que en el mismo punto de partida una teoría acabada de nacer es una hipótesis, algo propuesto pero poco desarrollado, un concepto básico que nos permite desarrollar ideas, edificando sobre él una teoría digna de respeto.

La hipótesis se encuentra en un extremo de la gama teórica. En el otro extremo se encuentra la teoría totalmente desarrollada que pasa a los libros como «ley natural». Hablamos de las leyes de la gravedad y de la óptica. Estas son teorías que no solamente han sido propuestas para explicar los hechos, sino que han sido desarrolladas y establecidas por medio de experimentos posteriores y diversas pruebas. Han resistido la prueba del tiempo y de las investigaciones adicionales, y pasan al reino de la ley científica. Por tanto, hay una amplísima gama de posibilidades. Si digo que tengo una teoría, se me puede preguntar de forma muy pertinente: «¿En qué lugar de la gama se encuentra esta teoría? ¿Es una hipótesis, un punto de partida, una premisa en base de la cual se quieren extraer nuevas ideas? ¿O ya está totalmente desarrollada y hemos llegado a una teoría acabada, completa y ensayada, que podamos llamar una ley científica? ¿O más bien se halla entre ambos extremos?» Esta es la segunda cuestión, que la teoría puede existir a todos los niveles de validez o de precisión.

Hay otro problema muy real con el que topamos en este contexto. Comenzamos con una hipótesis. No hay ningún tipo de dificultad para emitir una hipótesis, pero cuando queremos desarrollarla para llegar a una teoría establecida, pueden surgir verdaderas dificultades debido a algunas de las cosas que nos conviene hacer, experimentalmente, para probar nuestra hipótesis y fortalecer nuestra teoría, y que por una razón u otra son inaccesibles. Por ejemplo, volvamos a nuestro ejemplo del cáncer de pulmón. Habiendo presentado la hipótesis de que fumar es causa de cáncer, necesitaremos tomar cien individuos de todas las clases (los que tienen el misterioso factor «X», y los que carecen de él), ponerlos en una cárcel y obligarlos a fumar cigarrillos durante veinte años, observando quiénes contraen cáncer de pulmón. Esto demostraría esa cuestión más allá de toda duda, pero naturalmente no se puede hacer. Quizá podríamos simular el experimento utilizando ratones, pero con todo no se puede hacer el experimento necesario para convertir la hipótesis en una forma más establecida.

Este problema se suscita de una manera más aguda cuando queremos emitir teorías para explicar acontecimientos históricos como el origen de la vida, o el desarrollo o evolución de las especies. No podemos volver atrás, no podemos tampoco ir al laboratorio y hacer un experimento apropiado. Tenemos el mismo problema al tratar con acontecimientos muy remotos, como la evolución estelar y procesos de la astrofísica. No se pueden traer al laboratorio y hacer precisamente los experimentos adecuados para demostrar su argumento. Estas son dificultades muy reales y esto significa que en ciertas ramas de la ciencia uno se ha de contentar con teorías que a duras penas están fuera de la etapa de hipótesis, mientras que en otras ramas de la ciencia, como pueden ser la física y la química, se puede probar o refutar la teoría bien fácilmente yendo al laboratorio y ejecutando experimentos especiales.

La galaxia espiral Nebulosa Andrómeda (M51). Los acontecimientos muy alejados no pueden ser sometidos a experimentos críticos en el laboratorio.

 

LA TEORÍA NO ES LA REALIDAD


Arriba: El modelo de Bohr-Rutherford. Abajo: modelo de mecánica ondulatoria. Dos de los diversos modelos del átomo de hidrógeno que han sido propuestos durante la historia de la investigación de la estructura del átomo. El modelo más actualizado no puede ser representado de manera precisa mediante un dibujo, sino solamente por medio de ecuaciones matemáticas. Pero ni en este caso se trata de nada más que de un modelo o representación; no es en absoluto la realidad misma.


 

 


En tercer lugar, la teoría es, como mucho, sólo un modelo o una aproximación a la realidad. Esto es verdad, incluso en teorías muy sofisticadas y que son susceptibles de ensayo en laboratorio. Pongamos el ejemplo de la estructura del átomo. Esta es una cuestión en la que se ha estado trabajando, creo, desde los tiempos de los antiguos griegos, pero de una manera efectiva desde alrededor de un siglo. Se ha hecho posible una gran cantidad de sofisticación. El primero de los conceptos modernos fue el de Rutherford, que pudo demostrar que la carga positiva en el átomo se concentra en una pequeña región del espacio llamada «núcleo». Él propuso una imagen de un núcleo central rodeado de electrones en órbita, de manera similar a la de los planetas girando alrededor del sol. El mismo hecho de asimilarlo al sistema solar muestra que se trata sólo de una imagen, de un modelo. No se trata de la realidad, sino de una abstracción o simplificación de la misma. Como pasa con cualquier modelo, el átomo de Rutherford explicaba ciertos hechos, daba cuenta de algunos fenómenos, pero no de todos ellos, y muy pronto este modelo se encontró con graves problemas porque parecía contradecir las leyes de la electrodinámica. Entonces vino Niels Bohr y dijo: «El problema es que estamos tratando de aplicar reglas que quizá no son aplicables a la escala del átomo.» Así llegó a proponer una teoría más sofisticada, la teoría cuántica del átomo. La idea fue adicionalmente desarrollada, de manera que ya no se pensaba en una partícula en órbita, como un planeta alrededor del sol, sino en la probabilidad de encontrar una cierta carga eléctrica en un punto determinado del espacio. Ahora bien, esto explica otras cosas que no podrían explicarse con otros modelos más sencillos. Como se puede ver, el modelo se hace más y más complicado, pero sigue siendo un modelo. Así una teoría no es nunca la realidad, sino tan sólo una representación de la misma, más o menos rudimentaria.

Consideremos aquel otro ejemplo clásico de la naturaleza de la luz. Originalmente, hombres como Newton creían que la luz era corpuscular, o sea, compuesta de corpúsculos. Esta idea fue rechazada debido al fenómeno de la difracción, y se hizo evidente que sólo se podía explicar la conducta de la luz diciendo que estaba compuesta por «ondas». Después, naturalmente, se hicieron más experimentos, y se encontró que era necesario volver a introducir la idea de partículas, el concepto corpuscular. Así, aquí tenemos un caso en el que el fenómeno de la luz fue primeramente considerado como de naturaleza corpuscular, después como ondulatoria, y de nuevo como corpuscular. Al final se ha llegado a una situación en que hemos de decir: «En realidad, la luz es a la vez corpuscular y ondulatoria.» A veces se comporta como una onda, y otras como un rayo de partículas. Así, la «realidad» puede ser expresada sólo mediante dos modelos totalmente contradictorios. La realidad es más complicada que el modelo, y en este caso es tan complicada que para describirla en alguna forma hemos de usar un modelo dual incluyendo dos conceptos aparentemente opuestos. Es bien evidente que el modelo se corresponde sólo de manera rudimentaria con la realidad que llamamos luz.

 

Por ello, hay mucho en cualquier teoría que no se corresponde con la realidad. Los datos han de ser igualados, interpolados y extrapolados antes de llegar a la teoría que constituye un modelo satisfactorio, por el momento, de aquello que intenta representar. Pero, en última instancia, es solamente una representación.

He pasado mucho tiempo con la naturaleza de la teoría, y he dicho tres cosas al respecto: la teoría ha de ser diferenciada de los hechos; la teoría puede existir a todos los niveles de validez y aceptación; y la teoría es, en el mejor de los casos, sólo un modelo de aproximación a la realidad. Ahora estamos en una posición desde la cual podremos considerar los usos y abusos de lo que llamamos teoría científica.




Difracción de un rayo X o de electrones por un retículo cristalino. El diagrama muestra como los electrones, normalmente considerados como partículas con carga negativa, se pueden comportar como ondas para producir pautas de difracción, como ésta de poli-oximetileno. De manera similar, la luz, generalmente considerada como ondas, se puede comportar como corpúsculos («fotones»).




3

LOS USOS DE LA TEORÍA CIENTIFICA

Ahora examinaremos muy brevemente los usos de la teoría científica. No quiero perder demasiado tiempo en esto, porque hasta cierto punto se trata de algo que se hace evidente por sí mismo. Esta sección se podría desarrollar mucho, pero no es éste el tema principal de este artículo. Será suficiente decir que la teoría es una parte intrínseca del cuerpo de conocimiento científico y de la actividad que conocemos como ciencia. Sería imposible tener ciencia sin teoría, porque sin teoría la ciencia sería una colección de datos, una recopilación de información y quizá una clasificación de tales datos. La ciencia sería una especie de actividad estéril, «de salón», si no hubiese teoría. El atractivo y el interés de la ciencia radica en que una vez se ha recogido la información, se pueda procesar para imponerle un sentido y alguna significación; poder decir: «Aquí contemplo una pauta, una imagen, un sentido, un significado.» La ciencia, tal como la conocemos, no podría existir sin teoría.

 

LA COMPRENSIÓN DEL UNIVERSO

La ciencia, desde la perspectiva de este autor, tiene dos funciones. Primeramente, se trata de un método que nos permite comprender el universo en que vivimos. Eso es realmente la ciencia por la ciencia, simplemente por conocer (el sentido básico del término «ciencia» es «conocimiento»). Es la acumulación de conocimiento, no sólo como datos y hechos, sino como una comprensión o interpretación del mundo material que nos rodea. Vale la pena observar aquí que muchos de los primeros científicos modernos, si no todos, impelidos evidentemente por aquella curiosidad natural de la mente humana, estaban muy interesados en que su comprensión del universo mediante la ciencia fuese un entendimiento que trajese honra a Dios, y era por ello una empresa teísta. Se dice que Johann Kepler exclamó, al descubrir las tres leyes del movimiento planetario: «¡Oh, Dios, estoy pensando tus pensamientos después de ti!» Ahora bien, vale la pena poner esto en claro. Él estaba haciendo descubrimientos no sólo sobre el universo sino también sobre Dios. Estaba descubriendo la creación, pero al hacer esto creía que estaba descubriendo al Creador. Se dice que Sir James Jeans afirmó que «Detrás del universo hay un gran Algo matemático.» Se puede considerar que éste es un concepto más bien inadecuado de la naturaleza de Dios, pero se aprecia, no obstante, que está mirando al universo a través de los ojos de la ciencia, y razonando desde esto al Creador, hace declaraciones sobre el carácter y la naturaleza de este Creador.

Se ha dicho de Isaac Newton que «para él, la creencia en Dios descansaba principalmente sobre el orden admirable del universo», y él mismo dijo que en sus investigaciones estaba «interesado en hacer aquellos descubrimientos que mejor llevasen a los hombres razonables a la creencia en la Deidad». Ahora bien, esto es mucho más que decir sencillamente que creía en Dios. Más bien decía: «Practico la ciencia a fin de poder hacer descubrimientos que convenzan a los hombres de que Dios existe, de que Dios es glorioso y todopoderoso.» Sir Robert Boyle publicó sus varios tratados teológicos para enfatizar la armonía entre los nuevos métodos científicos y la fe cristiana.

Hemos de reconocer, supongo, que había una falacia básica desde un punto de vista teológico en aquello que estos hombres estaban haciendo. Esto es una digresión, pero conviene decirlo. Su idea de emplear la teología natural, los descubrimientos de la ciencia, para convencer a los hombres de la existencia y del carácter de Dios, no se puede mantener teológicamente. Esta idea de ellos se basaba en la suposición de que los hombres sólo necesitan que se les muestre y explique para que crean. Pero si somos lectores cuidadosos de la Biblia, sabemos que existe una barrera en el entendimiento del hombre. En 1 Corintios 2:14 leemos que «el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.» El hombre natural no tiene la visión espiritual, la capacidad espiritual de creer en Dios, hasta que Dios se la da como un don de la gracia. Estos hombres estaban en un error (tenían buenas intenciones, pero estaban equivocados) al tratar de convencer a sus semejantes acerca del carácter y la existencia de Dios mediante la ciencia. Dejaban de lado la naturaleza caída del hombre. No obstante, intentaban utilizar la teoría científica como un medio para comprender y explicar el universo en un sentido teológico.

 

 

«Toda la ingeniería tiene que ver con el uso predictivo
de la teoría científica.»

 

 

 

APLICACIÓN PRÁCTICA DE LA TEORÍA

El primer uso de la ciencia y de la teoría científica es pues la comprensión del universo que nos rodea. Pero, en segundo término, la teoría científica tiene un uso en su aplicación. Toda la ingeniería, toda la ciencia aplicada, con la enorme gama de actividades que estas expresiones representan e incluyen, tienen que ver con el uso predictivo de la teoría científica. Esto suele venir disfrazado, pero usamos de una manera muy real la teoría científica en un sentido predictivo siempre que diseñamos una estructura o una máquina de cualquier tipo. Decimos: «Si construyo este motor eléctrico con este número de vueltas de hilo eléctrico, entonces generará esta potencia concreta con este voltaje determinado.» Utilizamos las leyes de la ciencia para predecir qué sucederá si construimos nuestr

{
}
{
}

Comentarios ¿Es científica la teoría de la evolución?

En total desacuerdo. La teoria de la evolucion no esta planteada por supociones, esta planteada demostraciones. No puedes mezclar geografia con biologia.

Cada ciencia tiene su propio metodo. La razon de ser de la ciencia , es que se rige por un metodo. El metodo varea deacuerdo con la diciplia. No quieras mezclar fisica con sociologia. La psicologia tiene su propia adaptacion de el metodo cientifico para investigar en su diciplina. En las ciencias sociales no podemos meter en un vaso de precipitados a un conjunto de personas, para hacer experimentos.

La historia te daria la respuesta. Esta ciencia investiga los hechos ya pasados, a traves de documentos, vestigios, ruinas. ¿Te has preguntado como la antropologia estudia a las civilizaciones antiguas.No quieras regresar el tiempo y ver como ocurrieron las cosas.

La teoria de la evolucion, si esta comprobada. Deberias, y sobre todo este autor, meterse a investigar mas antes de escribir. Cada ciencia maneja una adaptacion diferente del metodo cientifico  de acuerdo a su diciplina y no quieras regersar el tiempo para ver que sucedio. La teoria has sido aceptada y por tanto tiene carateristica e universalidad y parte de principios; caracteristicas que la hacen una teoria cientifica.


Jack Style Jack Style 04/10/2010 a las 06:04
En total desacuerdo. La teoria de la evolucion no esta planteada por supociones, esta planteada demostraciones. No puedes mezclar geografia con biologia.

Cada ciencia tiene su propio metodo. La razon de ser de la ciencia , es que se rige por un metodo. El metodo varea deacuerdo con la diciplia. No quieras mezclar fisica con sociologia. La psicologia tiene su propia adaptacion de el metodo cientifico para investigar en su diciplina. En las ciencias sociales no podemos meter en un vaso de precipitados a un conjunto de personas, para hacer experimentos.

La historia te daria la respuesta. Esta ciencia investiga los hechos ya pasados, a traves de documentos, vestigios, ruinas. ¿Te has preguntado como la antropologia estudia a las civilizaciones antiguas.No quieras regresar el tiempo y ver como ocurrieron las cosas.

La teoria de la evolucion, si esta comprobada. Deberias, y sobre todo este autor, meterse a investigar mas antes de escribir. Cada ciencia maneja una adaptacion diferente del metodo cientifico  de acuerdo a su diciplina y no quieras regersar el tiempo para ver que sucedio. La teoria has sido aceptada y por tanto tiene carateristica e universalidad y parte de principios; caracteristicas que la hacen unica a una  teoria cientifica.
Jack Style Jack Style 04/10/2010 a las 06:07
A Jack Syle:

O es teoria o es ciencia?. si es teoría (y eso es lo que es), por definición (una axioma en si mismo), no es ciencia.

Que cada ciencia tiene su propio método?, un sofismo sin duda, solo hay un método cientifco y la aplicación y el manejo de variables es diferente, pero el métdo es el mismo o cumples con el rigor cientifico o no?, si llegas hasta la experimentación y comprobación, se vuelve ley y por lo tanto cientifico, de lo contrario, no lo es, en el mejor de los casos será una hipótesis o tal vez llegue a teoría, no más.

Que no se debe mezclar una rama de la ciencia con otra?, bueno, entonces no deberiamos tampoco ni exitir, tu eres una mezcla de diferentes principios o leyes cientificas operando de un modo inteligente, definido y con un propósito determiando de actividad quimica, fisica, eléctrica,  etc.

Aún biologos estan desechando el paradigma (no la ciencia) de la evolución desde hace años., porque no revisas esto:


EL FIN DEL “DOGMA CENTRAL” Y LA CRISIS DE LA BIOLOGÍA
Máximo Sandín
Universidad Autónoma de Madrid
Los genes, considerados la clave del desarrollo y funcionamiento de todos los organismos, no pueden explicar por sí mismos qué es lo que hace a las vacas, vacas y al maíz, maíz: los mismos genes se han revelado en organismos tan diferentes como, por ejemplo, ratón y medusa. De hecho, nuevos hallazgos de diversos investigadores han dejado claro que es el exquisito control de la actividad de cada gen por el genoma – y no los genes per se – el máximo responsable.
Pennisi, E. Searching for the Genome´s Second Code, Sience, Vol 306, Oct. 2004
El llamado “Dogma Central” de la Biología molecular, en el que estaba basada la interpretación del funcionamiento y variabilidad de los organismos, explicaba el flujo de la información genética “contenida en el ADN” de forma linear y unidireccional hacia el ARN y la proteína. Una concepción que sustentaba las ideas de que los organismos estaban rígidamente determinados por su “composición genética”, de que “los genes” mutaban al azar y de que los individuos poseedores de “mejores genes” dejaban más descendencia o, lo que es lo mismo, la teoría neodarwinista de la evolución por selección natural.
Sin embargo, desde hace mucho tiempo, existen datos científicos que descalifican esta concepción. Desde que, en 1951, Bárbara McClintock demostrase la existencia de elementos móviles en los genomas, se han venido sucediendo un creciente numero de hallazgos que la contradicen de una forma incuestionable: al descubrimiento, en 1970, de la transcripción inversa por Temin y Baltimore, le han seguido los de la epigénesis, el splicing alternativo y la edición de ARN, las duplicaciones y reorganizaciones genómicas... Finalmente (por el momento), la evidencia de que la información genética no está inscrita en una secuencia de ADN, sino que es el resultado de complejos fenómenos de regulación génica, por los que una misma secuencia puede tener muy diversas funciones según su situación en el genoma, la actividad de otras secuencias, el momento en que se exprese y, especialmente, las condiciones ambientales en que lo haga, ha puesto de manifiesto la existencia de un flujo constante de información entre los genomas y el entorno y ha cambiado radicalmente el concepto de información genética, lo que ha supuesto el fin del “Dogma Central” y, como consecuencia, de las interpretaciones de los fenómenos naturales derivadas de él.
En este estado de los conocimientos, resulta dramáticamente irracional (mucho más, teniendo en cuenta que se trata de una actividad científica) el mantenimiento de conceptos, términos e interpretaciones de los fenómenos biológicos cuyo origen (cuya base científica) se encuentra en una concepción de éstos que se ha demostrado definitivamente errónea. La necesidad de elaborar una nueva base teórica capaz de integrar y explicar coherentemente todos estos descubrimientos se hace, no sólo evidente desde el punto de vista científico, sino perentoria, dado que las investigaciones aplicadas y las manipulaciones de fenómenos que estamos muy lejos de comprender y mucho menos controlar, están impulsadas por objetivos e interpretaciones derivados de una concepción de la información genética y de las relaciones entre los organismos y el entorno ancladas en la obsoleta visión reduccionista y competitiva de la Naturaleza. Porque las consecuencias de esta actitud pueden conducir, no sólo a un camino estéril desde el punto de vista científico, sin también a graves riesgos para toda la Humanidad.

Finalmente, tiene graves descalificaciones no solo cientificas el cuento este de la evolución, sino lógicas y de muchos tipos más, pero por hoy solo con esto creo que te invitará a revisar con más cuidado tus dogmas de fe, porque no son más que eso?, claro esta, no ciencia.

ANÁLISIS LOGICO CON RIGOR CIENTIFICO
Desde la publicación en 1859 de "El origen de las especies" de Darwin, la teoría de la evolución se ha convertido en uno de los pilares básicos de la paleontología actual.
Dicha teoría consiste en el hecho de que las especies que han poblado la Tierra a lo largo de su historia son cambiantes
Según la teoría evolutiva, los mecanismos por los cuales evolucionan las especies son: la mutación genética y la selección natural.
El estudio del registro fósil ha aportado cinco tipos de información importantes para la comprensión de la evolución:
.- Las relaciones filogenéticas entre los grupos taxonómicos mayores
.- Los tiempos de aparición de las adaptaciones mayores.
.- La velocidad de adaptación.
.- Las tendencias evolutivas.
.- Las pautas de evolución.
Para medir el cambio evolutivo se han empleado simultáneamente los criterios morfológicos y taxonómicos.La composición genética es el parámetro más básico que puede ser potencialmente usado para medir el cambio morfológico, pero los mismos biólogos carecen de los mensajes codificados en el ADN, transportados dentro de los cromosomas. En el registro fósil estamos muy limitados,ya que tenemos que trabajar con un conjunto de caracteres estructurales incompleto y una muestra muy pequeña, a menudo alterada, de la composición química original del organismo. Al estudiar el cambio taxonómico en los organismos fósiles, nos vemos obligados a usar como parámetros determinadas categorías de un sistema artificial de clasificación que hemos establecido sobre un contínuo evolutivo, una clasificación en la cual, normalmente, hay grandes interrupciones filógenéticas entre las categorías conocidas. Sin embargo, a pesar de su imperfección se puede llegar a conclusiones significativas a propósito de la evolución, la extinción y la filogenia.
PROBLEMAS LÓGICOS EN LA EVOLUCIÓN
POR DOMINIQUE TASSOT
Cuando estudiaba matemáticas, durante mis primeros años en la universidad, nunca habría soñado en asociar la palabra <<problema>> con la palabra Evolución. Mis libros de cabecera eran los de Teilhard de Chardin; durante tres años participé en excavaciones en el yacimiento fosilífero de Carnay, cerca de Reims, donde hallamos, en terrenos del Secundario, esqueletos completos de un raro reptil, el Simeodosaurio. Debido a que este animal del pasado ya no existía en la actualidad, esto constituía la prueba, o al menos esto creía yo entonces, que los seres vivos cambiaban de forma con el tiempo. Fue en 1976, después de mis estudios de filosofía, que vi casualmente en el escaparate de un librero de lance un viejo libro con un título provocativo: L'Evolution régressive [La Evolución regresiva]. Fue entonces que comencé a reflexionar, es decir, a dudar. La ciencia, dice Aristóteles, comienza con el asombro; la filosofía, por su parte, comienza con la duda. Se planteaba allí una cuestión muy sencilla. La evolución factual, la evolución constatada, es una evolución neutra o regresiva. Hace variar ciertos caracteres como el color o el tamaño; quizá da un órgano suplementario: pero jamás ha producido un órgano nuevo. En contraste, aquello que designamos más frecuentemente como <<Evolución>>, con una <<E>> mayúscula, es una modificación que hace aparecer rasgos novedosos, como por ejemplo las plumas en un reptil, o patas en un pez. Y el Semeodosaurio, a este respecto, estaba mudo. Sí, claro, había desaparecido, como la mayoría de las especies fósiles, como en la actualidad siguen desapareciendo abundantes especies, pero esta desaparición no explica nada de la Evolución, esta desaparición no constituye el hecho de la Evolución.
Los hechos no se demuestran: sencillamente, se constatan. Si la Evolución no se constata, entonces no es un hecho. En tal caso, ¿qué es?
Es en principio una idea, y esta idea se remonta a Lucrecio y a Ovidio. Es también una hipótesis, y muchos pensadores del siglo dieciocho, en particular Maillet, d'Alembert o Diderot, imaginaron que los animales se transformaban para adaptarse a las modificaciones del medio ambiente. Por ejemplo, Benoît de Maillet, que fue durante largo tiempo Cónsul de Francia en Egipto, pensaba que los continentes habían surgido del mar y que las especies marinas se habían <<terrestrizado>>, que se habían adaptado a respirar aire, que habían transformado sus aletas natatorias en patas, y que así había sucedido con todos sus órganos.
En el siglo diecinueve, la Evolución pasó, con Lamark, a ser una teoría. En 1800, Lamark propuso un primer mecanismo explicativo: <<la función crea el órgano>>, y después ha habido generaciones de científicos que han puesto esta hipótesis a prueba, sin lograrlo.
Luego, en 1859, Darwin propuso un segundo mecanismo: <<la selección natural>>, la
supervivencia de los más aptos.
Después de Lamark se han sucedido diferentes teorías científicas; a continuación vamos a considerar los problemas que plantean desde el punto de vista de la lógica.
I - Las falsas premisas:
Todo razonamiento parte de unas ideas supuestas como ciertas, las premisas, examinadas lógicamente a partir de tres grandes principios lógicos (identidad, no-contradicción y tercero excluido). Los problemas de los razonamientos evolucionistas inciden tanto en las premisas como en la aplicación de los principios de la lógica. Contemplemos en primer lugar algunas premisas falsas, que frecuentemente son implícitas más que explícitas.
a) La Evolución es un hecho
En realidad se trata de una idea, y las teorías explicativas tienen poco interés científico en tanto que el fenómeno de que se trata, la aparición de órganos novedosos, no ha sido constatado.
b) La naturaleza imita al hombre
De este modo la selección natural se asemejaría a la actividad selectiva de los criadores o de los cultivadores. En realidad, lo que hace la naturaleza es eliminar a los tarados, lo que tiene como efecto conservar el tipo medio de una especie, no el de modificarla.
c) La Evolución es progresiva
En realidad, lo que se constata es lo contrario: desde luego que existe una <<microevolución>> en el interior de las especies, pero esta evolución real es una <<especialización>>, y toda especialización constituye una regresión genética.
d) los primitivos fueron los salvajes
Si la evolución fue progresiva, los Antiguos habrían sido menos inteligentes que nosotros. Pero cuanto más nos alejamos atrás en la historia, se debe constatar una gran inteligencia en los hombres de la Antigüedad, un sentido artístico desarrollado, el manejo de lenguajes más detallados y sutiles (las formas gramaticales caen en desuso, pero no aparecen de nuevas), y eso sin hablar de la fortaleza física.
e) La semejanza implica descendencia
Esto es contrario a lo verdadero: que la descendencia implica semejanza. Pero la homología entre dos órganos se explica por la identidad de sus funciones.
II - Las contradicciones:
Pasemos ahora a las contradicciones. Estas consisten en afirmar a la vez una cosa y su contraria.
a) La Evolución, ¿una ley general de los seres vivos?
En tal caso debería ser también de aplicación al hombre, y Diderot hace decir así al Dr. Bourdeu, en 1769: <<Pensamos tanto y andamos tan poco que acabaremos un día por no ser nada más que una cabeza.>> Sin embargo, hay numerosos fósiles vivos: las algas azules, el celacanto, las esponjas, los gusanos marinos, las rayas, los erizos marinos, los escorpiones, etc. ... ¿Se puede razonar como si la Evolución fuese a la vez necesaria e innecesaria?
b) ¿Continuidad o Discontinuidad? ¿Evolución dirigida o Evolución aleatoria?
Al no estar constatada la Evolución gradual, se evoca en la actualidad una evolución brusca, sin transiciones. Pero si se trata de saltos aleatorios, ¿cómo se puede continuar presentando la Evolución como un fenómeno gradual y orientado?
c) ¿Adaptación o aparición de órganos?
El biólogo Richard Lewontin observa que es contradictorio describir la Evolución como un proceso de adaptación, por cuanto todos los organismos vivientes están ya adaptados. La selección natural sólo puede actuar sobre órganos existentes; en tal caso, si las alas o los ojos han precedido a la selección natural, esta última no puede explicar su origen.
d) La extrapolación del contrario.
Se observa la estabilidad de las especies: la <<microevolución>> por mutación crea variedades o razas diferentes en el interior de la especie, pero nunca un verdadero paso trans-específico con la aparición de órganos novedosos. En cambio, los evolucionistas proponen que, con la ayuda de largas eras geológicas, se ha producido una <<macroevolución>> trans-específica. Eso es extrapolar lo contrario de lo observado, en tanto que sólo es legítimo extrapolar lo idéntico. Aquí hay una distorsión capital de la lógica. Y George Wald, en su obra sobre El Origen de la Vida, no tiene más objeción que esa asombrosa declaración en un libro que pretende ser científico:
<<La duración con la que tenemos aquí que ver es del orden de diez mil millones de años, y por ello no tiene sentido considerar nada imposible sobre la base de la experiencia humana. Con un tiempo tan prolongado, lo imposible viene a ser posible, lo posible probable, y lo probable virtualmente cierto. Basta con esperar: el tiempo consigue el milagro por sí solo.>>
Así, nos encontramos aquí con una declaración que tiene más que ver con una novela que con ciencia.
e) Los <<árboles genealógicos>> de los seres vivos contradicen la Evolución
Los taxónomos, a partir de Aristóteles, clasifican las especies vivientes por géneros, los géneros por familias, luego por órdenes, clases y fílums. Así, todos los mamíferos poseen ciertos rasgos comunes: glándulas mamarias, glándulas sudoríferas, un sistema piloso, un corazón con cuatro cámaras y la aorta a la izquierda, un diafragma, tres huesecillos en el oído, etc. Todo animal dotado de esta manera es un mamífero. Estos rasgos se conservan cuando se desciende hacia las familias y los géneros. Los <<descendientes>> reproducen todos los rasgos de sus <<antepasados>>. Así, es contrario a los principios de la clasificación que un pez o un reptil (en los que los pulmones, la piel, el oído, están organizados de manera diferente) hayan sido antecesores de un mamífero.
III - Los cambios de significado:
Los términos científicos se distinguen de los términos corrientes por su sentido preciso y constante. De la misma manera, la lógica demanda que el sentido de las palabras se mantenga uniforme a lo largo del razonamiento. Y esto dista de ser así en el caso de la Evolución.
a) Evolución y variabilidad. Macro y microevolución.
La variabilidad interna de la especie incide en los caracteres secundarios (color y espesor del pelo, etc.). Esta <<plasticidad>> de la especie, como la denominaba Agassiz, es un fenómeno real sin nada en común en magnitud y naturaleza con una evolución trans-específica que jugaría con la estructura y la función de los órganos. Al designar lo uno y lo otro con la misma palabra <<evolución>>, se acreditan falsamente a la macroevolución (sin prueba alguna) los innumerables hechos de observación relativos a la microevolución. En particular, la especialización divergente de las variedades puede ir hasta la supresión de la interfecundidad. Así, se da <<especiación>>, la aparición de verdaderas subespecies, muy numerosas entre los insectos. Pero ese fenómeno de microevolución no tiene relación con la aparición de nuevos órganos, que es lo que supone la macroevolución.
b) Homo, ¿género o especie?
La humanidad constituye una <<especie>>. Todas las razas humanas pueden conseguir cruces fecundos. Pero en contra de la regla que precisa mediante un adjetivo las variedades en el interior de la especie (Homo Sapiens, Homo Neanderthalensis, etc. ...), se designó como <<Homo habilis>> a un simio australopitecino de Olduvai que no puede pertenecer a la misma especie que el hombre (incluso si se le imagina un antecesor común, como el Australopithecus Afarensis). Así, se transforma a Homo aquí en un <<género>>, reagrupando a especies morfológicamente vecinas pero sin vínculos genéticos posibles, siendo que los simios no tienen el mismo número de cromosomas que el hombre.
c) La <<selección>> ... ¿<<natural>>?
La selección es un fenómeno voluntario, dirigido, pertinente a una finalidad. En la teoría de Darwin se designa con este término a una acción ciega de la naturaleza. Se trata de dos conceptos muy diferentes, más aún, opuestos.
IV - Los razonamientos circulares:
Hay razonamiento circular cuando se concluye mediante la suposición de la que se ha partido. En tal caso, no se ha demostrado nada.
a) La <<Secuencia Estratigráfica>>.
Con la misma se clasifican cronológicamente los fósiles índice de las capas geológicas. Se suponen las eras geológicas y la evolución paralela de los seres vivientes. La secuencia evolutiva reconstruida no demuestra entonces la evolución, porque ha sido dada por supuesta para la elección de esos fósiles <<índice>>.
b) La supervivencia de los más aptos.
Aquí tenemos una tautología, por cuanto la aptitud es definida por el hecho de la supervivencia. Eso hace recordar la famosa paradoja del doctor Binet, el inventor de las pruebas del <<cociente de inteligencia>>. Ante la pregunta: <<¿Qué mide usted?>>, él respondía:
<<¡La inteligencia, claro!>> Y a la pregunta de, <<¿Y qué es la inteligencia?>>, respondía: <<¡Lo que mide mi prueba!>> Sin duda, las tautologías son útiles; clarifican los conceptos y facilitan el aprendizaje. Pero no es válido valerse de ellas para fundamentar la veracidad de una tesis.
c) La carga de la prueba.
Cuando se pregunta a un especialista por las pruebas de la teoría de la evolución, oye siempre que la prueba la da el vecino:
El paleontólogo piensa que las pruebas provienen de la biología; el biólogo remite a la secuencia estratigráfica de los geólogos, y los geólogos responden que la demostración la da la paleontología.
En resumen, como ya hace un siglo escribió Béchamp: <<se supone, se supone continuamente, y de suposición en suposición ¡se acaba por dar conclusiones sin pruebas! ...
Conclusión: La evolución no es un hecho, sino un concepto explicativo, un paradigma (en el sentido de Raoul Kuhn) que inspira diferentes teorías. Es importante tener presente esta distinción si se quiere conservar todo el rigor en la actuación científica y analizar de manera correcta la validez de los razonamientos empleados en las teorías evolucionistas.


Ricardo Neri Ricardo Neri 05/03/2011 a las 10:45
Muy interesante vuestra charla,muy buena la exposicion del doctor Ricardo Neri.

Una cosa no comparto y es la definicion de la palabra teoria,pues tiene cientos de definiciones segun el lugar a aplicarse.

En si ,una teoria es un conjunto de hipotesis,pero nunca una teoria es comprobable,hasta no llevarla a la practica.
Muchas veces a ocurrido que las hipotesis eran muy buenas,pero llevadas a la practica fracasaban.

Cuando comenzaron a realizar transfuciones de sangre en humanos .aplicando la teoria de DARWIN ,utilizaron sangre de monos,el resultado fue catastrofico.
segun wikipedia teoria es :
E n general es muy difícil explicar en detalle qué constituye una teoría a menos que se especifique el ámbito de conocimiento o campo de aplicación al que se refiere, el tipo de objetos a los que se aplica, etc. Por esa razón es posible formular muchas definiciones de teoría.
Anónimo Anónimo 05/03/2011 a las 12:04

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