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El Grupo de Los 300 y 

"Las 7 Hermanas"

 

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Como se demostrará en el informe, el  Grupo de los 300 , o G300 (así llamado por mí a falta de un nombre oficial más apropiado), es un grupo compuesto por alrededor de 300 a 400 personas que se conocen entre ellas personalmente, y determinan mediante su enorme poder económico y financiero, sus influencias políticas a través de funcionarios-empleados y agentes ubicados en posiciones claves de los más importantes gobiernos del mundo, cuáles serán las políticas económicas, financieras y sociales que se implementarán cada año en el mundo.

 

Su poder alcanza a infiltrar todos los servicios secretos y agencias de seguridad del planeta, y los gobiernos o personajes que resultan molestos o inconvenientes a sus planes son eliminados de la manera más eficiente conocida. Este grupo es el responsable del uso del movimiento ecologista como herramienta geopolítica para consolidar el nuevo status neocolonial al que han sometido a los países menos desarrollados. Su esquema básico de operaciones es la conformación de un cartel de bancos, entre los que se incluyen a diversos bancos Centrales del mundo. No hay poder económico o financiero que se les pueda oponer. Este grupo tiene la facultad de  “crear dinero de la nada”  (o el llamado dinero“Mandrake”) y corromper a cualquier persona que sea necesario.

 

Dado que sus miembros están imbuidos de la eugenésica y racista filosofía maltusiana, el principal enemigo que reconocen es la población en crecimiento en los países del Tercer Mundo. Entre sus acciones más notables para eliminar a este enemigo, se cuentan las campañas y subsiguientes prohibiciones de productos que eran “demasiado útiles a la humanidad” y facilitaban su crecimiento, como el DDT -insecticida organoclorado sintético de amplio espectro, acción prolongada y estable, aplicado en el control de plagas para todo tipo de cultivos desde la década del cuarenta-, los CFC -familia de gases que se emplean en múltiples aplicaciones, siendo las principales la industria de la refrigeración y de propelentes de aerosoles-, diversas sustancias químicas fundamentales para el desarrollo industrial y la salubridad pública, y finalmente el diseño y puesta en práctica del  Protocolo de Kyoto  tendiente a la reducción de la actividad industrial y comercial mundial.


 

Walter Rathenau, entonces Canciller Alemán durante la República de Weimar, escribió un artículo publicado el 24 de diciembre de 1921 en el Wiener Press, donde realizaba un sorprendente e indiscreto comentario que terminaría costándole la vida seis meses más tarde:

 


 “Solamente 300 hombres, cada uno de los cuales conoce personalmente a los otros, gobiernan de hecho a Europa. Ellos eligen a sus sucesores entre los miembros de su propio entorno. Esos hombres tienen en sus manos el poder para impedir o terminar con cualquier estado de cosas que consideran irracional.”

 


En abril de 1922 Rathenau firmó el Tratado de Rapallo, por el cual Rusia perdonaba a Alemania los pagos de reparación de guerra a cambio de tecnología industrial. Inglaterra protestó airadamente porque el tratado había sido elaborado a sus espaldas, y preveía el desarrollo de los campos petrolíferos de Bakú – sin intervención Británica – lo que favorecería enormemente a Alemania y perjudicaría de manera especial al grupo de 300 hombres que Rathenau denun-ciaba, que otros analistas conocen como el “Comité de los 300”.

Walter Rathenau fue asesinado misteriosamente en junio de 1922, dos meses después de firmado el tratado con Rusia, y seis meses después de haber osado mencionar públicamente la existencia del misterioso grupo. Los asesinos de Rathenau fueron arrestados de inmediato pero, de manera significativa, la policía anunció más tarde que se habían “suicidado”, de modo que los móviles del asesinato y sus instigadores permanecerán para siempre en el misterio. A partir de este hecho se perdió toda posibilidad de recuperación económica de Alemania y se inicia de inmediato la declinación del valor del Marco alemán: en diciembre de 1922 el marco cotizaba 7592 por Dólar, y en enero de 1923 Alemania declaró en cesación de pago. Para noviembre de 1923, el Dólar cotizaba a 50 billones de Marcos. La primera y más grande hiperinflación de la historia se había desencadenado por obra y gracia del G300.

La semejanza de este asesinato con otros asesinatos políticos famosos es impactante. John Kennedy, Indira Ghandi, Olof Palme, cuyos autores intelectuales permanecen en el anonimato, indica que no es necesario tener una imaginación afiebrada para relacionarlos con un poder oculto en las sombras, al que se puede identificar genéricamente como el G300. Las personas molestas, que hacen declaraciones inoportunas, proponen políticas inconvenientes para el grupo, son peligrosas y deben ser eliminadas. La eliminación de estas personas son “medidas profilácticas” necesarias para la supervivencia de un especial modo de vida de unas pocas personas que se han apoderado virtualmente del mundo.


En esa línea de eliminación de personas peligrosas se recuerdan otros casos resonantes como los misteriosos “accidentes” de aviación del presidente de Panamá, General Omar Torrijos, el del presidente de la entonces petrolera estatal Argentina YPF (hoy finalmente en manos privadas europeas), Estenssoro, cuando se negociaban arreglos comerciales que dejaban afuera del negocio a las famosas  “Siete Hermanas”   del petróleo, el cartel petrolero que hasta hoy maneja los precios y las políticas petroleras del mundo, por más que la OPEC pretenda ignorarlo.

 

Son estas Siete Hermanas quienes parecen estar ligadas a la muerte “accidental” (en otro avión) de Enrico Mattei, presidente de AGIP italiana, quien había negociado exitosamente un tratado petrolero y gasífero con Irán, demasiado favorable para la recuperación económica de Italia y altamente desfavorable para el cartel de las Siete Hermanas. Su fin era previsible des-pués de negociar con Rusia la provisión de petróleo de la región de Bakú, pagadero con tubos de acero italianos que permitirían a los Soviéticos construir el gasoducto hasta Europa Central y amenazar el monopolio de las Siete Hermanas en la región. Para ello se construyó una acería en el norte de Italia, pero en 1962, un mes después de entrar la fábrica en servicio, Enrico Mattei murió en un accidente de aviación sospechoso por demás, cuando planeaba reunirse con John Kennedy para llevar adelante negocios relativos al petróleo de los Estados Unidos –el que las Siete Hermanas consideran de su propiedad exclusiva-.

 

 

¿Quiénes son las Siete Hermanas?

 

 Terminada la Primera Guerra Mundial, las compañías petroleras americanas de Rockefeller y las inglesas forcejeaban para apoderarse del control del negocio del petróleo mundial. En poco tiempo se dieron cuenta de lo poco conveniente que era luchar entre sí y se decidieron a facilitarse las cosas. Enviaron representantes a una reunión que se realizó en Achnacarry, Escocia, para formar un cartel petrolero en beneficio mutuo. En 1928 se llega al secreto “Convenio Achnacarry“ que dejaba delimitado el reparto del mercado y las regiones de poder de cada uno de los integrantes del cartel. Las siete principales compa-ñías integrantes del cartel, conocidas como las Siete Hermanas, eran la Esso (Standard Oil de New Jersey), Mobil (Standard de New York), Gulf Oil, Texaco, Chevron (Standard de California), y las dos compañías inglesas Royal Dutch Shell y la Anglo Iranian Oil Co., (más tarde la British Petroleum, o BP).

Pecaríamos de ingenuos si atribuimos estos (y otros) accidentes de aviación a la fatalidad o a un pobre mantenimiento mecánico. Tampoco es aventurado pensar que el “Resumen para Hacedores de Políticas” del IPCC está redactado para consumo de los 300 personajes que se han apropiado del mundo. No para orientarles y permitirles tomar decisiones, sino como un mero placer visual al contemplar cómo sus planes van tomando forma, lentamente al principio, y más aceleradamente hacia el final. Después de todo, lo que hace y dice el IPCC no es nada más que seguir las instrucciones sumamente precisas del G300, a través de la muy aceitada cadena de mando que ha establecido a lo largo de los años.

Muchos se preguntarán si en realidad existe este grupo de gente que actúa muy discretamente desde las sombras, con total libertad y, sobre todo, con absoluta impunidad, o si esta no es más que “otra de las tantas historias” de complots y conspiraciones que pertenecen más al mundo de la ficción literaria de Ian Fleming o John LeCarré que a la vida real. De un rápido repaso de la historia del mundo se puede comprobar de manera fehaciente e incontrovertible que la única manera en que el mundo ha sido conducido hasta hoy ha sido a través de conspiraciones, complots y asociaciones ilícitas de toda clase y calaña, desde pequeñas sectas religiosas a las masónicas más renombradas, desde sociedades teosóficas, filosóficas, eugenésicas, esotéricas, astrológicas, satánicas; grupos filosófico-políticos como los venecianos, los Illuminatti, Hobbistas, Fabianos, etc.

 

 


Eduardo Ferreyra

Presidente de FAEC

Fundación Argentina de Ecología Científica

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