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¿Envidia o ira Santa?

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¿ENVIDIA O IRA SANTA?

 

Gene Simmons, Tommy Thayer, Paul Stanley and Eric SingerHefner celebrating his 80th birthday with Kendra and Bridget in Munich, April 2006.

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista) 

 

Es increíble recibir comentarios de personas que nos tildan de "envidiosos" porque criticamos a tal o cual evangelista del evangelio de la prosperidad. Verdaderamente semejantes detractores razonan y reaccionan como necios sin entender nuestros buenos y sanos propósitos al advertir del peligro que representan estos hombres. ¿Será también que tales personas nos creerán envidiosos por el poder y la vida pomposa que ostenta el Papa de Roma, o por la buena vida que lleva la cúpula o cuerpo gobernante de la Watchtower, porque los criticamos con igual vehemencia? ¿Y será también que cuando criticamos las malas acciones de nuestras autoridades civiles (sean éstas alcaldes, jueces, o presidentes de estado) lo hacemos porque envidiamos su poder y autoridad? ¿Será que cuando Criticamos a Hugh Hefner de la revista "Play Boy", lo hacemos porque envidiamos su mansión, sus mujeres, y sus riquezas? ¿Será que cuando criticamos al conjunto Kiss y en particular, a Gene Simmons (lengua de diablo), lo hacemos porque envidiamos su fama y fortuna? ¿Acaso no pueden existir cristianos honestos y limpios de corazón que odien el pecado y a los fomentadores de pecados? Poco falta para que estos "hermanitos" acusen también a Juan el Bautista de haber sido un envidioso del poder y riquezas del tristemente insigne Herodes el Grande, cuando se le enfrentó a éste para acusarlo de adúltero.  ¡Vamos, amigos... tenemos que ser más juiciosos con nuestras afirmaciones!

 

Sinceramente nos interesa un bledo tener la riqueza de los evangelistas de la prosperidad, porque sabemos que ellos han vendido su alma al diablo para obtener sus riquezas, las cuales son engañosas y perjudiciales. Estos individuos sencillamente se han enriquecido a través de enseñar "huecas sutilezas, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo" (Col. 2:8). Las enseñanzas de estos hombres son inspiradas por los demonios.

 

Hermanos, tenemos que dejar de ser niños fluctuantes que se dejan llevar por novedades. Dice Pablo: "Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (Efesios 4:14).

 

De modo que sigamos el consejo de Pablo al joven Timoteo:  "Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.  Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos".

 

¡Cuán gravemente incumplen estas palabra de Pablo los falsos evangelistas de hoy que promueven las riquezas materiales y el éxito personal para todos hoy! Así que, mientras tengamos aliento de vida en nuestros cuerpos, mis asociados y yo seguiremos en la batalla, proclamando el verdadero y transformador evangelio del reino y denunciando simultáneamente a los apóstatas modernos que se presentan como "ungidos del Señor".  

 

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