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Estudio de Romanos capítulo 7.

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El capítulo 6 nos habló de nuestra liberación; este capítulo 7 nos da detalles acerca de la misma. No comprenderemos este capítulo si no vemos este orden, porque la verdad del capítulo 6 tiene que haber recibido todo su peso antes de que tratemos de comprender el capítulo 7. El Apóstol acaba de decir: «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia». Esta es una declaración de suma importancia, y el Apóstol procede ahora a explicar cómo hemos (esto es, para aquellos que están bajo ella) sido liberados. Luego describe la condición de un alma vivificada y bajo la ley antes de la liberación. Esto lo hace de una manera muy completa, y finalmente expone, lleno de gozo, el tema de la liberación, llevándonos así al capítulo 8.

Versículo 1. Primero, ¿cómo fueron liberados de la ley aquellos que estaban bajo ella? «¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?» Este hecho muestra la importancia de la verdad ya expuesta -la identificación con la muerte de Cristo, el considerarnos muertos con Él, y vivos para Dios. Porque si aquellos que estuvieron una vez vivos bajo ella lo estuvieran aún, tienen que ser responsables de cumplir cada una de sus jotas y de sus tildes, o la ley tendrá que maldecirlos. De modo que el cristianismo, en tal caso, carecería totalmente de valor. El hombre seguiría todavía bajo la maldición. La ley tiene dominio sobre el hombre en tanto que vive. Su responsabilidad respecto de la ley sólo termina con la muerte. La ley respecto al matrimonio demuestra esto: sólo la muerte disuelve el vínculo de responsabilidad. Mientras que un marido vive, la mujer no puede ser de otro, pues en tal caso, ella sería adúltera. Esto era evidente de por sí para los que conocían la ley.

Del mismo modo el creyente no puede, por así decirlo, tener dos maridos. No puede estar vivo en la carne, casado a la ley (bajo la ley), y estar también casado con Cristo. Sin duda alguna los hombres dicen que así ha de ser, que uno ha de tener la ley y Cristo a la vez, pero nosotros no estamos aquí explicando lo que los hombres dicen, sino lo que dice la Escritura. Dios nos dice que no podemos tener a Cristo y la ley. Así como una esposa sólo queda libre de su antiguo marido por la muerte, así nosotros sólo podemos quedar libertados del antiguo marido, del principio de la ley, mediante la muerte. Ahora, en tanto que es cierto que materialmente no hemos muerto, debemos sin embargo observar la importancia de la verdad que hemos aprendido en el capítulo 6, de considerarnos muertos, identificados con Cristo en la muerte. Sólo que ahora esto se ve en su relación especial con respecto a la ley.

Versículo 4. «Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.» Así ellos estaban tan muertos a la ley por el cuerpo de Cristo como si realmente hubiesen muerto. Pasan de su dominio a otro estado enteramente nuevo. No tienen más que ver con el marido antiguo, sino que entran a una nueva relación, casados con un nuevo marido, a uno resucitado de entre los muertos, Cristo.

Pero, ¿no dirán algunos grandes maestros que estar muertos a la ley, el no tener ya más que ver con ella, ni ella contigo, es antinomianismo? Esto, dicen ellos, llevaría a dar fruto para pecado; sería terrible. Pero, ¿qué es lo que dice Dios? Él dice que esto es «a fin de que llevemos fruto para Dios». Esto está en perfecta armonía con lo que se ha dicho hasta ahora: «Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia» (6:14). Estar bajo la ley es estar bajo maldición, porque todos quedan culpables de manera probada (capítulo 3). Pero ahora somos uno con el Cristo resucitado, con los pecados perdonados y el pecado juzgado, para que podamos llevar fruto para Dios.

Versículo 5. «Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.» Este versículo determina el carácter de la enseñanza que sigue. No puedes decir: Cuando estábamos en la carne, a no ser que hayas sido liberado de tal estado. No podrías decir: Cuando estábamos en Londres, excepto que te hayas ido de allí. Es muy importante comprender esto.

Con frecuencia se pregunta: ¿Es esta parte del capítulo 7 la experiencia propia de un cristiano? Desde luego que no, o no se diría: «Mientras estábamos en la carne». Pero, como veremos, es la experiencia por la que han pasado la mayoría de los cristianos, por no decir que todos. También se dice que es la experiencia de los inconversos. Pero tampoco puede ser, porque los tales no pueden decir «Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios» (v. 22). Se trata, evidentemente, de la experiencia de un alma vivificada, nacida de Dios, que posee una nueva naturaleza que se deleita en la ley de Dios según el hombre interior, pero que sigue bajo la ley, y que no ha aprendido todavía qué es la liberación a través de la muerte.

Se puede decir con certidumbre que la experiencia descrita en los versículos 5-24 es la miserable experiencia de cada persona nacida de Dios si es puesta bajo la ley. Cuando recordamos cuántos cristianos se encuentran en esta misma condición, no es asombroso que haya tantos sufriendo estas miserias.

Tenemos que comprender las palabras «porque mientras estábamos en la carne» como significando mientras estábamos bajo el primer marido, la ley. La ley sólo puede tener que ver con el hombre mientras éste vive. La ley contemplaba de tal manera al hombre, y le mandaba y requería su obediencia, que lo contemplaba como vivo en la carne. Una vez muerto, cesan todos los mandamientos y requerimientos. No puedes mandar a un muerto que ame a Dios ni a su prójimo, pero estando vivo en una naturaleza que sólo puede pecar, el mandamiento sólo puede ser ocasión de transgresión. La ley podía exigir justicia, pero como el hombre no era justo, venía a ser una ministración de condenación y muerte. La posición cristiana es ésta: considerarse uno mismo como muerto a la carne y vivo para Dios -una vida enteramente nueva para Dios.

Toda esta cuestión quedaría enormemente simplificada si mantuviésemos la distinción entre estas dos cosas: la vida antigua o vieja naturaleza, llamada la carne (la base sobre la que el hombre fue puesto a prueba bajo la ley), y la nueva vida, o nueva naturaleza, que tiene el creyente, la misma vida eterna del Cristo resucitado. Hemos visto cómo hemos sido liberados de la esclavitud del pecado al morir a lo uno y estar vivos a lo otro. No se trata de que el pecado haya quedado erradicado, sino que somos muertos a él.

Versículo 6. Este mismo principio de muerte y de vida en resurrección en Cristo se aplica a la cuestión de la ley. La ley no está muerta ni abolida en sí misma, sino que nosotros estamos muertos a ella. «Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.»

La ley producía esta experiencia verdaderamente desgraciada, pero estamos liberados de la ley. ¿Lo puedes decir de verdad? Es de suma importancia resolver esta cuestión antes de examinar la miseria de la que hemos sido liberados. Por la muerte y resurrección de Cristo no sólo quedamos plenamente justificados de nuestros pecados, sino que hemos pasado de una condición de pecado y muerte a una condición enteramente nueva; sí, hemos pasado a una nueva creación de vida y justicia. Hemos pasado de aquello que nosotros éramos a aquello que Cristo es. Estábamos con Adán en pecado y muerte; ahora estamos unidos, somos uno con Cristo en resurrección, donde Él está y lo que Él es. «Pues como él es, así somos nosotros en este mundo» (1 Jn. 4:17). Su misma vida nos es comunicada. Ser una nueva creación en Cristo Jesús es una cosa tan real ahora para la fe como lo será en breve para la vista.

Esta es una plena y completa justificación de los pecados y del pecado, y una plena y completa liberación respecto a todas las demandas de la ley. Ha de haber esta completa liberación para servir en novedad de vida. ¿Has pasado así de la carne -el estado adánico- a Cristo? ¿Puedes decir: Sí, ahora todo es Cristo? ¿Dices: La carne sigue ahí, y es pecado? Es cierto. La ley sigue ahí. Muy cierto. He pecado. Sí, esto también es cierto. ¿Pero por qué murió Cristo? ¿No fue tanto por tus pecados como por tu pecado? ¿Estas pecando ahora, o estás liberado del pecado? Veremos esto más plenamente expuesto en el capítulo 8. Ahora sólo apremiamos este punto: Está liberada el alma que puede comprender la terrible experiencia descrita en lo que sigue.

El fariseo inconverso o engañado no sabe nada de esta amarga experiencia. Sólo cuando se ha implantado la nueva naturaleza, santa, y con ella el profundo anhelo del alma por la verdadera santidad, descubre el alma que no hay poder en la carne para hacer aquello que anhela. Sí, la ley del pecado y de la muerte es como un amo de esclavos, y no hay poder para escapar. Cuanto más tratamos de guardar la ley, que se dirige a los hombres como vivos en la carne, tanto más profunda es la miseria de hacer aquellas mismas cosas que aborrece la nueva y santa naturaleza. Sí, aquello que no daría problemas a ningún inconverso, o más bien a uno que no ha nacido de Dios, llena al alma vivificada de un intenso sentimiento de miseria.

¿Te encuentras en este estado? Si estás vivificado y bajo la ley, de cierto que estarás ahí en uno u otro grado. ¡Oh, cuánta de la agitación y del esfuerzo de nuestro tiempo es para ahogar esta miseria y ayudarte a olvidarla! Bien, no desesperes, creemos que cada uno que ha nacido de Dios pasa por una experiencia así en mayor o menor grado, y a menudo aquellos que pasan por lo más profundo son aquellos escogidos para glorificar más a Dios. No dudamos de que se yerra desde dos lados en la comprensión de este capítulo: desde el lado de los que lo entienden como la experiencia de un pecador inconverso, y desde el lado de los que consideran que es la experiencia propia de un cristiano.

Versículo 7. Si fuésemos dejados a nosotros mismos, incluso donde hay nueva vida (la implantación de la nueva naturaleza santa), de natural nos volveríamos a la ley y nos pondríamos bajo ella. Así sucede siempre cuando no se conoce al Espíritu Santo. Es destacable que en estos versículos no se hace mención del Espíritu Santo ni una sola vez. Como hemos dicho, son pocos los que no pasan por esta experiencia, y los que han recibido liberación pueden mirar atrás y ver el gran provecho que han derivado de este ejercicio del corazón.

La ley no es pecado, pero por ella aprendemos qué es el pecado. La ley expone la raíz -el pecado- en nosotros. «Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.» Cuando se recibió la nueva naturaleza, se sintió la naturaleza espiritual de la ley. Un hombre sin la nueva naturaleza diría: La concupiscencia no es pecado, a no ser que cometas el pecado mismo en transgresión. Pero cuando la ley toca a la conciencia, detecta la concupiscencia, y yo digo: Esto es pecado. Sí, la concupiscencia misma es pecado; esto es, la naturaleza es pecado.

Versículo 8. Esta naturaleza, siendo pecado como es, toma ocasión por el mandamiento para producir en mí toda clase de deseo hacia aquello que está prohibido. «Porque sin la ley el pecado está muerto.» Estaba inactivo. Prohíbe a un niño que salga al jardín, y en el acto desea ir, y, si la voluntad está activa, va al jardín. Ahora bien, no sólo puede la naturaleza estar inactiva, sino que yo creo que estoy vivo.

Versículo 9. «Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.» Nunca verás a nadie antes de ser vivificado que no crea que está vivo, y que puede obrar y vivir. Sí -dice-, yo creía estar vivo sin la ley en un tiempo. Pregunta a un hombre natural: ¿Eres salvo? Él te contestará: No lo sé; espero que sí. Asisto a mi lugar de culto, y pongo lo mejor de mi parte, y espero que al final llegaré al cielo. ¡Oh! -dice él-, estoy vivo. No hay ni un pensamiento en su alma de que esté perdido. Ni con una palabra confiesa él una mínima necesidad de un Sustituto en la cruz. Si preguntas, incluso a profesos cristianos, recibirás esta clase de respuesta, incluso donde menos te lo esperes.

Ahora bien, en el momento en que un alma ha nacido de Dios, todo esto cambia. ¿Por qué -pregunta él- tengo una naturaleza que desea las mismas cosas que Dios prohíbe? Se vuelve a la palabra de la ley de Dios, y muere a toda esperanza de ser en la carne aquello que pensaba que era. «Y yo morí.» Sí, ahora nos encontramos con la dura realidad de la muerte del viejo «Yo». Anhela él la santidad y se vuelve a los mandamientos ordenados para vida -aquellos por los cuales el hombre que los cumpliere vivirá (Ez. 20:11)- pero descubre que es para muerte. Descubre que el pecado posee el dominio y que emplea el mandamiento mismo para matarlo. No olvides que esto es «mientras estábamos en la carne». ¡Cómo fue barrida de nosotros la última esperanza de bondad en la carne!

Versículo 12. La ley procedía de Dios; no era mala ni era pecado; era «santa, y el mandamiento santo, justo y bueno». No era muerte para mí, sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte. ¡Oh, qué descubrimiento, encontrar que yo -mi naturaleza- como hijo de Adán era sólo pecado, y que por el mandamiento este pecado podía llegar a ser y efectivamente llegó a ser sobremanera pecaminoso!

Versículo 14. La obra en el alma va más a fondo aún. «Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.» Sí, la ley demanda la justicia con toda razón. Pero, ¿qué es lo que descubro en mí? Que «yo soy carnal, vendido al pecado». ¿Sabes esto? ¿Has aprendido esto como esclavo impotente del pecado? Esto es todo lo que la carne es -un esclavo. Aborrezco aquello que hago. Descubro que no tengo poder para hacer aquello que quiero, en tanto que reconozco que la ley es buena y sólo exige de mí aquello que es bueno.

Versículo 17. «De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.» Esto es un descubrimiento. Aprendo que hay una naturaleza todavía en mí, el pecado, pero puedo contemplarla como distinta de mí mismo, el nuevo «Yo». Bien, digo yo: ¿Qué hay entonces en aquella vieja naturaleza, en el viejo «Yo»? No hay ni una pizca de bien en mí, esto es, en mi carne, mi vieja naturaleza.

Versículo 18. «Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.» Esto es muy humillante: descubrir que como hijo de Adán no tengo poder alguno para hacer el bien, sino todo lo contrario. «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.» Éste es el verdadero carácter de la vieja naturaleza, incluso cuando la nueva naturaleza desea hacer el bien y ser santa como nacida de Dios. De modo que no es la nueva naturaleza, el nuevo «Yo», quien hace el mal, sino que es la vieja naturaleza la que hace aquello mismo que condena la nueva naturaleza.

Versículo 20. «Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo [no más lo que yo soy, como nueva creación], sino el pecado que mora en mí.» Así hay dos principios (dos naturalezas) en el hombre nacido de Dios. El principio de la vieja naturaleza, de la naturaleza depravada, es designado como una ley:

Versículo 21. «Encuentro, pues, esta ley: Que queriendo yo hacer el bien, el mal está presente en mí» (RVR77). Este es el principio fijo de la vieja naturaleza: «Que queriendo yo hacer el bien, el mal está presente en mí». Sí, dirás tú, esto es precisamente lo que he descubierto para mi gran dolor; desde luego, esto es lo que me ha llevado casi a la conclusión de que no puedo haber nacido de Dios en absoluto. Los que no han nacido de Dios nunca se descubren ni la mitad de malos que tú encuentras que es tu viejo yo. Pero, ¿no demuestran las siguientes palabras que tú has nacido de Dios, que tienes un nuevo «Yo», o nueva naturaleza?

«Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios.» De cierto que esto demuestra, más allá de toda duda, que hay dos naturalezas, porque, ¿cómo podría la vieja naturaleza, que es pecado, deleitarse en la ley de Dios? De modo que es así: «Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios». Bien, me dirás tú, esto parece una contradicción. Esto es precisamente lo que son ambas naturalezas entre ellas; sí, la vieja naturaleza está en contraposición directa con aquel hombre interior que se deleita en la ley de Dios. Dice luego:

Versículo 23. «Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.» De modo que negar las dos naturalezas en un hombre nacido de nuevo es negar la clara enseñanza de la Palabra de Dios. ¿Acaso no dijo Jesús: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es»? (Jn. 3:6). De modo que se trata de un nacimiento, de una nueva naturaleza, de una nueva creación, enteramente nuevos, lo que es del Espíritu y que es espíritu. Lo que es nacido de la carne pecaminosa, de la naturaleza, es, permanece lo que es -carne, o pecado.

Aquí aprendemos que si estamos bajo la ley -esto es, que si estamos sobre la base de la carne, bajo la ley para su mejora, como miles lo están- descubrimos entonces, en la guerra de las dos naturalezas, que somos llevados «cautivo[s] a la ley del pecado que está en [nuestros] miembros». Es una terrible realidad, pero debemos aprender en la práctica lo absolutamente mala que es nuestra vieja naturaleza, si no creemos lo que Dios dice acerca de la misma. Pero si esto es así, uno que haya nacido de Dios, bajo la ley, y desconociendo la distinción de las dos naturalezas, tiene que sentirse sumamente desgraciado si es sincero y anhela fervientemente la santidad y la rectitud de vida. Esto es precisamente lo que encontramos.

Versículo 24. «¡Miserable de mí!» Ahora ya no se trata más de, ¿quién me ayudará a mejorar la carne?, sino de: «¿quién me librará de este cuerpo de muerte?» Sí, el yo, el viejo hombre, el cuerpo de esta muerte, tienen que ser dejados a un lado. Necesitamos un libertador, y este libertador es Cristo.

Versículo 25a. «Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.» Pocas palabras, pero, ¡ah, qué gloriosa liberación y victoria! Después de llegar al pleno descubrimiento de mi total impotencia y de la inmutable maldad de la vieja naturaleza, la mirada se levanta ahora a Cristo, y el corazón se ensancha en el pleno gozo de la gratitud. Esta liberación se expone adicionalmente en el siguiente capítulo.

Hay un error que se comete con frecuencia aquí, contra el que debemos guardarnos con todo cuidado. A menudo se dice, o se implica, que lo que hemos visto respecto a la vieja naturaleza, la carne, la ley de pecado en los miembros, es totalmente cierto de un creyente antes de conseguir la liberación, pero que después de esta liberación, es cambiada o erradicada -en todo caso, sumamente mejorada, santificada de manera repentina o gradual- y que no queda esta naturaleza mala en los santos libertados o santificados. ¿Es cierto esto, o no? Dejemos que las palabras que siguen inmediatamente a continuación, después de nuestra liberación y acción de gracias, determinen esta cuestión de tanta importancia.

Versículo 25b. «Así que, yo mismo con la mente [o, el nuevo hombre] sirvo a la ley de Dios, mas con la carne [la vieja naturaleza] a la ley del pecado.» Ahora ya no estamos sobre la base de la carne, como vivos bajo la ley, intentando mejorar la carne -ya no estamos en la carne. Pero que esta carne permanece en el creyente queda expuesto de la manera más explícita posible -en aquella misma persona que con la nueva mente o naturaleza sirve a la ley de Dios. Pero la carne y la ley del pecado siguen aún en mí. Puede que los haya que quieran plantear dudas, cavilaciones, e incluso que ridiculicen esta verdad, pero es la verdad de la Escritura, y lo que cada creyente descubre como verdadero. De modo que necesitamos preservar irreprensibles el espíritu, el alma y el cuerpo.

Pongamos la vieja naturaleza bajo la ley, tratemos de descubrir algún bien en ella, e inmediatamente encontraremos que nuestra experiencia es como se ha descrito en estas páginas.

Otra reflexión, antes de dejar este tema. ¿Cómo es que tantos cristianos están sumidos en esta experiencia? Sencillamente porque, aunque han nacido de Dios, son, por enseñanzas falsas o defectuosas, puestos bajo la ley, sin haber conocido nunca el verdadero carácter de la liberación. Pasemos pues a examinar qué es esta liberación.

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Comentarios Estudio de Romanos capítulo 7.

muy bien explicado muchas gracias por tener la pagina

gracias por este comentario-estudio del cap 7 deRomanos, verdaderamente me ha aclarado muchas preguntas que me hacía cuando lo leía, Dios les bendiga.

José Escalante José Escalante 03/07/2012 a las 03:49

Amado en el Señor, me quedo claro todo, pero un detalle me provoca preguntar:


Si ya no estamos bajo la ley, es decir, que la ley de los diezmos y primicias¿ tampoco rige en nosotros????


agradeceria su comentario...


Bendecido...

cristina cristina 20/08/2012 a las 06:39
paz hermano, gracias por el comentario a traves del cual el Señor alumbró mi entendimiento, el Señor siga usando su vida a favor de los santos. Paz.
teresa teresa 10/04/2013 a las 03:02
PARAFRASIS Rom. 7, 15 - 24

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PARAFRASIS es:
- Explicación o interpretación, más o menos libre, que se hace de un texto para aclarar su significado.
- Explicación o interpretación amplificativa de un texto.
- Traducción del original, sin verterlo con escrupulosa exactitud, para una mayor comprensión.
(Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.)
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VERSO 15: "...No entiendo algunas cosas que hago y porqué las hago, pues no hago lo que quiero, sino que, precisamente lo malo y lo que aborrezco, eso es lo que hago. "...

VERSO 16: "...Ahora bien, yo me doy cuenta de lo malo y que lo que hago está mal, porque me lo dice la ley de Dios, tanto en su Palabra como en mi conciencia, con lo cual, reconozco que la ley es mi ayuda y la ley es buena."...

VERSO 17: "...Así que, he llegado a una seria conclusión: ya no soy yo quien hace lo malo, sino otro, El Pecado que habita dentro de mí ",...

VERSO 18: "...porque yo estoy completamente convencido que en mí, es decir, en mi naturaleza interna, no hay nada bueno. Porque aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo"...

VERSO 19: "...Por lo tanto, la cruda realidad es que no hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no debo hacer, eso hago"...

VERSO 20: "...Entonces, vuelvo a concluir lo de antes: si hago lo que no quiero hacer, significa que ya no soy yo quien lo hace, sino otro, El Pecado que habita en mí...."

VERSO 21: "... Así que , descubro en mi, ésta ley infranqueable: cuando quiero hacer el bien, no puedo hacerlo, porque el mal está en mi."...

VERSO 22:... " En lo íntimo de mi ser me deleito en la ley de Dios,"...

VERSO 23:... pero me doy cuenta que, en los miembros de mi cuerpo, hay otra ley, que es la ley de El Pecado. Esta ley, (que lucha contra la ley de Dios en mi mente), me tiene constantemente esclavizado"...

VERSO 24: ¡ Ayyy miserable de mi ! ¿quién me librará de esta esclavitud de muerte?...
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Asi que, como dice Romanos 7:13 parte b :

"...por medio de la Ley, es decir la Palabra de Dios, se puede ver lo terriblemente maligno que es El Pecado"... un ser terrible, retorcido y perverso que habita dentro del hombre y esclaviza al hombre sin este saberlo.

ANALIZANDO DE FORMA BREVE LOS VERSICULOS DE ROMANOS

- * Cuando uno lee el verso 15 de este capitulo de la Biblia no puede menos que darse cuenta de cuán viva, actual, eficaz y real es la Palabra de Dios, (Hebreos 4,12) cuán vigente y cuán acertada es en describir lo que sucede en la conducta humana en cuanto a las esclavitudes, dependencias, traumas, sindromes, fobias, complejos, impulsos, temores, trastronos, vicios, esclavitudes y muchos actos réprobos de la vida diaria del ser humano.

¿Quién alguna vez no se ha sentido indentificado con las palabras de Pablo en este verso 15 ?
¿Cuánta gente no llega a entender cosas que hace y porqué las hace?
¿Cuánta gente testifica en juicios, que hizo las cosas sin saber porqué las hacia ?
¿Cuántas consultas de psicólogos, consejeros y hasta confesiones a algun amigo o familiar de confianza, sacando a relucir la frase del verso 15:..."no entiendo lo que hago"...?
¿Cuántas veces hacemos lo que no queremos hacer, decimos lo que no queremos decir, sentimos lo que no queremos sentir, miramos lo que no tenemos que mirar, pensamos lo que no queremos pensar, soñamos lo que no queremos soñar…etc. y no sabemos porqué ?

Nadie escapa a estas palabras de Pablo, todo ser humano alguna vez ha hecho esta reflexión del verso 15 y ha vivido el verso 15. Dios en su bondad, conociendo cómo funciona la conducta humana, nos lo informa. Conocer Romanos 7 es la puerta de salida y libertad.
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- * El verso 16 es una de la varias conclusiones de este texto biblico. Se refiere a la función de la Ley es decir, la Palabra de Dios. Pablo hace un paréntesis en este verso, antes de continuar con la linea que habia iniciado en el 15, para decir que si no fuera por la Ley, es decir, por la información biblica, tanto en la Escritura como en la conciencia, no conoceríamos porqué hacemos lo que hacemos y tampoco conoceriamos lo que el hombre lleva dentro.

La ley, la Palabra de Dios, muestra al hombre lo que éste realmente es. Sin ella seria imposible conocer la realidad de la conducta humana y es que:

- El hombre es malo, la ley es buena.(es un espejo)

Toda persona creyente que se dedique al estudio y tratamiento de la conducta humana no puede prescindir de la Palabra de Dios y a su vez la Palabra informa correctamente en esta parte de Romanos 7, lo que sucede con la conduta interior humana, por eso dice este versiculo que " la ley es buena". Y vaya si será buena.!
Asi que tenemos un circulo: sin la Palabra de Dios no nos conocemos realemente y a su vez, conocemos lo que realmente somos, por la Palabra, por lo tanto esta es muy buena. No nos conocemos por medio de la psicologia, la filosofia, la antropologia o la sociologia, no!Estas ciencias nunca llegan a la raiz del problema, son tan solo meros parches.
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- * En el verso 17 tenemos una de las revelaciones mas singulares de la Biblia sobre el porqué se manifiesta asi la conducta humana en sus actos a través de la historia del hombre. El verso 17 y su paralelo el verso 20 son dos versos contundentes, reveladores y a la vez, al repetirse la misma información en ambos versos, Dios con ello está reforzando el concepto mas importante y revelador que hay sobre los actos del hombre, revelación que hoy en dia se ignora en los medios profesionales y cristianos y es que:

"...Un ser dentro del hombre, e independiente del hombre, con su ley y su poder, controla al hombre "...

El analisis detallado y cuidadoso del versiculo 17 y su paralelo el 20, nos muestra que ahí dentro (en el cuerpo) del hombre, hay dos sujetos perfectamente diferenciados:
- Uno es El Pecado y
- el otro es el Yo, o sea uno mismo.

Por lo tanto Pablo está diciendo una tremenda revelación, y es que en su cuerpo, él es una marioneta de un ser, superior en fuerza, ley y poder, superior también a la fuerza de voluntad humana, y que ese ser habita dentro del cuerpo. Pablo no dice que sea un diablo, ni un espiritu, sino que es diferente a estos pero con caracteristicas personalizadas.

En muchas iglesias se ignora esta doctrina y se cae en el engaño de hacer liberaciones inutiles de espiritus inexistentes, ya que la causa de las aberraciones humanas no es el diablo obrando desde dentro, sino El Pecado obrando desde dentro.

El Pecado es diferente de El diablo. Ambos tienen similares caracteristicas personales pero son diferentes. El diablo siempre actua desde fuera,(excepto en endemoniados) El Pecado actua desde dentro. En la cristiandad se le ha echado muchas veces la culpa al diablo por lo que no ha hecho, errando así el blanco del problema. La biblia dice que el hombre tiene dentro un Amo que ordena y manda al hombre, como una marioneta pero no es el diablo.

El proceso de la caida es el siguiente :
1.º- Este Amo, El Pecado, ordena a su mayordomo, al yo, es decir la naturaleza caida, a que haga lo que le manda y asi es que
2º- la naturaleza nuestra, es decir el Yo, como buen Mayordomo acepta las órdenes recibidas del amo y
3º- a su vez El Mayordomo, o sea uno, ordena al siervo, el cuerpo, a ejecutar las ordenes de El Amo, El Pecado.

Asi que ahi tenemos el escalafón ordenado, la cadena de mando escalonada desde la cúspide, desde donde parten las ordenes de El Pecado, hasta el ejecutor...el cuerpo, en este caso la P&M.
Para vencer los problemas de la conducta humana, es necesario conocer esta cadena de mando para apuntar con las armas al lugar correcto y al enemigo correcto.
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- * El verso 18 podriamos decir que es el versiculo clave y tipico para derribar el humanismo y su errado concepto de que el hombre es bueno. Pablo guiado por el E.S. nos dice que el hombre es plenamente y totalmente conciente en sí mismo, de que no es bueno, que nada bueno hay en el hombre y que por lo tanto, el ser humano sabe perfectamente que es malo, (el texto dice "...yo sé"...).

En otros lugares de la Escritura encontramos reforzado este concepto del verso 18 con términos mas duros aun, tales como que el hombre es un ser depravado, perverso, degenerado, descarriado, degradado, maligno, vil y maldito, entre otros conceptos mas.

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- * Al llegar al verso 19 Pablo hace una nueva conclusión recopilando la última información anterior, diciendo:

- tanto por lo que llevo dentro, El Pecado
- como por la impotencia que tengo de mi naturaleza servil al Amo
- asi como por lo malo en esencia que soy...

concluyo contundentemente que hago constantemente siempre lo malo que no debo hacer.

La conclusión es frustrantemente trágica, aplastante, evidente, convicente, universal y sobre todo, biblica, es decir, viene directamente de Dios: "... hago lo malo que no quiero hacer"....
El tema toma intensidad versiculo a versiculo.

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- * Sobre el verso 20 ya hemos hablado, es similar al 17 y solo decimos que cuando algo en la biblia se repite, es porque es algo serio e importante. El verso 20 reitera que el problema de la conducta humana no es un espiritu de demonios, ni un problema de falta de oración, ni falta de ayuno, ni falta de lectura biblica, ni cuestión de liberaciones, ni nada de eso. !
El Pecado no lo vence nada de eso y nunca será erradicado/quitado del hombre mientras éste viva, asi sea el mas espiritual de los cristianos.

- Un hombre puede orar mil horas que al final de ese tiempo, cansado y debil, el Pecado lo derribará, con lo cual las mil horas no han servido de nada.
- Un hombre puede estar 23 horas y media ocupado al dia, pero en la ultima media hora El Pecado lo vencerá y le ganará la batalla precisamente porque está debil, tanto en fuerza fisica como espiritual.
- Un hombre puede leer todo el dia la biblia que cuando deje de leerla El Pecado se despertará y lo hará caer...
- Un hombre puede tener un ministerio importante en la iglesia que al llegar a casa El Pecado lo vencerá
- Un hombre puede aislarse en un desierto o en un monaterio, que con ello no vencerá a El Pecado, porque lo acompaña dentro donde quiera que vaya.
Los ascetas, los monjes y los solitarios también pecan. La soledad no vence a El Pecado, al contrario, en la soledad vence El Pecado...
Y asi podriamos seguir con más técnicas y estrategias de vencer a El Pecado y no valen para nada, porque esa no es la forma de vencer a El Pecado. Muchas veces en innumerables predicas y foros, blogs y charlas se dice que es necesario hacer todo lo descrito arriba para no pecar, pero eso, aunque parezca irreverente, no vence ni vale para nada...
Veremos al final, la forma de vencerlo.

A todo esto debemos decir que El Pecado es el filtro que Dios deja en el creyente para probar la fe, ver la victoria del creyente, el amor del creyente y ejercitar al creyente en la batalla de la fe.
También es la forma de decirle al impio dia a dia, lo impotente que es y la necesidad que tiene de ayuda.
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- * Al llegar al verso 21, tenemos un nuevo dato y ese dato consiste en añadir a todo lo ya dicho, que hay una ley infranqueable dentro del hombre mayor y mas poderosa que la fuerza de voluntad humana. Asi como hay leyes fisicas ineludibles, leyes humanas, leyes divinas, asi también dentro del hombre hay una ley contra la cual el hombre no puede vencer por si solo, se llama la Ley de El Pecado.

Ese ser terrible, retorcidamente perverso, que vive en el hombre, impone su ley y a menos que tengamos un Ser superior como ayuda y unas leyes superiores, el hombre siempre sucumbirá a El Pecado y de hecho sucumbe.

Este verso 21 se ve complementado con la información del verso 23 donde directamente se relaciona esta ley imposible de vencer, con el Pecado.
Por ello dice el verso 23, como luego veremos:..." la ley de El Pecado".... Asi como hay la ley del Hombre, y ley Divina, tambien existe la ley de El Pecado.
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- * En este verso 22, que forma parte del 23, el apostol nos dice que todo hombre, bien sea creyente, hombre moral o religioso, conoce y se deleita en la ley de Dios que lleva inscripta en su conciencia.

Todos estamos de acuerdo por ejemplo que robar es malo y asi sucesivamente con cada ley de Dios.

Asi que, por un lado, tenemos que el hombre da valor a la ley moral de Dios y si conoce la Palabra de Dios mucho mas, pero a pesar de conocerla, se enfrenta a una terrible realidad: el verso 23...

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- * En el verso 23 encontramos ahora el encaje de las piezas que veniamos montando y comentando.
Dice el texto en este verso, que ese ser terrible por medio de esa ley, maneja, manipula al hombre como un titere y tiene acceso a todos los miembros del cuerpo, con lo cual eso hace entender mejor porqué hacemos lo que no queremos hacer y porqué el apostol decia arriba en el 17 y el 20 que no era él el que hacia las cosas sino que sentia que era otro y que él era solo una marioneta cómplice y esclava, un títere en manos de un ser que desde dentro impone implacablemente su ley para esclavizar al hombre utilizando todos sus miembros del cuerpo.

Por eso cuando alguien hace lo que no debe hacer con cualquier parte de su cuerpo, está siendo impulsado por la fuerza, la orden y el poder de una ley de un Amo interno, superior y despiadado que vive dentro: El Pecado.

Por eso hacemos lo que hacemos y aunque no somos primariamente culpables, somos cómplices de ejecutar las órdenes del Amo.
En este verso 23 se ve la lucha y la derrota constante de cada ser humano que, conociendo en su interior lo que debe hacer, no puede hacerlo, sino que por el contrario, hace lo malo, por causa de una ley que el hombre percibe dentro de si, pero que no entiende, una ley que está en todos sus miembros (manos, pies, lengua, mente, sueños, sexualidad, oidos, sentimientos), la ley de El Pecado que lo esclaviza.
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- * La conclusión, el grito desgarrador de todo ser humano es el verso 24 .
Si nos fijamos en el verso después del grito, hay una frase curiosa que dice: ..."quién nos librará"...

Ante un enemigo tan poderoso como El Pecado, con sus leyes implacables es necesario entonces otro Ser Superior con leyes superiores y poder superior dentro nuestro, verso 25 :

..."Gracias sean dadas a Dios porque hay un maravilloso Ser para ser liberado: Jesus el Mesias ..."
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- * Por eso el hombre no necesita terapias psicológicas, sino que necesita a ese " ¡ Quién !!!", es decir al Señor Jesus, (verso 25), Una Persona Superior que nos ayuda contra ese otro ser que vive en mi, El Pecado.

El hombre necesita la Ley del Espiritu dentro(cap. 8,2) y el poder del Espiritu de Jesus dentro para ahora sí, poder vencer con efectividad desde dentro, cualquier área de la conducta humana, atacando correcta y directamente al enemigo, El Pecado y conociendo cómo se mueve y cómo actua ese enemigo interior: "... El Pecado que habita en mi "... por medio de la Palabra de Dios. Ahora el grito ya no tiene por que ser desgarrador: "miserable de mi", sino:

"...gracias sean dadas a Dios por Jeuscristo mi libertador"...

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La pregunta entonces es, ¿cómo vencer a El Pecado?

Para ello es necesario, ser verdadero convertido, es decir ser cristiano y no ser evangélico. Una cosa es ser asistente y otra creyente. Una cosa es ser evangélico y otra cristiano, son dos cosas diferentes.
Cuando uno recibe por fe el verdadero evangelio, (no un pseudo evangelio ), por medio de una conversion real y biblica uno recibe poder, recibe al Espiritu Santo, es decir a ese otro Ser superior que me permitirá vencer a El Pecado, con lo cual ahora el hombre débil, impotente y marioneta, puede y debe recurrir al poder del Espiritu Santo que ahora mora en él, Por la verdadera conversión, para tomar el poder de El Espiritu y la autoridad de El Espiritu para decirle a El Pecado algo asi como:

..."NO !... cállate ya no mandas más, ahora tengo un poder mayor al tuyo..."

¡ Por lo tanto ahora sí, el hombre puede vencer a El Pecado y decir,:..

..." soy más que vencedores por medio de Aquel que me amó..." !!

De esta manera cuando El Pecado viene a usar nuestros miembros o darnos órdenes para pecar, sea el miembro que sea, empezando sobre todo por la mente, PODEMOS CORTAR SU ORDEN, su poder, su ley y su mandato, diciéndole simplemente, con un grito de autoridad :

-..."NO" !...

Ese "No" ahora, tiene y sale con poder, (si se es convertido) porque es una palabra con el poder de Aquel (Cristo) que ahora mora en mi, el poder del Espiritu de Jesus, un Ser infinitamente superior a "...El Pecado que habita en mi"...(Rom 7,17).

Por tanto, cuando uno se convierte por medio del verdadero evangelio y la verdadera predicacion del evangelio, ahora son tres conviviendo en el mismo lugar, en el cuerpo: El Pecado, Yo y el Espiritu Santo.

De mi depende ahora a quién someto mi voluntad:
- a la orden y poder de El Pecado, o
- al Poder de El Espiritu Santo.

Asi que, la evidencia de que uno es convertido y ha conocido el verdadero evangelio, es que cuando uno le ordena ahora a El Pecado que se calle, eso funciona, porque esa palabra sale con poder por la obra del E.S, en uno,(curiosa inversión de autoridad, antes mandaba El Pecado, ahora mando yo !).

Cuando alguien tiene un estilo de vida en derrota de El Pecado es evidente de que solo está luchando en la fuerza de su voluntad. La voluntad humana no puede vencer a la orden y voluntad de El Pecado que habita en uno.

En conclusión una persona en constante estilo de vida en derrota, es muy probable que no sea convertida. El razonamiento logico es este:

- Si una persona vive esclava de algo es porque no tiene poder
- si no tiene poder es porque no tiene el Espiritu Santo el cual es poder
- si no tiene el E.S. es porque no se ha convertido
- si no se ha convertido es porque no ha recibido el verdadero evangelio, el cual es poder
- si no ha recibido ni oido el verdadero evangelio para creerlo, entonces está perdida
- si está perdida es porque no tiene poder y le espera no solo la esclavitud aqui, sino la condenación alla.
- si está perdida necesita el verdadero evangelio que da poder para entonces ya no ser esclavo de cualquier atadura.

Asi que para vencer en la vida cristiana, es necesario conocer el verdadero evangelio, haberlo oido y recibidio (no un evangelio ligth sin el cual no hay poder).Esos evangelios de campañas evangelisticas, de "pase al frente", "lenvante la mano", "repita conmigo esta oraciòn", "acepte a Jeus en su corazón", "lagrimas, emociones,..." nada de eso es biblico ni salva a nadie, por lo tanto no da poder y por eso tanta gente se dice cristiana y es esclava, porque le han predicado un evangelio que no es el correcto ni tiene poder.
Solo por medio del arrepentimiento y fe biblicas, eso nos dá, entre otras muchas cosas, PODER contra El Pecado para vencerle.

En conclusión de esta breve exposición, la libertad de cualquier atadura producida por El Pecado pasa por conocer:

* 1º - el VERDADERO ENEMIGO y el verdadero problema de la conducta humana. Todo ello pasa por conocer este maravilloso y esclarecedor texto de Romanos 7, 15-25. sobre El Pecado

* 2º - conocer el VERDADERO EVANGELIO, sin el cual no hay poder para vencer.

La biblia dice que estamos en una batalla, asi que ahora conocemos y hemos descubierto uno de los enemigos, el enemigo interno, El Pecado su forma de actuar, sus estrategias y cómo vencerlo. Y también conocemos las armas, El Evangelio verdadero.

Gracias sean dadas a Dios por todo esto.

NIKOS
Consejería Biblica Bautista
ioanes@hotmail.com
MIKOS MIKOS 11/04/2013 a las 20:13

Deja tu comentario Estudio de Romanos capítulo 7.

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