Avisar de contenido inadecuado

Jesús de Nazaret y sus opositores en su época.

{
}

 

Jesús y sus opositores

 Shigeyuki Nakanose y Maria Antônia Marques

Resumen
Con su práctica de estar con las personas pobres y excluidas, Jesús entró en conflicto con las autoridades religiosas y políticas de la sociedad de su tiempo. Jesús denunció el nacionalismo judaico, yendo contra la mentalidad de los fariseos y de los escribas. Colocó el valor de la vida, por encima de la observancia de la ley. Criticó el sistema del templo y el pago de impuestos abusivos, controlado por el imperio romano y sus colaboradores, como los herodianos y los saduceos. Su práctica creó fuerte oposición, culminando con su muerte.

Abstract
Jesus´ practice of being together with the poor and the excluded ones were the causes of confrontations He had with the political and religious authorities of His time. From the ground of the exploited ones, Jesus denounced the exclusive nationalism, and by so doing. He went against the mentalities of the Pharisees and the teachers of Law. For Jesus, life is above all the Law’s observances. He criticized the Temple’s organization and the abusive tax collection, controlled by the Roman officials and their collaborators, such as Herodians and Sadducees. His practice caused strong opposition, culminating in His own death.

 

‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ Ellos respondieron: ‘Juan Bautista’; otros, ‘Elías’; otros, ‘uno de los profetas’. ‘Y ustedes,’ preguntó él’ ¿quién dicen que yo soy?’ Pedro respondió: ‘Tú eres el Cristo’” (Mc 8,27-29). Las interpretaciones sobre la vida y el ministerio de Jesús son muchas. La única realidad de la que podemos tener certeza, es que él fue crucificado bajo Poncio Pilatos, procurador romano (26-36 d.C.)

Jesús tenía en el centro de su práctica a las personas pobres, enfermas y marginadas por el sistema, actuando contra el legalismo y el nacionalismo de los fariseos y escribas, valorizando la vida por encima de la ley. Él criticó el sistema del templo y las exigencias de impuestos abusivos, controlados por el imperio romano y sus colaboradores, como los herodianos y los saduceos. Su manera de actuar creó una fuerte oposición, teniendo como desenlace su muerte.

En el intento de conocer mejor la persona de Jesús y los conflictos que se originaron con su práctica, vamos a recordar la realidad de su tiempo, su compromiso sociopolítico e identificar sus principales opositores.

La dominación del imperio romano en Palestina

Palestina era un importante corredor comercial que posibilitaba la comunicación entre Mesopotamia y Egipto, entre Arabia y el Norte de Siria y Fenicia. El control de esta área fue siempre objeto de disputas entre los grandes centros políticos. El norte de Palestina, Galilea, era una región de tierras fértiles y de una rica agricultura. Su población estaba conformada por campesinos, pequeños hacenderos, artesanos y trabajadores ordinarios; el 80 al 90 % de los habitantes trabajaban como agricultores.(1) La región producía varios tipos de granos (Mt 13,24-30; Mc 4,26-32), aceite de oliva, vinos, frutas, castañas, y dátiles en cantidad suficiente para la exportación.

Otra actividad económica importante de los galileos era la pesca, desarrollada a lo largo de las orillas del Mar de Galilea. Esto puede ser confirmado a partir del nombre de algunas ciudades, como Betsaida –casa de pesca-, Tarquéia –la ciudad del pez-. La pesca estaba ligada a la industria estatal y la riqueza no quedaba en manos del pueblo, sino más bien iba hacia una pequeña élite. Los impuestos eran abusivos. Las familias de los pescadores y de los agricultores estaban organizadas en cooperativas, a fin de poder pagar los altos impuestos, las tasas y los peajes (Lc 5,7-9.10a). A partir del año 63 a.C. Pompeyo había anexionado la tierra de Israel como provincia del imperio romano. Galilea, Perea, Idumea y Judea pasaron a pagar tributo para el imperio. Esta situación provocó muchas revueltas en Galilea. Sin embargo los romanos eran implacables con aquellos pueblos que les rechazaban la sumisión. Varias ciudades de Galilea fueron destruidas, arrasadas e incendiadas. Palestina representaba apenas un 1% del territorio del imperio romano, no obstante, había un 8% de las tropas del ejército en esta región. Eso muestra la importancia de mantener el control sobre esta región.

En medio a esa turbulencia social, alrededor del año 40 a.C., Herodes el Grande consiguió, con trampas e intrigas, ser reconocido como rey de los judíos. Su gobierno estuvo marcado por la tiranía y la opresión. Él pasó para la historia como un gran constructor e incentivador del helenismo, implantando la lógica de la ciudad y de las construcciones conforme al estilo de los griegos. Él inició la reconstrucción del templo de Jerusalén, que sólo fue concluida poco antes de la guerra judaica (66-73 d.C.), construyó un teatro, un anfiteatro, el palacio real y varias ciudades, como Cesárea Marítima y Sebaste. Los gastos con estas obras, obligaron a la creación de muchos impuestos, que pesaron fuertemente sobre la población campesina.

Herodes y sus partidarios –los herodianos– consiguieron implantar un sistema rígido de fiscalización de los impuestos. La mayoría de los judíos consideraba inaceptable el pago de los impuestos, directos o indirectos. El impuesto directo era el de la tierra, y el impuesto personal; estas dos formas de impuestos, eran pagadas a personas ligadas al imperio. El impuesto sobre la tierra, sobrecargaba a todos los productores, alcanzando entre el 20 y 25% de la producción: una parte era pagada en producto y la otra en dinero. El impuesto personal era estipulado en un denario. Para las mujeres, a partir de los 12 años, y para los hombres, a partir de los 14 años.

Los impuestos indirectos eran varios…Retenciones del trabajo personal a favor de las tropas, tasas de aduana, peajes sobre la circulación de personas y mercaderías. En general, esos impuestos eran cobrados por los publicanos, personas que alquilaban el derecho de recibir el impuesto sobre una determinada región. Estos impuestos eran fijados por las autoridades, pero los cobradores aumentaban, de acuerdo a su ambición. La tributación abusiva sobre los contribuyentes, generó un odio profundo contra este grupo. El arrendamiento estaba muy bien organizado. Existían los cobradores y los jefes de los cobradores.

El cobro de los impuestos se volvió insostenible. Aquí y allá surgieron focos de revuelta. Pero el control de Herodes el Grande era muy rígido, impidiendo o sofocando la mayoría de las protestas. Él actuó con mano de hierro y consiguió acabar con las revueltas, teniendo la ayuda del ejército romano y de su propio ejército.

Después de la muerte de Herodes el Grande, Palestina fue dividida en tres distritos. Herodes Antipas (4 a.C.- 39 d.C.) quedó como tetrarca de Galilea y de Perea o Transjordania del Sur, Felipe asumió la Transjordania del Norte, y Arquelao con Judea y Samaria. Herodes Antipas, en el intento de agradar al pueblo judío y al imperio romano, emprendió grandes construcciones, como la reconstrucción de Séforis y la fundación de la ciudad de Tiberíades, en 19 d.C., conforme a los padrones helenísticos. Tiberíades pasó a ser su capital, y continuó siendo la ciudad administrativa a lo largo de todo el período romano.

La población de Tiberíades estaba conformada por judíos y gentiles. La ciudad era considerada como una de las más populosas del imperio greco-romano. En la ciudad había teatros, baños públicos y estadios. En tiempos de Herodes, era el centro administrativo y comercial de Galilea, ya que estaba situada en la ruta principal entre el Mar de Galilea y Cesárea, en el Mediterráneo. Era una ciudad construida en el estilo greco-romano. Ahí se hablaba el arameo, el griego y el latín.

Séforis, Tiberíades, Tarqueia y otros poblados galileos ostentaban gran parte de las instituciones de las ciudades urbanas helenístico-romanas típicas. Los gastos de construcción y de vida en las ciudades, dependían casi enteramente de la explotación de las aldeas. Las élites estimadas en un 5%, controlaban entre el 50 y el 60 % de la producción. Herodes Antipas llegaba a recibir en torno a los 200 talentos por año, o el equivalente a 1.200.000 denarios, referentes al impuesto de la pesca.

En tiempos del imperio romano se popularizó el uso de la moneda, siendo necesaria para el pago de los impuestos y la compra de productos y servicios (Mt 27,10; Mc 12,15-17; Lc10,35; 12,6). Los campesinos eran obligados a vender sus productos, y casi siempre era preciso una gran cantidad de productos en trueque de unas pocas monedas. El número de personas endeudadas y esclavizadas era creciente (Lc 11,4).

Además de las exigencias de los impuestos civiles, la vida económica del pueblo judío empeoró todavía más, puesto que ellos tenían que pagar los impuestos cobrados por el templo. Los romanos aceptaron la organización religiosa de los judíos, pero, a su vez, pasaron a nombrar el sumo sacerdote, máxima autoridad en el templo y responsable por el sanedrín. El sanedrín era el consejo supremo de los judíos, constituido por sacerdotes, escribas y ancianos de la nobleza que actuaban en Jerusalén. Los escribas eran los especialistas en la Escritura; los doctores de la Ley, los cuales después de un largo proceso de formación, eran admitidos al Sanedrín.

El sanedrín poseía su propia organización, teniendo amplios poderes para cobrar los tributos religiosos y controlar al pueblo judío, incluso con tribunales para juzgar según la Ley judaica, excepto en delitos políticos.

Entre los impuestos judaicos, estaba el impuesto al templo, destinado al mantenimiento del culto y de las personas que allí trabajaban. Era obligación de todo israelita adulto, ya fuera en Palestina o en otros países, pagar el impuesto anual para el templo, estipulado en dos denarios. Además de este impuesto, existían varios décimos sobre las colectas, siendo el 10% para el templo, 10% para ser consumido en Jerusalén y distribuido para los pobres. Cada siete años, el producto referente a un año de trabajo, debería ser destinado a los pobres.

El código sacerdotal reglamentaba varios sacrificios (Lv 1-7; Nm 18), entre ellos estaban los sacrificios de pecado, de expiación, de comunión y de holocaustos. Las ofrendas para los sacrificios eran vendidas en el propio Templo, por persona ligadas con el. De esta manera había una doble ventaja: por la venta de los productos y los propios productos, destinados a la manutención de las personas que trabajaban en el Templo. Las entradas podían ser adquiridas por medio de la remisión de promesas y votos (Mt 15,5).

Las exigencias del pago de impuestos a los romanos y de los impuestos religiosos judaicos, provocaron un acelerado empobrecimiento. Tanto en Galilea como en Judea, se daban constantes rebeliones. Los innumerables impuestos pesaban sobre los hombros del pueblo judío. Junto a una pequeña minoría que derrochaba lujo, había un triste escenario de destrucción, pobreza, miseria y hambre. En nuestros evangelios, vemos y oímos hablar de pobres, esclavos, intermediarios, de sueldos al día, pescadores y prostitutas. Personas y grupos que vivían al margen de la sociedad.

Los pobres en el imperio romano

En la mentalidad de los romanos, había el sistema del clientelismo, un mecanismo asistencialista que mantenía la situación de injusticia. Como herencia de los griegos, los romanos declaraban que el trabajo era propio de los esclavos. En este contexto, ciudadano era el hombre que podía vivir del trabajo esclavo de otras personas. Había la mentalidad de que los pobres se encontraban en esa condición porque eran vagabundos o porque no fueron favorecidos por las divinidades.

El clientelismo estaba basado en las relaciones de trueque. Era cuestión de honra. Alguien de un estrato superior beneficiaba a una persona de estrato inferior. En este sistema, el status y la honra estaban ligados al número de clientes. El objetivo no era el de favorecer a los pobres, sino engrandecerse a sí mismo y garantizar la sumisión. El cliente debía obligaciones frente a su patrón y tenía que mantener su lealtad a él.

La cultura judaica tiene una postura diferente para con los pobres. En la sinagoga había un cuidado especial con los menos favorecidos, consecuencia del estudio de la Ley. La sinagoga estaba organizada de manera diferente a la del templo. Había un jefe de la sinagoga, el archisynagogo, encargado del funcionamiento del culto, con la función de coordinar la lectura de las Escrituras y las oraciones. El asistente o hazzan o diakonos, era el responsable por las cuestiones prácticas de la sinagoga. Y todavía existía un encargado de recoger las limosnas semanalmente y organizar una refección para los pobres, diariamente.

Pobreza y miseria, en general, venían acompañadas de dolencias. Había muchas personas enfermas. La ceguera era común, pudiendo tener causa hereditaria, o ser consecuencia de falta de higiene o de mala alimentación. La lepra era el fantasma que asustaba a toda la población. Cualquier dolencia de la piel, contagiosa o no, era ya clasificada como lepra. Había muchas personas alejadas, epilépticas o hidrópicas. Las dolencias mentales y físicas estaban asociadas con el demonio, por ejemplo, los casos de mudez, sordera, epilepsia, esquizofrenia, y hasta incluso otras neurastenias. La cura era buscada por medio de la oración y de textos de encantamiento.

En tiempos de Jesús, las leyes referentes a la pureza, marginaban a los enfermos leprosos (Lv 13 y 14). Todos los líquidos que salían del cuerpo humano provocaban impureza. Este sistema excluía a las personas de la convivencia social. Por lo tanto, había muchas personas al margen del sistema, sin arte ni parte, sintiéndose abandonadas por la sociedad y por Dios. Dolencia e impureza ritual estaban interconectadas. La impureza excluía al individuo del templo, de la sinagoga y del culto, ya que la persona era considerada maldita.

La dolencia era una grave cuestión social, puesto que los enfermos quedaban sin asistencia médica, viéndose forzados a mendigar para sobrevivir. Y todavía más, por la opresión religiosa. Una persona enferma, normalmente era vista como alguien que estaba pagando por algún mal realizado (Ex 20,5; Jo 9, 1-3). La religión oficial consideraba a la pobreza, a la dolencia y a la deficiencia mental, como consecuencias del castigo de Dios y la presencia de malos espíritus que habían tomado posesión de la persona (Mc 9, 14-29; Lc 13, 10-14).

Esa era la teología de la época, conocida como teología de la retribución, la cual afirmaba que Dios bendecía a la persona justa con riqueza, descendencia y vida larga. Y castigaba a las personas injustas con pobreza, dolencias, sufrimientos, esterilidad y muerte precoz. La situación de opresión y esclavitud se volvió insoportable, dando origen a varios movimientos populares de resistencia.

Retomando las revueltas

Después de la muerte de Herodes, tuvo lugar un renacimiento del mesianismo popular: la espera de un rey, descendiente de David, que iría a restaurar la realeza de Israel. El propio Jesús fue crucificado como “rey de los judíos” (Mc 15,26). Antes y después de Jesús surgieron varios líderes con pretensiones reales. Para el pueblo, especialmente para los campesinos, Herodes y sus sucesores no eran reyes legítimos, sino simplemente fantoches, que gobernaron debido al apoyo de Roma y no como ungido de Dios.

En el reinado de Arquelao, en el día de su posesión, hubo una masacre de tres mil judíos a la puerta del templo, con ocasión de la fiesta de Pascua, en el día de su posesión. El pueblo se amotinó. En Galilea, Judas, hijo de Exequias, organizó un grupo y atacó el palacio de Séforis. En Perea, tenemos el movimiento de Simón, ex-esclavo de Herodes, y en la región de Judea, Astringes. Las diversas rebeliones fueron sofocadas. Jesús creció en este ambiente de revuelta y descontento.

Arquelao fue depuesto en el año 6 d.C. Roma asumió el control directo de Judea. El gobierno civil estaba en manos de procuradores romanos y el poder religioso en las manos del sumo sacerdote, nombrado por Roma. La aristocracia de los saduceos apoyó a Roma. En este momento, surgió una nueva ola de revueltas. Entre los grupos de revoltosos encontramos a los bandidos , grupo social que nació de la sociedad campesina explotada. Se trata de un grupo que hace oposición al régimen injusto y opresor. En general, los bandidos o salteadores, como eran conocidos, recibían apoyo y protección de la población pobre. Eran vistos como defensores de la justicia.

Entre los años 27 y 69 d.C. aparecieron diversas figuras proféticas en medio del pueblo. Existían dos tipos de profetas populares: el que hablaba (pronunciaba oráculos) y el de la acción. La función del primero era anunciar el juicio de Dios. El profeta de acción, tenía el objetivo de motivar a las personas a participar en la acción redentora de Dios. Juan Bautista era un profeta que predicaba la cercanía del juicio de Dios. Él comenzó a predicar alrededor del 27 d.C., formó un movimiento popular fuerte y fue decapitado en el año 29 d.C.

Profetas de acción, como Teudás (Hch 5,36) y el egipcio (Hch 21,38), anunciaron el juicio de Dios, pero también eran líderes de movimientos campesinos de las aldeas de Judea. Eran los llamados profetas de la liberación, influenciados por las tradiciones judaicas del Éxodo y de los grandes líderes, como Moisés y Josué. En medio de las varias corrientes religiosas y filosóficas, aparece Jesús. Con 30 años, él deja Nazaret y se va tras Juan el Bautista, es bautizado por él y, más tarde, Jesús aparece como un predicador itinerante, sin embargo su anuncio y su práctica lo distancian de la predicación de Juan Bautista.

La práctica de Jesús

La predicación de Jesús era diferente del anuncio de Juan Bautista: en vez de hablar del juicio de Dios, él habló de la misericordia y de la gratuidad de Dios. Anunció la llegada del Reino de Dios: “No se preocupen, por lo tanto, diciendo ‘¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos?’ Busquen primero el Reino y la justicia de Dios, y todo lo otro les será dado por añadidura” Mt 12,31.33). Un anuncio sencillo, pero esencial, ya que respondía a las necesidades básicas de la persona. Constituye una llamada urgente a vivir la práctica de la justicia y de la solidaridad.

La población de las aldeas y lugarejos de Galilea, sufría con la explotación del poder civil y religioso. Hambre, miserias y dolencias eran realidades constantes. Jesús experimentó en su propia piel la dureza y el sufrimiento (Mc 6,34). Andando en las plazas, en las casas, en la playa, en las sinagogas y en el templo, encontró leprosos, ciegos, sordos, cojos, dementes, posesos, dolientes, mujeres, niños…Personas excluidas por el poder civil y religioso. El cuidado por los pobres y enflaquecidos, estaba en el centro de la preocupación y de la práctica de Jesús.

Jesús cura en día de sábado (Mc 1,21-28; 3,1-7), pasando por encima de las prescripciones de la ley religiosa. La observancia del sábado era uno de los principales preceptos de la religión judaica. La persona que transgredía la ley del sábado, era castigada con la excomunión o condenación a muerte. Jesús colocaba en primer lugar la vida de la persona y no la observancia de la ley.

En su práctica, rompió con las leyes de la pureza, ya que tocó a un leproso (Mc 1,41). Y más todavía: al atender a un pedido del paralítico, Jesús desafió el poder oficial del sacerdote, la única persona autorizada para presidir el ritual de la purificación. Además del leproso, tocó el cadáver de una niñita (Mc 5,41) y se dejó tocar por la mujer que sufría de hemorragia (Mc 5,24-28). Estas personas eran consideradas impuras por la Ley y podían causar impureza en toda la comunidad.

Jesús no se preocupó con la minuciosa legislación religiosa sobre los alimentos (Mc 7,15-23), ni tampoco con los sacrificios de holocaustos (Mc 2,28; 11,15-17; 12,33), llegando a desautorizar el sistema sacrificial del templo (Mc 7,11-12). Él evidenció que el cumplimiento de la Ley sin considerar la vida y la necesidad de las personas, era equivalente a invalidar la Palabra de Dios.

La manera de actuar Jesús, era contraria a las costumbres de la tradición judaica. Él se relacionaba con publicanos y pecadores, incluso en su grupos de seguidoras/res había un publicano (Mc 2,14-17). La misión de Jesús no estaba restringida a los judíos, ya que él entró en contacto con extranjeros y aprendió, en sus relaciones con estas personas. La sensibilidad y la experiencia cotidiana de la mujer sirio-fenicia, por ejemplo, le enseñaron a transponer las barreras del patriarcado y a abrirse hacia otros pueblos.(Mc 7,24-31).

En la sociedad judaica la familia era considerada fundamental. Jesús rompió con esta estructura, y propuso nuevos lazos entre las personas. “‘¿Quién es mi madre y mis hermanos?’ Y dirigiendo su mirada a los que estaban sentados a su alrededor, dijo ‘Estos son mi madre y mis hermanos. Quien hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, mi hermana, mi madre’” (Mc 3,33-35). Lo que debía unir a las personas no eran los lazos de sangre o la pertenencia al pueblo judío, pero sí la realización de la voluntad de Dios: el servicio de la justicia.

La opresión creada por el poder religioso era más profunda que la sumisión al poder romano. En nombre de Dios se justificaba el nacionalismo judaico, la marginación social, la sumisión ciega a la Ley, la separación entre puro e impuro generando un sentimiento de indignidad frente a Dios y una religión desligada de la práctica social Mc 11, 10.17; Mc 1,39-45). Jesús intentó acabar con el fanatismo judaico (Mc 4,30-32; 13,10). Lo mismo hizo con la marginación social, evidenciando que Dios está contra toda forma de discriminación (Mc 1,39-45). Jesús mostró que Dios siempre está con los pobres: “Bienaventurados son los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios” (Q 6,20). Una enseñanza contraria a la Ley oficial, la que afirmaba que la pobreza era castigo de Dios.

Con su manera de obrar y de vivir, Jesús desautorizó el sistema vigente de su tiempo. No tuvo ningún recelo de enfrentar los dirigentes religiosos y políticos, llegando a denunciarlos fuertemente: “¡Ay de Uds., fariseos, porque cargan a las personas con cargas difíciles de llevar, y Uds. ni las tocan con un dedo” (Q 11,46). Jesús criticó la infidelidad de los sumos sacerdotes (Mc 12,38-40) y acusó a las autoridades de los saduceos de no conocer la Ley y el poder de Dios (Mc 12,18-27). En fin, actuando a contramano de los poderes establecidos, Jesús enfrentó la oposición de los fariseos, escribas, herodianos, saduceos y del imperio romano.

Jesús y los fariseos

Los evangelios presentan al grupo de los fariseos como el principal oponente de Jesús. Se trataba de un partido religioso dentro del judaísmo, cuyo origen se remonta al tiempo de los asmoneos (160-63 a.C.). El nombre fariseo viene del hebreo parash y significa separado. Este grupo no aceptó la política implantada por los asmoneos e hizo oposición al gobierno de Juan Hircano (135-104 a.C) , pero fue durante el reinado de Alejandro Janeo que el conflicto con los fariseos se transformó en una guerra civil (103-76 a.C.). Los fariseos resistieron a la dominación romana y a sus colaboradores –los herodianos y los saduceos- hasta la toma de Jerusalén (70 a.C.).

El grupo de los fariseos era un partido pequeño. Flavio Josefo nos da la información de que el número de ellos en tiempos de Herodes estaba en torno a los 6.000. Ellos, al contrario de los saduceos, creían en la resurrección de los muertos y en la llegada del Mesías, que sería anticipada mediante la observancia de la Ley (Cf. Hch 23,6-8). Por esto, seguían rigurosamente la Ley, y no solamente la Ley codificada en el Pentateuco, sino que también buscaban la interpretación de la Ley: tradición escrita y oral. Los fariseos eran hombres piadosos, guardaban el sábado y las leyes de la pureza (Mc 2,23-3,6; 7,1-23). Mantenían viva la tradición de los antepasados (Mc 7,1) y pagaban el diezmo sobre todos los productos agrícolas, hasta, incluso de las plantas más insignificantes.

La vivencia religiosa de los fariseos era una forma de mantener la identidad judaica y la cohesión del grupo. Era una manera de reaccionar contra la dominación política y cultural de Roma. Ellos se consideraban los verdaderos judíos, por practicar rigurosamente la Ley. Los fariseos eran una fuerza religiosa y política, inclusive había miembros que formaban parte del sanedrín.

Los fariseos por su modo de vivir, eran respetados por la gran mayoría del pueblo judío. Eran maestros de la Ley y educaban al pueblo judío en la fe religiosa. Para ellos, Israel era un pueblo santo, y por lo tanto la ocupación romana contaminaba al pueblo y a la tierra.

De un lado, la fe de Jesús estaba cercana a las convicciones religiosas de los fariseos. Jesús predicaba la llegada inminente del reino de Dios, pero, como los fariseos, creía en la resurrección (Mc 12,18-27). Otro elemento importante era la creencia en los demonios, que estaba presente en la fe de los fariseos y en la de Jesús. Para Jesús los demonios iban a desaparecer con la llegada del reino. Los fariseos y Jesús creían en la cooperación activa entre el ser humano y Dios para la transformación de la realidad (Mc 4,26-29).

Sin embargo, de otro lado, la práctica de Jesús lo separa del grupo de los fariseos. Jesús colocaba la vida por encima de la ley del sábado y no aceptaba las leyes que separaban a las personas en puras e impuras (Mc 2, 23-28), Él no estaba preso a la tradición de los antepasados (Mc 7,1). En el centro de su práctica estaba la misericordia con la persona humana, minimizando así la obligatoriedad de pagar el diezmo. Jesús rompió con las prescripciones de la ley que establecían barreras entre judíos y extranjeras/os. Él se aproximó a personas enfermas y estuvo en contacto con extranjeras/os.

Al contrario de los fariseos, Jesús admitía mujeres y personas pobres, enfermas y extranjeras, como seguidoras (Lc 8,1-3). Él actuó a contramano de otros líderes religiosos de la época.

Jesús comía con pecadoras/es públicos (Mc 2, 15-17), cobradores de impuestos y prostitutas, personas consideradas impuras. Sentarse a la misma mesa era un ritual muy importante, tenía el sentido de admitir a esas personas en su círculo de amigos y familiares. Esta actitud de Jesús provocó varias protestas de parte de los fariseos, ya que amenazaba la santidad del pueblo judío.

Una parte de los miembros del grupo de los fariseos era escriba. La práctica de Jesús entró en conflicto también con los escribas.

Jesús y los escribas

El escriba era un profesional que asumía la función de escribir los documentos oficiales. Había escribas en las aldeas y también en los palacios (1Rs 4,3; Jr 36,10-12; Ne 13,13). A partir de Esdras, alrededor del año 398 a.C., el escriba pasó a ser valorizado y respetado como un maestro religioso. Así era en el tiempo de Jesús y de las primeras comunidades cristianas. Esdras es presentado como un modelo de escriba (Ne 8,1-2; Esd 7,6). La presentación de los escribas como un grupo cohesionado y con un proyecto independiente sólo aparece en los evangelios sinópticos.

En el evangelio de Marcos, hay una alusión directa a los escribas de los fariseos (Mc 2,15). Algunos escribas colocaban a Jesús contra la pared, obligando a defenderse frente a ellos (Mc 9,11; 12,28). Con todo había escribas que miraban con simpatía la enseñanza de Jesús (Mc 12,28).

Los escribas eran autoridades religiosas. Jesús enseñaba como quien tenía autoridad. Esto podía indicar que Jesús tenía su propia enseñanza y no una mera repetición de la Ley y de la tradición de los antepasados. Esta enseñanza era una amenaza para los escribas, generando, poco a poco, una fuerte hostilidad de los escribas para con Jesús (Mc 12,38-40).

El grupo de los escribas cuestionaba a Jesús respecto a las normas de pureza y no concordaba con el hecho de que sus discípulos no habrían hecho las abluciones rituales (Mc 7,1-23). En la mentalidad de este grupo, era un absurdo acoger a publicanos y pecadores (Mc 2,16). Los escribas se aliaron al sumo sacerdote para tramar la muerte de Jesús (Mc 11,18; 14,1). Sintiéndose desafiados en su autoridad, los escribas cuestionaron el poder de Jesús (Mc 11,27-28). En los relatos de la Pasión, los escribas también están representados en el sanedrín (Mc 8,31; 10,33; 14,43).

El documento Q no menciona escribas en lugar alguno, pero aparece la expresión los maestros de la Ley (Lc 11,45ss), que probablemente debe ser una referencia a ellos. Jesús y Juan Bautista fueron los primeros maestros judíos a ser tratados de Rabbi o Rabbuni (Jo 3,26; Mc 9,5; 10,51; 11,21; 14,45). Después de ellos, los escribas también recibieron igual trato. Por lo demás, la manera del actuar de Jesús era muy diferente de los otros escribas.

Jesús se diferenciaba en su forma de enseñar. Era una enseñanza nueva (Mc 1,27), lleno de sabiduría, profecía y de señales del reino de Dios, aconteciendo en la historia (Mc 1,27; 6,2). Jesús hacía referencia a las Escrituras, pero de manera totalmente libre e independiente de normas preestablecidas.
En el evangelio de Mateo, los fariseos y los escribas aparecen como aliados contra Jesús. Este problema era del tiempo de las comunidades cristianas y no de Jesús. Puesto que los escribas quedaron como grupo independiente más tarde.

Para los escribas, Jesús era un verdadero peligro y podía poner en riesgo, la observancia de la Ley. La ley estaba en el centro. Era el corazón del judaísmo. Los escribas creían y colocaban la Ley por encima de todo. Por eso, surgió la profunda hostilidad contra Jesús. Una gran parte de los escribas pertenecía al grupo de los saduceos.

Jesús y los saduceos

El origen de los saduceos es incierto. El nombre saduceo posiblemente venga de Sadoc, un sacerdote-jefe que sirvió en tiempos de David y Salomón (2 Sm 15,24). Desde la construcción del segundo Templo, en 515 a.C., el sacerdocio oficial era ocupado por un sadoquita (Ez 40,46; 44,15). Este cargo tenía importancia cultual y política. En general, el sacerdote sadoquita colaboraba con la política de los pueblos vecinos. Esta apertura implicaba asimilación religiosa de las poblaciones de alrededor.

En el siglo III a.C., cuando Palestina estaba bajo el dominio de los Ptolomeos, instalados en Egipto, los sacerdotes sadoquitas eran adeptos de la helenización. Fueron apartados de sus funciones de sumo sacerdote, en la revuelta de los Macabeos (167 a.C.). Desde 152 a.C. este cargo pasó a la familia sacerdotal de los asmoneos, que pertenecían a una rama secundaria de la familia sadoquita. Por lo demás, las familias sadoquitas, se reconciliaron luego con los asmoneos, intentando adaptarse a una política nacional-judaica independiente. Otros grupos, como el movimiento de los piadosos, los cuales se dividieron en fariseos y esenios, se apartaron de la clase dirigente.

La primera vez que los saduceos aparecieron como grupo fue en el reinado de Juan Hircano / 134-104 a.C.), exactamente en el momento de la ruptura con el grupo de los fariseos. Ellos apoyaron la destrucción del templo de los samaritanos, en el monte Garicim (128 a.C.). En el tiempo de Jesús, los saduceos eran un partido religioso, reconocido por los romanos, de tendencia nacional-liberal. Este partido representaba a la aristocracia, formada por sacerdotes, ancianos y escribas. También había miembros del grupo de los saduceos que eran pobres y algunos de ellos vivían en el interior.

La élite de los saduceos actuaba en el templo y controlaba el sanedrín. En cuanto a doctrina, ellos no creían en los ángeles, en espíritus e igualmente negaban la resurrección de los muertos. El rechazo de la resurrección por parte de este grupo aparece en los evangelios (Mc 12,18-27; Mt 22,23-33; Lc 20,27-40). Los saduceos negaban toda forma de inmortalidad, rechazaban la tradición oral, los profetas y los sabios. Aceptaban únicamente la autoridad de la Torá. En los relatos de la Pasión, aparecen los saduceos ocupando un lugar central (Mc 12,18-27; Mt 3,7-10; Mt 16,1-12).

Toda vez que los saduceos no creían en la continuidad de la vida después de la muerte, ni tampoco en la participación de Dios en el destino de la persona, defendían el Templo y el sanedrín como instituciones centrales para reconstruir el reino de Israel. Por eso, ellos llegaron a colaborar con el imperio romano a fin de preservar el Templo.

Jesús estaba más próximo de los fariseos que de los saduceos. Jesús criticó fuertemente el sistema del templo, atacándoles duramente, ya que los intereses de ellos, estaban ligados al templo (Mc 11,15-19). Probablemente, los saduceos eran los verdaderos enemigos de Jesús. La aristocracia del templo se sentía amenazada por Jesús, un galileo que reivindicaba autoridad, lo que debería haber sido visto como una verdadera provocación, al fin y al cabo, él era un laico y de una región de gente considerada inferior. El sanedrín que condenó a muerte a Jesús, estaba dominado por la presencia de sacerdotes saduceos. Existía una coligación entre los saduceos y los herodianos para colaborar con el sistema del imperio romano y mantener así el control de la Palestina judaica.

Jesús y los herodianos

Lo que podemos saber respecto a los herodianos es muy poco. Era un grupo que apoyaba el dominio de la casa de Herodes y de los romanos. En nuestros evangelios tenemos dos referencias a ellos: “Después que salieron, los fariseos deliberaron con los herodianos contra Jesús, acerca de los medios par hacerlo perecer” (Mc 3,6). “enviáronle entonces, algunos de los fariseos y de los herodianos, para enredarlo con alguna palabra” (Mc 12,13// Mt 22,16).

Los herodianos aparecen en dos momentos relacionados con el poder. En Marcos 3, 1-6
en el contexto de una curación en día de sábado. Frente a algunas personas que querían acusarlo, Jesús lanzó algunas preguntas: “¿Qué está permitido hacer en día sábado, hacer el bien o hacer el mal? ¿salvar una vida o matarla?” (Mc 3,4). La ley del sábado termina cuando la vida está amenazada. En el pasado, otros grupos de judíos piadosos, actuaron de esta forma, por ejemplo, en la guerra de los Macabeos (1Mac 2,41), después de una masacre sin ninguna resistencia de los judíos en día sábado, entró la costumbre de violar la ley de cara a la defensa de la vida.

La segunda citación de los herodianos, es en el contexto del pago de los impuestos (Mc 12,13-17// Mt 22,16-22). Los impuestos sobrecargaban a la población desde el tiempo de Herodes. El peso de los tributos provocó el surgimiento del banditismo social, toda vez que el no pago de un tributo era una de las principales causas de expropiación de tierras de pequeños productores.

El pago de los impuestos directamente a los romanos, era considerado como esclavitud y una trasgresión al primer mandamiento. Pero el pueblo judío tenía menos oposición en pagar a un rey de Galilea, el cual, a su vez, pagaba a los romanos. Los herodianos eran intermediarios y lucraban con esta posición. Por esto, es bien probable que ellos quisieran una postura clara de Jesús sobre esta cuestión. Los fariseos veían en el pago de los impuestos una idolatría.

Los herodianos y los fariseos colocaron a Jesús frente a una cuestión crucial y peligrosa: “¿Estará permitido, si o no, pagar el tributo al Cesar? ¿Debemos pagar o no pagar? (Cf.Mc 12,14). Un verdadero dilema. Cualquiera que fuera la posición de Jesús, estaría en situación de riesgo: si él aceptaba el pago del tributo, perdería el favor del pueblo; pero si lo rechazase, entonces estaría contra el poder local.

Como podemos observar, los herodianos aparecen en el contexto del ejercicio del poder: observancia estricta de la Ley y pago de impuestos. Jesús no participa de estas instancias de poderes que oprimen al pueblo. Su práctica lo distancia de los otros liderazgos políticos y religiosos de su época. A medida que las personas creen en Jesús y lo siguen, él se vuelve peligroso. Las autoridades religiosas y políticas se sienten amenazadas y comienzan a tramar su muerte.

Consideración final

En los días 19 y 22 de agosto del 2004, ocurrieron dos ataques brutales contra los moradores de la calle, en la ciudad de São Paulo. Las víctimas fueron violentamente golpeadas en la cabeza, mientras dormían. Quince personas fueron alcanzadas, de entre ellas seis murieron y algunas necesitarán de cuidados permanentes.

Visitamos los lugares donde las personas fueron atacadas. El sufrimiento estaba impreso en las paredes y en las piedras. Muchas personas continúan en las calles, expuestas a la violencia y a los desequilibrios de una sociedad enferma. En el aire, se percibe un eco de un grito silenciado. Dolor, lágrimas, miedo, indignación. Es necesario aproximarse a esta realidad. Tocar y dejarse tocar por las personas enflaquecidas que claman por la vida. Mirar en los ojos de ellas, estar con ellas…

En el tiempo de Jesús, como en los días de hoy, la ley del puro y del impuro y la pax romana –la ley de la seguridad nacional– excluían las personas pobres e inocentes. Jesús asumió el servicio de la justicia en defensa de las personas más pobres y enflaquecidas. Su gesto de obrar, desautorizaba el sistema judaico legalista y el sistema implantado por el templo. Esto causó conflictos con el partido de los fariseos, con los escribas, con los saduceos, con los herodianos.

El mensaje de Jesús reunía a grandes multitudes. En todo el canto, se oían los rumores sobre curaciones, exorcismos y milagros que él realizaba, así como su postura radical contra el cobro de los impuestos romanos, el templo de Jerusalén y Herodes Antipas. Poco a poco, su popularidad se volvió una amenaza para los poderosos.

Jesús fue crucificado por ser considerado como enemigo de los romanos y de la élite sacerdotal de Jerusalén. Jesús no era un Mesías conforme a la mentalidad tradicional de un rey. Su práctica de estar junto a las personas, de tocar y dejarse tocar por ellas, les devolvió la certeza de la llegada del Reino de Dios. Jesús tuvo el coraje de denunciar los abusos de las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. El resultado no podía ser otro. Él fue juzgado y condenado a muerte de cruz. La crucifixión pública era una forma de amedrentar y desarticular el movimiento popular.

La crucifixión tuvo su origen en Persia. Era una penalidad cruel y horrible. En el tiempo del imperio romano era una forma romana de ejecución, destinada a los esclavos y a los habitantes de las provincias, por rebelión o por un robo grande. Por su crueldad, la muerte en cruz era vista por los judíos como escándalo y maldición de Dios (Dt 20,22-23).

Jesús muerto en la cruz era un verdadero escándalo y un duro golpe para sus seguidores y seguidoras (1Co 1,23; Gal 5,11). Jesús murió como criminal y subversivo. Su muerte es un hecho. Sin embargo permanece la pregunta: ¿Por qué Jesús murió? ¿Cuál fue su crimen? El conflicto y la cruz son inevitables en la vida de aquellas y de aquellos que intentan vivir plenamente el amor y exigir vida plena para todas y para todos. Hoy, ¿cuáles son las personas que están siendo crucificadas y quién está a su lado?

Shigeyuki Nakanose
Maria Antônia Marques
Rua Verbo Divino 993
São Paulo/SP
04719-001
Brasil

Bruce J.MALINA y Richard L.ROHRBAUGH, Social-Science Commentary on the Synoptic Gospels, Minneapolis: Fortress Press, 1992, 422p. (en especial p. 7-8).

Kenneth C. HANSON y Douglas E. OAKMAN, Palestine in the Time of Jesus: Social Structures and Social Conflicts, Minneapolis: Fortress Press, 1998, 235p. (en especial p. 106-110).

Martín VOLKMANN, Jesús e o templo, São Paulo/São Leopoldo: Paulus/Paulinas, 1992, 170 p.(en especial la p.53).

K.C. HANSON y Douglas E. OAKMAN, Palestine in the Time of Jesús: Social Structures and Social Conflicts, p.113.

Ana Flora ANDERSON y Gilberto GORGULHO, Jesus de Nazaré 2000 – O profeta da compaixão, São Paulo 2000, 76p. (en especial p.13).

Martin VOLKMANN, Jesús e o templo, p.63-65.

Bruce MALINA, El mundo del Nuevo Testamento – Perspectiva desde la antropología cultural, Editorial Verbo Divino: Estella (Navarra), 1995, 240 p.

Flavio JOSEFO, Antiguidades judaicas, 17,745, en História dos Hebreus, vol.5, São Paulo:Editora das Américas, 420 p.(en especial p.224).

Richard A. HORSLEY y John S. HANSON, Bandidos, profetas y messias, - Movimentos populares no tempo de Jesús, São Paulo: Paulus, 1995, 226 p.(en especial p.57-88)..

Cf. Shaye J.D. COHEN, From the Macabees to the Mishnah, p.15.

Cf. Norman K.GOTTWALD, Introdução socioliterária à Biblia Hebraica. P.419. Alejandro Janeo mandó crucificar 800 fariseos, después de haber mandado matar, enfrente de ellos, sus esposas y sus hijos. Cf. Flavio JOSEFO, Antigüidades judaicas, 13,558, en História dos hebreus, vol.4, p.197.
Estos acontecimientos pueden ser datados entre los años 96-95 a.C. Cf. James SS. MCLAREN, Power and Politics in Palestine. The Jews and the Governing of their Land 100 BC-AD 70, p. 56.

Flavio JOSEFO, Antigüidades judaicas, 17, 726, en História dos Hebreus, vol.5, São Paulo: Editora das Americas, 1956, p.177; John McKENZIE, Dicionário bíblico, São Paulo: Paulus, 1984, p.339; Joaquin Jeremias, Jerusalém no tempo de Jesus – Pesquisas de história econômico-social no período neotestamentário, São Paulo: Edições Paulinas, 1983, 514 p.(en especial p.340,n.46).

Joachim JEREMIAS, Jerusalén no tempo de Jesús, - Pesquisas de história econômico-social no período neotestamentário, p.303-316.

Martin GOODMAN, A classe dirigente da Judéia – As origens da Revolta Judaica contra Roma, 66-70 d.C., Rio de Janeiro: Imago, 1994, 268p. (en especial p.88)

Cf. Martin VOLKMANN, Jesús e o templo, p.18-19.

Richard A. HORSLEY y John S. HANSON, Bandidos, profetas e messias p. 52

{
}
{
}

Comentarios Jesús de Nazaret y sus opositores en su época.

Deja tu comentario Jesús de Nazaret y sus opositores en su época.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre