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La mayordomía cristiana lección primera.

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Lección Primera

I. La sagacidad del mundano y la negligencia del espiritual
(V. 8) “... porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz”:

Además del hecho de que los mundanos son más astutos en el trato con los demás para obtener beneficio, que lo son los creyentes, que por lo general tienen menos “vista” por ser por naturaleza más confiados, este versículo tiene otra lectura:

Nos enseña Jesús algo que es notorio:
En el trato con los semejantes, los mundanos son más astutos, más listos, más esforzados en buscar su provecho que los cristianos en buscar lo que es provechoso de verdad; es decir, lo que es de Dios.

No es que el mayordomo en cuestión hubiera obrado bien al engañar a su amo rebajando por su cuenta la deuda de los deudores, pero, la lección aquí, es que él SE ESFORZÓ EN BUSCAR LA MANERA DE SALIR ADELANTE PLANEANDO CADA DETALLE.

Por regla general, el hombre natural, se esfuerza en buscar su propio provecho de forma más fehaciente que el cristiano busca lo que es del reino de Dios, aunque esto último constituye su responsabilidad.

Dice Barclay con toda razón:

Los cristianos lo serían más auténticamente si estuvieran tan interesados en vivir su fe hasta las últimas consecuencias como los mundanos lo están en conseguir dinero y lo que se obtiene con él. Nuestra vida cristiana empezará a ser real y efectiva cuando le dediquemos tanto tiempo e interés al Evangelio como algunos le dedican al placer, al hobby, o al deporte”.

¿Qué es lo que realmente nos motiva en la vida, lo nuestro egoísta, o lo del Señor? ¿Es realmente lo nuestro, lo del Señor?

I. En busca del “arca perdida” de la verdadera excelencia

El hombre natural se esfuerza hasta lo imposible para hallar un hipotético bien. Por motivos muy discutibles, ha sido capaz de cruzar océanos en débiles embarcaciones, de conquistar nuevos mundos, de explorar selvas intransitables, de llegar hasta las cumbres más altas del globo y descender hasta lo profundo del mar, de cruzar la Antártida, sólo por un anhelo de triunfo y reconocimiento personales.

Ha sido capaz de llegar hasta la luna, según parece. Capaz de lograr las más increíbles proezas, buscando la reputación, el prestigio y el honor entre los demás hombres; buscando el agradar a los demás y que los demás se agraden de ellos, y de tener un hueco en la historia. Vanidad de vanidades, si se piensa bien.

CB107114

El hombre ha sido capaz de llegar y cruzar el continente antártico, con elementales medios, buscando su autosuperación…pero, ¿y el cristiano en cuanto a su Dios?”

Esto en cuanto a lo concerniente al hombre natural, pero... ¿Qué hay en cuanto al hombre espiritual, que dice ser amador de Dios?

¡Qué pocos hombres y mujeres de Dios ha habido que, en proporción, hayan buscado de verdad el agradar a Dios como los hombres naturales buscan el agradarse a sí mismos y a los demás! He ahí la diferencia.

Por lo general, el hombre natural busca la excelencia en sus cosas por motivos personales e incluso carnales. ¿Y el hombre y la mujer de Dios?...

Sin embargo, es también la excelencia en el servicio al Señor lo que Él valora. No porque deban ser siempre grandes las proezas, sino porque deben ser hechas con excelencia, es decir, agradándole (porque el Señor ve el corazón).

Tantas veces se oye aquello de: “Bueno, ¡con que es para el Señor!; Él ya sabe”, realmente como excusa para hacer algo mediocre, porque sabemos que el Señor es misericordioso; también tomando como excusa aquello de: “Bueno, lo importante es la actitud con que se hagan las cosas, no las cosas en sí”, neciamente olvidando de que, si el resultado es regular, es porque el motivo lo es también.

  • Si de forma egoísta, el mundano busca la excelencia en todo, con mayor motivo nosotros deberemos ser excelentemente diligentes en todo lo que hagamos, porque hemos de hacerlo para el Señor, a quien servimos, y quien merece nuestra total rendición y grandeza en el servicio.

Leemos en Colosenses 3: 23, 24

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís”.

El incrédulo lo hace todo según su corazón egoísta; nosotros lo hemos de hacer según un corazón rendido a Dios. Así lo haremos de forma excelente. La motivación del impío es el amor a sí mismo. La motivación del creyente ha de ser el amor a Dios.

El mayordomo infiel se las ingenió para buscarse la vida. ¿Seremos capaces nosotros de tener ese mismo celo que él tuvo para sí mismo, pero nosotros, para con las cosas de Dios?

Jesús dijo:

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6: 31-33)

“El egocéntrico sólo se sirve a sí mismo. Ese es el prototipo mundano por excelencia”

La pregunta es inevitable:
¿Cuánto buscamos de verdad el Reino de Dios, así como los mundanos buscan su propio reino?

Y también:
¿Dónde está nuestro santo afán? ¿En el reino de Dios y su justicia, o en las cosas en las que se afanan los incrédulos? Seamos sinceros.

Mirándose a uno mismo
La prisa que se dio el “Mayordomo Infiel” en buscarse la vida, era debida a su EGOÍSMO y a su TEMOR.

  • El egoísmo produce temor e inseguridad porque uno está más pendiente de sí mismo, y por tanto, de su incapacidad, que de Dios y por tanto, de Su poder.

El mayordomo infiel se miraba a sí mismo porque no conocía a Dios. Tenía cierta excusa entonces, pero... ¿qué excusa tenemos nosotros si hacemos lo similar?

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Comentarios La mayordomía cristiana lección primera.

Este artículo me ha ayudado, gracias, espero que siga ayudando a muchos otros cristianos.
Fiorella Fiorella 19/10/2010 a las 23:58
me gustó mucho el artículo, solo no entiendo que significado tiene la foto de la familia Luna en ese lugar. y quisiera saberlo .  Bendiciones,.
rossy rossy 16/05/2011 a las 20:20
DOY GLORIA AL SENOR POR TAN EXELENTE ENSENANZA,Y AGRADECIMIENTO A UD. POR COMPARTIR EL CONOCIMIENTO QUE DIOS LE HA DADO CON SU PUEBLO.MUCHAS GRACIAS. CREO COMO UD. QUE DEBEMOS PROFUNDIZAR MUCHO MAS EN NUESTRO COMPORTAMIENTO ESPIRITUAL COMO CRISTIANOS VS.EL COMPORTAMIENTO DE AQUEL QUE NO HA CONOCIDO A DIOS, Y QUE POR LO TANTO VIVE AL ANTOJO DE SUS CAPRICHOS.O SOMOS, O NO SOMOS.
Antonio Rivera Antonio Rivera 14/11/2013 a las 09:34

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