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El príncipe Felipe de Asturias listo para el trono.

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Felipe, un Rey para el siglo XXI   (Ojo con este príncipe)


Es joven y un día reinará. Es el príncipe mejor preparado de nuestra historia. Ha sido educado desde el día de su nacimiento.Y para muchos es un gran desconocido. Así es el hombre que ocupará el trono de España.

Ha crecido con la democracia. Cuando Franco murió tenía siete años. Trece recién cumplidos el 23-F. Sopló las velas de su mayoría de edad jurando la Constitución. Se chapuzó de libertad en la universidad. Es el príncipe más preparado de la historia de la monarquía española. Un día será rey. Un rey diferente.

Su Alteza Real el Príncipe Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, Heredero de la Corona, Príncipe de Asturias, de Girona y de Viana, Duque de Montblanc, Conde de Cervera y Señor de Balaguer. Estos son los títulos que le sitúan en la Historia.

En la foto de la izquierda, imagen del bautizo del Príncipe el 8 de febrero de 1968. La reina Victoria Eugenia y Don Juan de Borbón fueron sus padrinos en un día histórico pues la Reina pisaba España por primera vez después de 37 años en el exilio.

En privado, pero muy, muy en privado, Felipe de Borbón, DNI 015, es uno más. Pero es un mundo al que apenas un puñado de personas tiene acceso. En el que es, simplemente, Felipe.

La elección de la universidad (la Autónoma de Madrid) y la carrera (Derecho y siete asignaturas de Económicas) y posteriormente un máster en Georgetown, trajo de cabeza al grupo encargado de su formación. No había precedentes. Como en todo lo relacionado con el príncipe de Asturias, se hace camino al andar. En su educación, actividades, funciones, organización. No hay textos. Ni siquiera la historia vale. "Hace cuatro siglos, un príncipe se legitimaba por la sangre; hoy, por el ejercicio", explica un jurista cercano a La Zarzuela. Tampoco sus predecesores inmediatos sirven como referencia. Alfonso XII fue coronado a los 18 años y Alfonso XIII a los 16; don Juan de Borbón vivió 50 años exiliado como rey sin corona. Don Juan Carlos tuvo que esperar en la sombra durante décadas hasta la muerte del General Franco. En la práctica, el príncipe de Asturias es el primer príncipe de Asturias.

La historiadora y mentora Carmen Iglesias explica que a la hora de aprender, el Príncipe de Asturias, "ha sido siempre una esponja" , "absorbía todo" lo que se le enseñaba. "Aunque muy joven, era de esos alumnos que se emocionan cuando descubren una nueva perspectiva en algo que ya creían sabido".

Dos de las actividades con las que más se identifica son la cultura y la economía. "Me siento cerca del mundo empresarial; es un mundo emprendedor, dinámico, en movimiento. Es un sector que realiza algo tangible por nuestro país. Quiero hacer todo lo que pueda por ese sector, abrir todas las puertas que me sea posible y ser su embajador si ellos lo creen y me siguen llamando". "Trabajar para lograr la implantación y el conocimiento de España en el mundo es uno de mis objetivos primordiales".

Cuando está serio, el Príncipe ofrece una expresión dura, adusta, distante. Impone. La mandíbula tensa, los ojos entornados, los labios perfilados en una línea que los hace invisibles. Escudriña desde su azotea. Su mirada se detiene en algo o alguien y continúa su recorrido. No se le escapa nada. En mitad de un acto oficial puede descubrir a su secretario, Jaime Alfonsín, de pie en un rincón y mostrarle con una seña un asiento libre en la primera fila. "Es un detallista", afirman sus subordinados.

La imagen hierática se evapora cuando sonríe. El rostro se vuelve infantil y dulce. Aparecen unos dientes imperfectamente alineados que, junto a sendas cicatrices en la barbilla y en el labio superior y una onda rebelde en el tupé, proporcionan un reencuentro con su lado humano. Felipe de Borbón sonríe a menudo. Eso le salva. También se ríe. Fuerte, desde dentro; arquea la espalda y echa la cabeza hacia atrás. Y trae por unos segundos a la memoria una vieja foto de su abuelo paterno, don Juan de Borbón.

Los cinco primeros mandamientos del Príncipe rezan así: tímido, prudente, preparado, agradable y serio.Tímido o no, poco importa. Él sabe lo que siente; la sensación que le recorre la espina dorsal en el instante en que hace su aparición, solo, como un torero, en un acto público.

Si se bucea en un círculo un poco más cercano, se añaden a esta lista los adjetivos responsable, cariñoso, sutil, curioso, reflexivo y reservado. Una vuelta de tuerca más y aparece un testarudo, entrañable, sentimental, romántico, tranquilo, dotado de una memoria fotográfica y de un poco frecuente sentido común, sólido en sus convicciones, experto contador de chistes, buen gourmet, adicto a la amistad, enormemente celoso de su intimidad y, sobre todo, "un hombre cómodo en su papel; se encuentra bien en su oficio, ha sabido cogerle el tono y no tiene conflictos existenciales sobre su destino. Nunca habla si no tiene algo que decir". La frase la pronuncian calcada uno de los corresponsales de prensa extranjera más prestigiosos de nuestro país y un importante hombre de negocios y ministro durante la transición.

Siempre sonriente. Actores, políticos, artistas, estudiantes, ecologistas, militares, científicos, deportitas, empresarios. "Quiero que me conozcan los españoles, si no nada tendría sentido; el trabajo, el esfuerzo. Quiero conocer cada vez más a la gente, y que ellos me conozcan cada vez más a mí, y que haya un intercambio de información sobre cómo soy yo y cómo son ellos, y cuáles son sus problemas".Sigue el consejo de su padre de hacerse conocer por los españoles. Periplos maratonianos. Hoy por hoy, esta es su mayor ilusión. Y "ser útil": dos palabras que encierran su pensamiento.

El Príncipe afirmaba sobre su profesión: "Es un oficio difícil de definir, de explicar; un oficio que sólo tiene un objetivo: servir a los españoles. Un oficio de familia que hay que perfeccionar cada día".

Es sensible. Las penas de la gente le tocan hondo. Los que le conocen lo confirman: "Lo pasa mal cuando ve imágenes de catástrofes; en visitas a lugares donde ha habido algún siniestro, ha tenido que hacer de tripas corazón", explica un antiguo ayudante. En los funerales por víctimas del terrorismo, por ejemplo, su abrazo sincero consuela a los familiares que han perdido algún ser querido.

La Reina es su principal referente vital. De ella ha heredado el sentido de la responsabilidad y la prudencia. Dicen que le falta el tirón popular del Rey; su simpatía espontánea. Sus tablas. El olfato, la inteligencia política desarrollados tras muchos años de dificultades. Felipe de Borbón lo suple con reflexión. Tiene su propio estilo. Ni mejor ni peor: el suyo. Escucha. Observa. Estudia. Busca información. Pide papeles. Duerme poco. Internet y CNN le acompañan de madrugada. Toma notas continuamente. Luego las desarrolla. Toca y retoca los discursos que le escriben. Tacha, añade, sube y baja, sustituye, estudia cada palabra hasta el paroxismo. El resultado es prácticamente suyo. En sus intervenciones abunda la palabra solidaridad.

"Respecto al Príncipe, la Constitución sólo prevé el juramento al cumplir la mayoría de edad, la regencia y las normas para el matrimonio", explica Fernández Campo. "Y el hecho de que no estén reguladas sus actividades puede inducir a la conveniencia de aclararlas o reglamentarlas como complemento de la Constitución. Habría que buscar el término medio ideal: ni una indefinición absoluta, ni una normativa exhaustiva. Porque hasta el momento en que sea coronado, el Príncipe realiza misiones, acude a infinidad de actos, pronuncia discursos, visita países extranjeros y autonomías. Sin duda tiene importancia lo que hace; lo que dice, lo que promete o lo que incluso puede censurar. El tacto tiene que ser adecuado y la prudencia extraordinaria. Su actuación ha de convertirse en una auténtica obra de arte".

No perdió el tiempo en sus estudios internacionales. Consiguió la máxima calificación, summa cum laude, al final de su master en Servicio Exterior.

Despacha a diario con su padre (jefe, consejero, amigo y ejemplo). "Se especializó en lo que serán los tres ejes de su labor diplomática: Latinoamérica, norte de África y Oriente Próximo. Hoy su conocimiento y sus contactos en esas zonas son envidiables. Tiene información privilegiada debido a su amistad personal con las monarquías de esas regiones. Y a que asiste a las tomas de posesión de los jefes de Estado americanos. Está tejiendo una red de la que muy pocos políticos pueden presumir.

¿Y el futuro? Nunca habla de cuando llegue al trono. Según uno de sus catedráticos, al Príncipe le tocará como rey "gestionar la normalidad, ser un técnico de la Monarquía; no va a tener una misión histórica como la de su padre, pero saber moverse a velocidad de crucero también es difícil". "¿Su papel?", se pregunta Fernández Campo, "el mérito tal vez radique en la normalidad de todos los días, sin aspirar a grandes gestos ni a acontecimientos que marquen momentos históricos, sino a ejercer la moderación, que, al fin y al cabo, será su función más importante cuando llegue al trono". Para Aurelio Menéndez: "El cometido del Príncipe será gestionar su herencia e impulsarla. Tiene que estar alerta ante lo que viene: la tecnología, la internacionalidad, la globalidad; esa Europa de dentro de 20 años que hoy es inimaginable. Tiene un papel lleno de contenido: acertar a impulsar la España del 2000 por nuevos caminos. No será de tal relumbrón como traer la Monarquía o la Constitución, pero tendrá su papel".

Después de una breve y discreta relación, el 1 de noviembre de 2003 se anunció su compromiso matrimonial con Doña Letizia Ortiz Rocasolano, hasta el día anterior presentadora del telediario de máxima audiencia en Televisión Española. El enlace se celebró el 22 de mayo de 2004 en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid.

Un día antes de cumplirse los dos años del anuncio del compromiso matrimonial, nacía su hija y heredera, la Infanta Leonor y en 2007 nació su segunda hija, la Infanta Sofía.

En la celebración del 70 cumpleaños del Rey, Don Felipe le dirigió unas cariñosas palabras: "Gracias, querido patrón -como nos gusta llamarte, tal y como le llamábais los hermanos a vuestro padre, nuestro querido abuelo-, por tu permanente ejemplo de vida intensa, entregada al servicio de la Nación". "Ese es el legado que vas conformando día a día y que se convierte en "carta de navegación" fiable para los que te seguimos en la vida y damos continuidad a tu vocación, para los que te admiramos y te queremos".

Con motivo de su 40 aniversario, la Casa Real ha difundido imágenes de la vida cotidiana del Príncipe donde se le puede ver preparando sus actos oficiales, enseñando a su primogénita a ir en bici o leyendo cuentos con su esposa e hijas. Al fin, una auténtica familia real en el calor del hogar.

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Comentarios El príncipe Felipe de Asturias listo para el trono.

mis felicitaciones al principe de asturia por su gran responsabilidad realizada,desde puerto rico ivelisse kristal de roca
ivelisse kristal de roca ivelisse kristal de roca 21/07/2009 a las 04:29
EL PRNCIPE FELIPE   ES  EL  ANTICRISTO 
CHEQUEN   SU  NOMBRE    TIENE     6 LETRAS   SUS  APELLIDOS IGUAL  POSEE  GRANDES  CONOSIMIENTOS  ADEMAS  TIENE   UNA INTELIGENCIA    MUY CODICIADA    PUEDE  SER  UN  LIDER    MUNDIAL  SI LO  DESEA   SOLO MIREN LO
JUAN    CARLOS JUAN CARLOS 30/07/2009 a las 21:12
Que digo yo que el porcelanas este,no lo veo yo  mucho ni de rey  ni de nada y mas con lo que esta cayendo a hora a la royal family.En este pais hay mas juancarlismo que monarquia ya veremos que pasa cuando falte el padre y si la gente de verdad quiere una monarquia anacronica y nada democratica.Un referendum y mas de uno se lleva una sorpresa.
Diabla satanasa Diabla satanasa 28/11/2011 a las 23:48

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