Avisar de contenido inadecuado

El problema del Roll pastoral moderno.

{
}

 

El Problema del Rol Pastoral Moderno

La noción comúnmente aceptada de “sola pastora” (un sólo pastor) está en pugna con la noción del NT. No hay una palabra en La Biblia que describa a una persona que lleve el timón de una iglesia local, dirija sus asuntos, le predique cada domingo, conduzca sus bautismos, y oficie el servicio de la comunión (o Cena del Señor).

     El “rol pastoral” profesional altamente especializado del Protestantismo moderno es una novedad posbíblica que evoca una tradición sacerdotal inventada por los hombres.  En su esencia,  es un lastre del Romanismo (el sacerdote) que refleja los pobres y débiles elementos  de la economía Levítica

     El rol pastoral es tan pernicioso que pervierte a los muchos que ocupan esta posición. Los que son seducidos por los símbolos del éxito que rodean al clericalismo profesional, siempre terminan siendo virtualmente corrompidos por él. Dios nunca ha llamado a nadie para que lleve  sobre sí mismo la pesada carga de ministrar a las necesidades de la iglesia.

     Quizás la característica más  desalentadora del moderno rol pastoral es que mantiene en la infancia espiritual a la gente que afirma servir. Ya que el rol pastoral usurpa el derecho del creyente a ministrar de una manera espiritual, termina deformando al pueblo de Dios, haciéndolo débil e inseguro.  

     Es cierto que  muchos que desempeñan este rol lo hacen por razones laudables, y no pocos de ellos desean sinceramente que sus hermanos asuman una  responsabilidad espiritual.  (Muchos pastores viven con esta frustración, pero pocos han relacionado el problema con su profesión).    

     Sin embargo, el moderno oficio de “pastor” siempre sofoca y arrebata el poder al sacerdocio de los creyentes, sin tener en cuenta qué tan fuera de control puede llegar a ser la persona que llena esta posición. 

     Ya que el pastor lleva la carga del trabajo, la mayoría de los hermanos se vuelven pasivos, perezosos, egoístas y dejan de crecer espiritualmente.  De esta manera, es inevitable que pastores y congregaciones igualmente terminen convirtiéndose en inválidos espirituales, inutilizados por este oficio antibíblico.

     Mientras que el NT llama “apóstol” a Pablo, “evangelista” a Felipe, “maestro” a Manaén y “profeta”  a Agabo, ¡nunca identifica  a alguien como pastor!  De hecho, la palabra “pastor” se utiliza solamente una vez en todo el NT (vea Efesios 4:11). “Pastor” se usa como metáfora descriptiva, nunca como  título u oficio eclesiástico.  Esto no se toma en cuenta en la práctica común. En nuestros días se tiene al “pastor” como la figura más valiosa de la iglesia, y su nombre se pone entre luminarias en las marquesinas de las iglesias en todas partes del mundo.  (Uno se pregunta por qué los nombres de otros ministerios no aparecen en estas marquesinas cuando el NT les otorga mucha mayor atención).

     El rol pastoral moderno socava la Jefatura de Jesucristo y tiene un efecto espiritual paralizante en la iglesia. Despoja de su plena función al sacerdocio (de todos los creyentes) tan amado por Dios. Además, su sola presencia diluye y ahoga a los creyentes “ordinarios”  que están igualmente talentosos para pastorear y enseñar al rebaño. (No pone atención al hecho que la Biblia enseña que cada iglesia debe tener múltiples pastores y que todos los miembros tienen una responsabilidad pastoral). 

     Típicamente, si alguien, aparte del pastor, se atreve a pastorear o enseñar a las ovejas (aun si ese alguien es digno de confianza, maduro y está espiritualmente inteligentes), el pastor se sentirá amenazado y terminará con ello con el pretexto de “proteger” al rebaño.

     Siendo más específico y directo, la idea que se tiene hoy en día del “pastor” está muy lejos del pensamiento de Dios. Impone a la dinámica de la comunidad del NT la camisa de fuerza del Antiguo Testamento. 

     No obstante, a pesar de las tragedias espirituales que esto engendra, las masas continúan dependiendo, defendiendo e insistiendo en la existencia de este rol tan antibíblico.  Por esta razón los así llamados “laicos” son tan responsables del problema del clericalismo como lo es el mismo “clero”. Como dice Jer. 5:31, (RV60)  los profetas profetizaron mentira,  y los sacerdotes dirigían por manos de ellos;  y mi pueblo así lo quiso.   ¿Qué,  pues,  haréis cuando llegue el fin?

 

     Hablando con toda franqueza, los cristianos prefieren la comodidad de tener a alguien aparte de ellos que cargue con la responsabilidad del ministerio y el pastoreo.  Para ellos, es mejor pagar a un especialista religioso que atienda las necesidades de los hermanos, que molestarse con las demandas espirituales del servicio y el cuidado pastoral las cuales nos llevan a sacrificar aun la propia vida. 

     Las palabras del antiguo profeta captan el disgusto del Señor con esta manera de pensar: “Establecen reyes que yo no apruebo, y escogen autoridades que no conozco...” (Ose 8:4a).

     A la luz de estos hechos graves, uno puede preguntar inteligentemente cómo es que el moderno rol pastoral continúa siendo la forma generalmente aceptada de liderazgo en la iglesia de hoy.  La respuesta está profundamente arraigada en la historia de la reforma, y continúa siendo reforzada por los imperativos culturales actuales. 

     Nuestra obsesión Occidental en el siglo XX por los oficios y títulos  nos ha llevado a anteponer nuestras propias ideas del orden eclesiástico por encima del NT. No obstante, el espíritu y los valores de las epístolas del NT militan contra la idea del sistema de un solo pastor, así como el del anciano, entendido éste como oficio.

     La Escritura está en pugna igualmente contra el concepto del “pastor principal”, que consiste en la práctica común de elevar a uno de los pastores (ancianos) a una posición prominente de autoridad.  Pero el NT en ninguna parte aprueba la noción de primos Inter pares – “primero entre iguales”.  Al menos no de una manera oficial o formal.

     Esta ruptura entre “el pastor” y los demás ancianos es un accidente de la historia.  Sin embargo, ya que ésta encaja perfectamente bien con nuestra manera de pensar aculturada a la americana, los creyentes modernos no tienen problema en creer que La Escritura enseña esta falsa dicotomía.

     En resumen,  el moderno rol pastoral es poco más que una mezcla de liderazgo, administración, psicología y oratoria del tipo “una-talla-para-todos”; todo en un solo paquete para el consumo religioso.  Como tal, el rol sociológico del pastor, como se practica en el Occidente, tiene pocos puntos de contacto con algo o alguien del NT.

{
}
{
}

Deja tu comentario El problema del Roll pastoral moderno.

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre