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¿Tan fácil que hasta un cavernícola puede hacerlo?

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Jueves 24 de enero de 2008

¿Tan fácil que hasta un cavernícola podría hacerlo? (1)

Stan Lennard

 

El lema de los populares avisos comerciales de Geico resulta familiar para la mayoría de los televidentes. Muestra la frustración, el resentimiento y la ira de cavernícolas hacia ciertos ejecutivos corporativos del siglo XX que muestran sus productos como tan fáciles de usar que estos meros cavernícolas pueden hacerlo. Es una campaña publicitaria tremendamente exitosa.

 

¿Quiénes son estos cavernícolas? Lo más probable es que representen a los hombres de Cro-magnon, seres humanos que vivieron al menos 35.000 años atrás. ¿Cómo consideran los seres humanos contemporáneos, o "modernos", a los primeros humanos en términos de sus capacidades intelectuales y físicas? Vienen a la mente palabras como "ignorantes", "toscos", "violentos" y "poderosos", y se supone que eran lingüísticamente primitivos, aun guturales en su expresión. Pero esta clase de adjetivos no son descripciones justificadas de los primeros humanos, Homo sapiens sapiens, creados por Dios en la imago Dei (Génesis 1:27, 5:1-2). ¡Aun los avisos muestran a los cavernícolas como seres elocuentes y capaces de usar celulares, verificar tarjetas de embarque y encargar un pato asado con salsa de mango! Los avisos sugieren que los cavernícolas no eran primitivos sino más bien asombrosamente sofisticados.

 

Estos avisos comerciales destacan un rasgo que distingue a los seres humanos de otros animales, a saber su sofisticada capacidad lingüística que emana de una mente. ¿Qué hace posible esta clase de comunicación con otros humanos? Un examen de la transmisión sináptica neural ofrece un modelo del mecanismo de comunicación, y no solo de la comunicación con otros humanos sino también con Dios.

 

En Génesis 2:7 Dios sopló el aliento de vida en Adán, la corona de su creación. Sólo los seres humanos recibieron espíritu de Dios, y a través de este espíritu una relación interactiva con Él y una vida que trasciende la vida física y temporal en la Tierra (ver Who Was Adam?, pág. 49). Los primeros humanos manifestaron conciencia espiritual y fueron -considerando sus recursos- avanzados artísticamente, socialmente y tecnológicamente. Estos atributos han sido documentados tan atrás como 50.000 años atrás, cuando apareció la cultura humana avanzada de la nada, señalando la aparición de la imagen de Dios en un ser creado (ver Who Was Adam?, pág. 249). ¿Qué "moderno" podría sobrevivir y prosperar como hicieron ellos sin el beneficio de los centros comerciales? Estos primeros seres humanos, o cavernícolas, estaban preocupados con ideas como Dios, la moral, el propósito, el destino, el significado de la vida, y lo que ocurre después de la muerte.

 

Son de interés especial los análisis de las bóvedas craneanas de los restos fosilizados de los primeros humanos, que muestran estructuras cerebrales, llamada región de Broca para el habla y región de Wernicke para la comprensión del lenguaje, idénticas a las de los humanos modernos y que permiten la comunicación lingüística sofisticada.1 El lenguaje caracteriza al Homo sapiens sapiens (ver Who Was Adam? pág. 163-164),2 la única creación de Dios que posee la capacidad intelectual para adquirir conocimiento, discernimiento y juicio a través de la experiencia: sabiduría. Tal como sugieren los avisos de Geico, los primeros humanos eran por cierto notablemente sofisticados.

 

En los relatos de Génesis vemos que Adán demostraba una comunicación interactiva con Dios. Dotado del espíritu humano, la comunicación de dos vías era posible entre Dios, que es Espíritu, y la mente humana (ver The Genesis Question, pág. 110). La capacidad mental de los seres humanos nos da una conciencia única del yo, un concepto de la mente que no puede ser atribuido al cerebro físico ni puede ser localizado dentro de él. Somos conscientes de nuestra identidad personal única, nuestro "yo",3 con el cual Adán se comunicó con Dios, el "Yo soy". Examinemos el modelo que nos permitirá entender mejor esta interacción.

 

La sinapsis neural es una elegante y compleja máquina molecular.4 Transmite información5 en forma de potenciales de acción, o impulsos nerviosos, según códigos. Los códigos están asociados también con la expresión génica, y el lenguaje está íntimamente relacionado con ambos.6 La liberación de neurotrasmisores de vesículas sinápticas a través de hendiduras sinápticas es estocástica, y la probabilidad de su transmisión a través de las sinapsis es proporcional a la fuerza de los impulsos transmitidos por las fibras neurales a los complejos sinápticos.7 La llegada de un impulso estimula una afluencia de calcio hacia los complejos que, a su vez, estimula una serie de cambios de configuración químicos y moleculares. Estos cambios movilizan a vesículas que contienen neurotransmisores fijados a redes presinápticas para liberar sus contenidos hacia la hendidura sináptica. La magnitud del impulso determina la probabilidad de que los neurotransmisores serán liberados a través de la sinapsis con la acción resultante sobre las estructuras postsinápticas. El resultado es una continuación del impulso nervioso a lo largo de la siguiente fibra nerviosa hacia su meta receptora, que podría ser una glándula, un músculo o un órgano sensorial.8 La transmisión sináptica es amplificada adicionalmente en poder, complejidad y especificidad por la transmisión de impulsos a través de elaboradas redes neurales sinápticas dentro de múltiples centros del cerebro.9

 

La información codficada que se transmite no se deriva de los componentes físicos del sistema nervioso. La información nunca ha sido generada por lo que es material,10 y tampoco las leyes naturales o el azar pueden originar información. Un mito de la moderna biología evolucionista es que la información puede ser generada sin recurso a la inteligencia.11 La información transmitida por un impulso neural es seleccionada de un conjunto completo de entropía informacional12 y se le asigna especificidad, o significado, por un agente inteligente. La mayor cantidad de información en un impulso transmitido está asociada con la menor incertidumbre y la menor probabilidad, o significado, y refleja la voluntad o intención del agente inteligente que le asigna significado (ej: ¡la ubicación del depredador!). Sólo la causalidad inteligente o un concepto mental que trasciende las causas naturales de un sistema biológico pueden generar información que es exógena a un organismo físico pero es transmitida a él o asimilada por él. La especificidad o significado es asignada por un agente inteligente, sea un ser humano o Dios, el Logos divino (Juan 1:1-2).13

 

"La información es información; ni materia ni energía. Ningún materialismo que no tome en cuenta esto puede sobrevivir el día presente". Norbert Weiner, matemático de MIT y padre de la cibernética.

 

De forma similar, la capacidad intelectiva de la mente humana, que incluye la voluntad, la intención y la atención, no está generada por el cerebro material. Mortimer J. Adler dice que, si bien el cerebro material es necesario para el pensamiento, no es suficiente. No podemos pensar conceptualmente sin nuestros cerebros, pero no pensamos conceptualmente exclusivamente con ellos.14 El cerebro no es el órgano del pensamiento. Se requiere un intelecto no inmaterial, y la diferencia entre la cognición humana y animal es una diferencia de naturaleza. La inmaterialidad del intelecto en su dimensión cognitiva hace posible el pensamiento conceptual y la libertad de la voluntad. Según Adler:

 

Los actos de la voluntad no son actos incausados, pero el tipo de causalidad que gobierna los actos de la voluntad, al no ser físico, permite  que sean a la vez causados y libres.

 

Mañana veremos cómo los estudios clínicos han confirmado que la voluntad de la mente humana no física expresada como lenguaje puede interactuar con la materia del cerebro físico y causar cambios en ella.

 

Referencias

 

1. Jeffrey M. Schwartz and Sharon Begley, The Mind and the Brain: Neuroplasticity and the Power of Mental Force (New York: Harper Collins Publishers, 2002), 169.

2. Richard G. Klein and Blake Edgar, The Dawn of Human Culture (New York: John Wiley and Sons, 2002), 145-46.

3. Karl R. Popper and John C. Eccles, The Self and Its Brain (London: Routledge, 1998), 355-76, 555-61; John C. Eccles, Evolution of the Brain: Creation of the Self (London: Routledge, 1996), 236-38.

4. Gordon M. Shepherd and Christof Koch, "Introduction to Synaptic Circuits," in The Synaptic Organization of the Brain, 4th ed., ed. Gordon M. Shepherd(New York: Oxford University Press, 1998), 3-7.

5. Alexander Borst and Frederic E. Theunissen, "Information Theory and Neural Coding," Nature Neuroscience 2 (1999): 947-57; Bruno B. Averbeck and Daeyeol Lee, "Coding and Transmission of Information by Neural Ensembles," Trends in Neurosciences 27 (2004): 225-30; Fred Reike et al., Spikes: Exploring the Neural Code (Cambridge, MA: MIT Press, 1997), 13-16, 21-24, 59-64.

6. Werner Gitt, "Information, Science and Biology," Technical Journal Archive 10 (1996): 181-87; Reike et al., Spikes, 81, 87.

7. Misha V. Tsodyks and Henry Markram, "The Neural Code between Neocortical Pyramidal Neurons Depends on Neurotransmitter Release Probability," Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 94 (1997): 719-23; Borst and Theunissen, "Information Theory," 947-57.

8. Thomas C. Sudhof and Richard H. Scheller, "Mechanism and Regulation of Neurotransmitter Release," in Synapses, eds. W. Maxwell Cowan, Thomas C. Sudhof, and Charles F. Stevens (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001), 177-216; Rafael Fernandez-Chacon et al., "Synaptotagmin I Functions as a Calcium Regulator of Release Probability" Nature 410 (2001): 41-49.

9. Wulfram Gerstner et al., "Neural Codes: Firing Rates and Beyond," Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 94 (1997): 12740-41.

10. Gitt, "Information," 181-87; William A. Dembski, "Intelligent Design as a Theory of Information," Intelligent Design: The Bridge between Science and Theology (Downers Grove, IL: Intervarsity Press, 1999), 153-83.

11. Dembski, Intelligent Design, 153-83.

12. Reike et al., Spikes, 110-20.

13. Dembski, Intelligent Design, 180-83.

14. Mortimer J. Adler, Intellect: Mind over Matter. (New York: Collier Books, 1990), 47, 53, 163.

 

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: So Easy a Caveman Could Do It? Part 1 (of 2)   

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Comentarios ¿Tan fácil que hasta un cavernícola puede hacerlo?

LONY JAIME BARBOZA  ESCLAVO DE LA SECTA 666 SALVO SIEMPRE SALVO
PODRAS ENTENDER ESTO,  TU QUE TE JACTAS DE SER MUY ENTENDIDO PERO NO PASAS DEL PRIMER CAPITULO DE GENESIS

TE QUEDASTE POR LA GENEALOGIA

SALUDOS DESDE LA SECTA TOCUYO 666
OVEJITA OVEJITA 31/07/2009 a las 17:16

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