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Teoría de la Transubstanciación.

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Este es uno de los temas mas controversiales entre católicos y protestantes.

Por un lado, el catolicismo afirma que el sacerdote tiene el poder (aunque es Dios quien hace el milagro) de transformar el pan y el vino de la Eucaristía, mediante unas especiales palabras dichas sobre el altar, en el cuerpo y la sangre REALES de Cristo, substancialmente hablando. Mientras que el cristianismo evangélico afirma que es solo una conmemoración del momento en que Jesús representa el sentido de Su sacrificio expiatorio a Sus discípulos. Y por consiguiente, por ser una "recordación", el resultado es que el pan sigue siendo pan, y el vino sigue siendo vino.

 

Necesidad básica de la Iglesia Católica Romana

Como es sabido, la Iglesia Católica Romana afirma (y decreta) que fuera de ella no hay salvación, ya que ella es la única que posee la plenitud total de medios para alcanzarla.

"Esta es la única Iglesia de Cristo, de la que confesamos en el Credo que es una, santa, católica y apostólica" (LG 8) (CIC N° 811)

El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II explicita: "Solamente por medio de la Iglesia Católica de Cristo, que es auxilio general de salvación,  puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación" (CIC N° 816)

Fuera de la Iglesia no hay salvación. ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la iglesia que es su Cuerpo: El santo Sínodo... basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación (CIC N° 846)

 

Estas afirmaciones deben ser sustentadas con los hechos. Dicho de otra manera, la Iglesia Católica Romana se ve en la obligación de mostrar que tal cosa es cierta. Por tal motivo, y debido a que se ha autodenominado "administradora de las gracias divinas en la Tierra",  ha diseñado una especie de "requisitos a cumplir" para obtener la tan ansiada salvación eterna del alma. Estos requisitos, obviamente, solo pueden ser cumplidos dentro de la Iglesia Romana, ya que "fuera de ella es imposible encontrarlos" pudiendo nombrar, entre otros, los 7 Sacramentos (ritos), las Indulgencias Parciales y Plenarias, las Misas, la confesión de pecados ante un sacerdote, la Transubstanciación, etc.

Esta perfecta estrategia produce en el corazón de sus fieles una implícita dependencia espiritual, haciéndoles suponer que creyendo y obedeciendo lo que la Iglesia (Romana) imponga serán agradables a Dios y por consiguiente "merecedores" de su destino celestial.

Uno de estos requisitos es la Eucaristía, que es (para la Iglesia Romana) literalmente COMER el cuerpo (carne) de Cristo y BEBER Su sangre, substancial y verdaderamente presentes en la hostia, gracias a un rito que ÚNICAMENTE un sacerdote católico está habilitado y autorizado a realizar.

El mecanismo es sencillo.

a) La Iglesia Romana enseña a sus fieles que la comunión con Dios se realiza y actualiza comiendo el cuerpo substancialmente real de Cristo, presente en una hostia (víctima).

b) Como (según enseñan) solo un Sacerdote Católico, a través de un rito especial, puede convertir el pan en el cuerpo real de Cristo, y administrarlo (ofrecerlo)...

c) ...y como (según enseñan) solo un Sacerdote Católico tiene el "poder" de absolver los pecados en nombre de Dios, requisito indispensable previo para poder comulgar (comer la hostia) en estado de gracia (sin pecado grave)...

    entonces...

d) Podemos permanecer en comunión con Dios recurriendo SOLAMENTE a la Iglesia Católica Romana (única poseedora de "tales" privilegios).

La trampa está colocada.

Si enseñaran, como dice la Biblia, que la Cena del Señor o Eucaristía (que significa "acción de gracias") es solo un RECORDATORIO (como dice el mismo Jesús: "Háganlo en conmemoración mía"), y que la absolución de pecados la da directamente Dios, sin necesaria intervención de ningún mortal, entonces perderían importantes elementos que la Curia Eclesiástica Romana utiliza para mantener sujeta a su feligresía a sus altares.

 

Declaración de la Iglesia Romana

En el Catecismo

En el santísimo sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente" el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (Cc. de Trento: DS 1651). "Esta presencia se denomina 'real', no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen `reales', sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente" (MF 39). (CIC N° 1374)

El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: "Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación" (DS 1642). (CIC N° 1376)

 

La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (cf Cc. de Trento: DS 1641). (CIC N° 1377)

El culto de la Eucaristía. En la liturgia de la misa expresamos nuestra fe en la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y de vino, entre otras maneras, arrodillándonos o inclinándonos  profundamente en señal de adoración al Señor. "La Iglesia católica ha dado y continua dando este culto de adoración que se debe al sacramento de la Eucaristía no solamente durante la misa, sino también fuera de su celebración: conservando con el mayor cuidado las hostias consagradas, presentándolas a los fieles para que las veneren con solemnidad, llevándolas en procesión" (MF  56). (CIC N° 1378)

 

 

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice S. Tomás, sino solo por la fe , la cual se apoya en la autoridad de Dios'. Por ello, comentando el texto de S. Lucas 22,19: `Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros', S. Cirilo declara: `No te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque él, que es la Verdad, no miente" (CIC N° 1381) (subrayado agregado)

Sólo los presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía y consagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor. (CIC N° 1411)

 

Por la consagración se realiza la transubstanciación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Bajo las especies consagradas del pan y del vino, Cristo mismo, vivo y glorioso, está presente de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, su Sangre, su alma y su divinidad (cf Cc. de Trento: DS 1640; 1651). (CIC N° 1413)

(todas las negritas son agregadas)

Testimonio gráfico (en video)

«Este ES el cuerpo de Jesús, EL MISMO que nació de Santa María virgen... Felices los invitados al Banquete Celestial.»

Sacerdote católico celebrando misa

Haz click AQUI

para ver en video

el párrafo anterior declarado

en medio de una Misa católica

(Buenos Aires, Argentina)

 

 

Cánones del Concilio de Trento

Anatemas (maldiciones) para quien rechace la teoría de la transubstanciación.

Canon I
Si alguno negare, que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y substancialmente el cuerpo y la sangre juntamente con el alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consecuencia todo Cristo; sino por el contrario dijere, que solamente está en él como en señal o en figura, o virtualmente; sea anatema (maldito-excomulgado)

Canon II
Si alguno dijere, que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía queda substancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo; y negare aquella admirable y singular conversión de toda la substancia del pan en el cuerpo, y de toda la substancia del vino en la sangre, permaneciendo solamente las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia católica propísimamente llama Transubstanciación; sea anatema (maldito-excomulgado)

Canon III
Si alguno negare, que en el venerable sacramento de la Eucaristía se contiene todo Cristo en cada una de las especies, y divididas estas, en cada una de las partículas de cualquiera de las dos especies; sea anatema (maldito-excomulgado)

Canon IV
Si alguno dijere, que hecha la consagración no está el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo en el admirable sacramento de la Eucaristía, sino solo en el uso, mientras que se recibe, pero no antes, ni después; y que no permanece el verdadero cuerpo del Señor en las hostias o partículas consagradas que se reservan, o quedan después de la comunión; sea anatema (maldito-excomulgado)

 

Canon VI
Si alguno dijere, que en el santo sacramento de la Eucaristía no se debe adorar a Cristo, hijo unigénito de Dios, con el culto de latría, ni aun con el externo; y que por lo mismo, ni se debe venerar con peculiar y festiva celebridad; ni ser conducido solemnemente en procesiones, según el loable y universal rito y costumbre de la santa Iglesia; o que no se debe exponer públicamente al pueblo para que le adore, y que los que le adoran son idólatras; sea anatema (maldito-excomulgado)

Canon VIII
Si alguno dijere, que Cristo, dado en la Eucaristía, sólo se recibe espiritualmente, y no también sacramental y realmente; sea anatema (maldito-excomulgado)

 

¿ Realidad o Fraude ?

Este alegado poder de los sacerdotes para crear de nuevo sobre los altares católicos al cuerpo de Cristo y luego ofrecerlo a Dios en "el sacrificio de la misa [en el cual] nuestro Señor es inmolado... [y] Cristo perpetúa en una manera incruenta el sacrificio ofrecido en la cruz" es la marca distintiva del catolicismo romano. Por eso es que el catolicismo está separado por una sima insalvable de todas las otras religiones y especialmente del cristianismo evangélico. Lo que tenemos aquí es la realidad más vital y milagrosa o el fraude más diabólico. No puede haber término medio.

 

El católico no puede negar de que, según las apariencias, la pretensión de substanciación parece ridícula. No puede detectarse cambio alguno ni en la oblea ni en el vino después que ellos han sido supuestamente transformados, mediante el poder insólito del sacerdote, en el cuerpo y la sangre literales de Cristo. Entonces, ¿cómo se puede estar seguro de que este "milagro" ha ocurrido? Al igual que con muchas otras cosas en el catolicismo, la seguridad viene sólo al aceptar ciegamente cualquier cosa que diga la Iglesia. (Leer en Catecismo N° 1381)

El "milagro" de la transubstanciación pasa a un segundo plano cuando, se tiene la oportunidad de ver y "adorar" a una hostia sangrante.

En la foto de la derecha observamos a un sacerdote católico exponiendo una hostia que fue encontrada literalmente "sangrando".

Lamentablemente, muchos lo creen. Satanás es muy hábil y a veces consigue, de una manera u otra, distraer a las almas del único digno de adorar "en espíritu y en verdad.." (Juan 4:24)

 

Se ofrecen algunos versículos bíblicos para apoyar este dogma, pero el católico debe aceptar la interpretación que le da la Iglesia, a pesar de que el sentido común y la exégesis adecuada las rechazarían.

 

Divino sustento

Los romanistas saben que para darle jerarquía y validez a sus "tradicionales" doctrinas, nada mejor que incluirle alguna referencia a uno o varios versículos de las Sagradas Escrituras. De esa manera, poseen el recurso de afirmar que la Palabra de Dios avala sus decretos, o lo que es mejor (o peor), dicen que lo suyo es, ni mas ni menos, que respetar la "verdadera" Voluntad Divina. Máxime cuando afirman ser los únicos aptos para interpretar la Palabra de Dios.

Dice el catecismo católico N° 1384

"El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: "En verdad en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros" (Jn 6,53).

Al efecto de ser mas general en el basamento escriturario que esgrime la Iglesia Católica, transcribo a continuación el párrafo completo del evangelio según san Juan, citado en parte en el Catecismo:

"Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él." (Juan 6:53-56)

¿Que ha querido decir Jesús en la sinagoga de Capernaum? ¿Estaba realmente enseñando que debemos comer Su carne (fibras, músculos dermis) y beber Su sangre (plaquetas, plasma, glóbulos)?

Veremos...

 

¿ Sentido literal o simbolismo ?

Al referirse a su inminente crucifixión, Cristo dijo a los judíos en Juan 6: "...el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo... Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (w. 51, 53). El catolicismo toma estas palabras literalmente y culpa al protestantismo por interpretarlas simbólicamente. Cristo también dijo: "Yo soy el pan de vida" (v. 35). ¿Por qué no interpretarlo literalmente allí, haciéndolo una hogaza de pan? ¿Acaso es más necio decir que Cristo es pan que decir que un pedazo de pan es Cristo? La Biblia debe tomarse literalmente siempre que ese sea su significado, pero no cuando signifique una analogía o simbolismo y cuando la atención exagerada a la letra violaría la lógica o las leyes de Dios.

El salmista dijo.- "Con sus plumas [Dios] te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro" (Salmo 91:4). ¿Debemos imaginarnos que Dios es un pájaro enorme? Cuando Jesús lloró sobre Jerusalén, dijo: " ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!" (Lucas 13:34). Seguramente que no estaba hablando literalmente, aunque se estaba identificando como Aquel de quien Moisés escribió en el Salmo 91.

Jesús llamó a que la humanidad creyera en él. Le habló a Nicodemo de creer, para que "todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16), y que creyendo en él traería aparejado un nuevo nacimiento. Sin embargo, no quiso decir un nacimiento físico, sino un nacimiento espiritual, un hecho que aun los católicos reconocen. Le prometió dar a la mujer junto al pozo "agua viva" y hasta una "fuente de agua" que salte dentro de ella (Juan 4:10-14), pero seguramente que no quiso decir agua física. Le dijo a los judíos que el que creyera en él, "de su interior correrán ríos de agua viva" (Juan 7:38), pero tampoco quiso decir un vientre físico ni ríos físicos reales.

En Juan 6 Jesús dijo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (v. 35). Está claro que no quiso decir que era pan físico ni que los que creyeran en él de ahí en adelante jamás tendrían necesidad de alimento o bebida físicos, sino que nunca tendrían hambre o sed espiritual otra vez. Por supuesto, estaba hablando espiritualmente e ilustrando sus ideas con analogías de cosas familiares a todos. Entonces, ¿por qué deberíamos interpretarlo literalmente momentos más tarde cuando dice que debemos "comer" su cuerpo y su sangre?

Basado en ese error de interpretación crucial, el católico insiste en que el pan y el vino es literalmente Cristo. Sigamos esto a su conclusión lógica. Si Cristo estaba hablando literalmente acerca de su cuerpo, entonces debe haber estado hablando literalmente cuando dijo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (v. 35). Puesto que los católicos afirman que comen literalmente el cuerpo físico de Cristo, nunca más tendrían que volver a sentir hambre ni sed físicamente, pero es lógico que lo sientan. Sin embargo, si el tener "hambre y sed" son términos espirituales, entonces también debe ser el comer de su cuerpo. Evidentemente, Cristo está diciendo que los que creen en él reciben vida eterna y no tienen que seguir volviendo a él para recibir otra cuota.

El catolicismo insiste en que los fieles comen el cuerpo y beben la sangre de Cristo con frecuencia. Cuanto más misas se oficien, tanto mejor. No obstante, aun entonces no se puede estar seguro de lograr el cielo sin sufrir en el purgatorio. El canon 904 del Código de Derecho Canónico, dice: "Recordando que la obra de redención se realiza continuamente en el misterio del sacrificio eucarístico, los sacerdotes deben celebrarlo con frecuencia; efectivamente, la celebración diaria se recomienda enfáticamente ..." Sin embargo, la Biblia nos asegura en numerosos versículos que la obra de redención fue consumada una vez para siempre en la cruz y que el sacrificio de Cristo no tiene por qué repetirse jamás.

Cristo dijo: "Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna" (Juan 6:40). Está claro que este creer en Cristo (que él compara a comerlo) es un acto de una vez por todas. No dice que debe hacerse veinte veces, mil veces, una vez por día, o una vez a la semana.

En el momento que una persona cree en Cristo, dicha persona recibe el perdón de los pecados y la vida eterna como un regalo gratuito de la gracia de Dios. Es evidente que una persona que ha recibido la vida eterna por creer (comer) una vez no necesita repetir ese acto jamás.

De otra manera la vida eterna tiene un nombre equivocado, puesto que algo que es eterno debe durar para siempre y no necesita renovarse ni reforzarse. Considérense otra vez las palabras de Cristo mencionadas en este mismo capitulo:

"De cierto, de cierto os digo: El que cree en mi, tiene [posesión presente] vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo." (Juan 6:47-51).

¿Dónde fue que Cristo dio su carne? No en la última cena, como enseña el catolicismo, sino en la cruz. De nuevo, el error de interpretación aquí es fatal. Porque si cuando Cristo dijo: "Esto es mi cuerpo... esto es mi sangre" en la última cena, hubiera sido literalmente cierto, entonces se habría sacrificado a si mismo antes de ir a la cruz. Esta es, en realidad, la extraña enseñanza del catolicismo: "Nuestro Salvador en la última cena, la noche que lo traicionaron, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre a fin de poder perpetuar el sacrificio en la cruz a lo largo de los siglos hasta su venida".

Repetimos: Si Cristo está hablando físicamente de su cuerpo y sangre en Juan 6, entonces los que comen de él nunca morirán físicamente. Pero todos los apóstoles mismos murieron. Si no quiso decir que el comer de él evitaría la muerte física, entonces tampoco se refirió a comerlo físicamente. Es evidente que está hablando en sentido espiritual a lo largo de todo el capítulo, como también en otras partes.

Lo trágico es que al católico se le impide recibir la vida eterna espiritual que Cristo ofrece por el dogma de que él está hablando en el sentido físico. Roma pretende poder controlar "los méritos que ganó Cristo" y dispensar otra cuota de los mismos cada vez que el católico (según se lo imaginan) ingiere físicamente el cuerpo y la sangre literales de Cristo. La misa debe repetirse interminablemente.

 

Parábola a las Multitudes

Cuando Jesús dijo: "Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo" (Juan 10.-9), ni siquiera los católicos piensan que eso significa que Cristo es una puerta física a través de la cual uno debe pasar literalmente con su cuerpo físico para ser salvo. Está usando una analogía para ilustrar que al creer en él uno camina a través de una puerta y entra en un nuevo estado de ser espiritual, la vida eterna.

Cuando Jesús dijo. "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas" (Juan 8:12), no estaba hablando de la luz física sino de la luz espiritual, la cual reciben los que creen en él, en contraste con la tiniebla espiritual en la cual mora el mundo.

 Podrían darse otros ejemplos pero serían superfluos. Jesús llamó continuamente a la humanidad para que creyeran en él. Cualquier cosa que haya dicho acerca del nuevo nacimiento, el agua, las ovejas, el pastor, la semilla, el sembrador, las plantas, el fruto, el pan, o una puerta, tenía la intención de comunicar una verdad espiritual mediante el objeto físico del que hablaba y no había que interpretarlo literalmente. Se nos dice específicamente que cada vez que Jesús hablaba a la multitud, siempre les hablaba en parábolas: "Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba" (Mateo 13:34). En Juan 6, Cristo estaba hablando a la multitud. Por lo tanto, sabemos de que, como siempre, les estaba hablando en parábolas, usando lenguaje figurativo y espiritual, no literal y físico. Por supuesto, hay otras razones por las que sabemos esto.

 

Otros argumentos convincentes

Para un judío, el comer sangre era contra la ley, y todavía lo es (Levítico 7:26, 27; 17.10, 11; etc.), y bajo la inspiración del Espíritu Santo los apóstoles también recomendaron encarecidamente a los creyentes gentiles, como algo "necesario", que se abstuvieran "de sangre" (Hechos 15:28, 29). Con toda seguridad entonces, que Cristo no exigiría de un cristiano ni de un judío que literalmente bebiera su sangre física real. Y el comer su cuerpo físico sería canibalismo, un acto que él no aprobaría, y mucho menos recomendaría.

Está claro que se estaba refiriendo a creer en él e ilustrándolo por el símbolo de comer y beber:

"Yo soy el pan de vida; el que a mi viene nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás. Mas... aunque me habéis visto, no creéis...
El que cree en mi, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida... y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo...
Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna.."
 (Juan 6:35, 36, 47, 48, 51, 53, 54).

¿Está diciendo Jesús en realidad de que a fin de recibir vida eterna uno debe literalmente comer y beber su cuerpo y sangre físicos? ¿O está diciendo que debemos creer en él y está usando la analogía de comer y beber para ilustrar la verdad? Dice claramente que el creer otorga vida eterna. No obstante dice que sólo comiéndolo uno puede tener vida. Aquí hay una contradicción irreconciliable, a menos que, como es lógico, comer sea un sinónimo de creer.

Hay una razón obvia por la que Cristo usó el símbolo de comer. En el Antiguo Testamento los sacerdotes comían el sacrificio: "El sacerdote que la ofreciera por el pecado, la comerá... Todo varón de entre los sacerdotes la comerá" (Levítico 6:26, 29; cf. 6:16, 18; 7:6, 15; etc.). Por lo tanto, Cristo les estaba diciendo a los judíos que él era el cumplimiento de los sacrificios del Antiguo Testamento y que su cuerpo y sangre se darían por los pecados del mundo. También estaba introduciendo el sacerdocio de todos los creyentes. Sólo los sacerdotes comían del sacrificio bajo la ley, pero ahora todos debían participar de él por fe para recibir el don de la vida eterna por la gracia de Dios. Todos debían creer que el Hijo de Dios se había hecho literalmente un hombre de carne y hueso a fin de morir por la humanidad.

Hay muchas otras razones por las que Cristo no podría haber significado el comer y beber literalmente de su cuerpo y sangre reales. Su sacrificio por el pecado ocurrió sólo una vez. Si hubiera cualquier comer físico, debería haber ocurrido en ese momento. El cuerpo que fue sacrificado y colocado en la tumba, como ya se ha destacado, fue resucitado y glorificado. El cuerpo nuevo de Cristo en el cual él reside ahora a la diestra del Padre en el cielo no tiene sangre y no puede morir. El viejo cuerpo cuya vida estaba en la sangre ya no existe más. Pablo dijo: "Y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así [como era antes de la cruz]" (2 Corintios 5:16). Sugerir que el cuerpo de Cristo antes de la crucifixión ha sido creado de nuevo en los altares católicos para ser ofrecido otra vez por el pecado es una clara contradicción de la Escritura y de la lógica.

Finalmente, según el relato de Lucas, en lugar de decirse que el vino es la sangre del Señor, Jesús dice que la copa es “el Nuevo Pacto en mi sangre.” Obviamente la copa no es el Nuevo Pacto, sino que lo representa; de igual modo el vino no es la sangre, sino que la representa.

 

Los Límites de la Realidad

El católico descansa todo su caso en la apelación de que está interpretando a Cristo literalmente. Esto no es prestar atención exagerada al sentido literal del texto, sino una fantasía que sugiere que cada una de las millones de obleas es el cuerpo físico de Cristo completo, integro y entero previo a la crucifixión, mientras al mismo tiempo Cristo está en el cielo en su cuerpo resucitado. La respuesta que se da es "Pero Dios es omnipotente". Eso es verdad, pero debido a que él es Dios, por su Espíritu, Cristo está en todos lados al mismo tiempo. Pero cuando Cristo se hizo hombre, se sometió voluntariamente a ciertas limitaciones. Un cuerpo físico ocupa espacio y, por lo tanto, sólo puede estar en un lugar al mismo tiempo. En la Biblia nunca se ofrece indicio alguno de que Cristo haya estado corporalmente en más de un lugar al mismo tiempo. Sí, Cristo dijo: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Los cristianos creen en esta promesa, pero nadie se imagina que Cristo está físicamente presente en un solo lugar al mismo tiempo en absoluto, porque eso significaría que podría ser visto, pero esto no es así. Sugerir que millones de obleas son cada una el cuerpo físico íntegro y entero de Cristo, es abandonar la realidad y aceptar una fantasía. El lenguaje que Cristo usó en la última cena tampoco da apoyo a la transubstanciación: "El Señor Jesús... tomó pan... y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí" (1 Corintios 11:23-25). Quiere que los cristianos recuerden su muerte en la cruz y que participen del pan y del vino como un recordatorio de la misma. Su lenguaje no contiene ninguna sugerencia de que su sacrificio en la cruz debía repetirse.

Nótense las palabras: "Esto es mi cuerpo". Jesús no dijo que algún día los pedazos de pan se volverían su cuerpo mediante el alegado poder milagroso de la transubstanciación ejercido por los sacerdotes católicos, sino que el pan, en ese momento era (representaba) su cuerpo. Ninguno podría haber interpretado esa declaración literalmente, porque él estaba sentado allí en su cuerpo físico y sujetando el pan en sus manos. Es evidente que el pan era simbólico.

Podemos estar seguros que ninguno de los discípulos de Cristo se imaginó que el pan que él sostenía era su cuerpo literal. Que eso pudiera ser su cuerpo literal y al mismo tiempo Cristo pudiera estar allí en su cuerpo literal era imposible. Semejante fantasía no entró en la mente de los presentes y no la inventaron hasta mucho tiempo después. Ciertamente las palabras de Cristo no comunicaron tal cosa, ni nosotros tenemos razón alguna para creer que los discípulos derivaron semejante significado de ellas. Fue el papa Pío III quien hizo del "sacrificio" de la misa un dogma oficial en 1215.

 

"¡..Se han robado a Jesucristo..!"

En ciertas circunstancias, para no restarle fuerza a la creencia de la transubstanciación, se debe continuar con la elaboración de salidas que sean consecuentes con la "idea base". Si se afirma que la hostia se convierte en el "Cuerpo y la Sangre REALES de Cristo", y por ende que esa hostia consagrada ES Cristo, pues, cualquier cosa que le suceda a esa hostia... le está sucediendo a Cristo.

Una noticia publicada en la agencia Zenit, da cuenta del robo sufrido por una persona que llevaba una hostia consagrada en su cartera para serle administrada a un enfermo imposibilitado de salir de su casa. Este delincuente lejos estuvo de sospechar que en realidad se estaba robando al mismísimo Jesucristo...

"Buenos Aires, 11 de Febrero de 2002. En una nota titulada «Profanación», el arzobispo de Paraná, Estanislao Karlik, denunció que el viernes «una persona, que llevaba la hostia consagrada a un enfermo imposibilitado de salir de su hogar, fue asaltada por un delincuente que le arrebató la cartera con violencia y huyó con su compañero llevándose el Sacramento de la Eucaristía, que constituye el tesoro más grande de la Iglesia, porque contiene al mismo Jesucristo Nuestro Señor»..."

http://www.zenit.org/spanish/visualizza.phtml?sid=16479

El Redentor de la humanidad iba "en la cartera de la dama...". Esto realmente movería a risa si detrás no hubiera almas en camino de perdición. Sinceramente cuesta entender como hay personas que lo pueden creer, practicar y defender.

 

"...Esto ES mi sangre..."

Otro texto sagrado que el católico gusta de proponer como sustento de la teoría de la transubstanciación, es Mateo 26:26-28, haciendo especial hincapié en las palabras de Cristo, donde él mismo "afirma" que lo que está en la copa "ES" Su sangre:

"Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mateo 26:26-28)

Me ha sucedido personalmente en una comunicación por correo electrónico con un católico que me escribió tratando de explicarme mi equivocación en este tema, dónde no importaron en realidad los abundantes argumentos bíblicos que le cité; él siempre acudía en forma obsesiva a este texto, recordándome que "el mismo Cristo había dicho que lo que había en la copa ERA (no simbolizaba) SU SANGRE". Y me repetía que prefería creerle a Cristo y no a mi particular interpretación de Sus palabras. No hace falta aclarar que esta persona, en realidad se abrazaba a un texto que fácilmente lo conformaba para "sustentar" la enseñanza de su Iglesia, que, obviamente, él QUERÍA CREER... 

Cristo mismo dijo que lo que había en esa copa era Su sangre, pero lo conveniente para comprender el sentido de las palabras de Jesús es seguir leyendo el Sagrado Texto.  Esta "sangre" es del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de pecados. ¿Que significa esto? Pues, que esta copa representa la sangre (la vida) de Cristo que será derramada (mediante Su muerte en la cruz) por muchos, para la remisión de pecados.

Al mencionar "la sangre derramada" Cristo no está haciendo referencia al fluido compuesto por glóbulos, plaquetas y plasma, sino que se refiere a SU VIDA ENTREGADA EN LA CRUCIFIXIÓN, simbólicamente representada por el derramamiento de sangre. Por ende, no tendría el menor significado suponer que Cristo está ofreciendo SANGRE REAL en la copa del nuevo pacto. 

 

¿ Un Milagro ?

Los que rechazan la teoría de la transubstanciación son acusados de no creer en milagros. Sí, "para Dios todo es posible" (Mateo 19:26; Marcos 10:27). Sin embargo, aun esta declaración debe definirse por la naturaleza de Dios y de la realidad. Dios no puede volverse un demonio o Satanás, y tampoco puede mentir (Tito 1: 2). Dios tampoco podría volverse el universo, puesto que por su propia naturaleza está separado y es distinto del universo y, por consiguiente, el panteísmo es imposible.

Asimismo, un milagro debe comprobarse dentro de los límites de la realidad verificable. Una oblea que ha sido "transformada" en el cuerpo y la sangre de Cristo, pero que retiene todas sus cualidades y características originales, carece de lo esencial para considerarse un milagro: que pueda reconocerse y que debido a eso traiga gloria a Dios. Puesto que la oblea y el vino no muestran cambio alguno, el alegado milagro sigue sin verse. Pero un milagro debe ser algo que puede observarse (los cojos andan, los ciegos ven, la tormenta se calma instantáneamente, los muertos vuelven a la vida respondiendo a una orden, etc.), de lo contrario ninguno puede saber que ha ocurrido y, por lo tanto, nadie puede glorificar a Dios por ello.

Como es lógico, Dios podría hacer que una oblea se transformara en carne humana. Juan el Bautista dijo que "Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras" (Mateo 3:9; Lucas 3:8). Pero si lo hubiera hecho, las piedras que hubiera transformado en seres humanos no habrían continuado mostrando la apariencia de piedras y teniendo todas las cualidades de las piedras. El transformar una oblea en carne y sangre humanas no negaría la naturaleza de Dios ni de la realidad. Pero la transubstanciación no es un milagro de esa clase. La oblea se vuelve el cuerpo de Cristo "bajo la apariencia de una oblea".

En la Biblia no hay semejante "milagro". La división del mar Rojo para que los israelitas pudieran caminar a través de tierra seca fue una proeza que tanto los judíos como los egipcios observaron y que ambos comprendieron de que había ocurrido por el poder de Dios. Supongamos que ese hubiera sido un "milagro del tipo transubstanciación": el mar Rojo "se abrió" bajo la apariencia de que seguía cerrado y los israelitas lo hubieran cruzado "caminando" en tierra seca "bajo la apariencia" de tenerlo que cruzar nadando. Supongamos que Cristo sanara a un ciego "bajo la apariencia" de que no pudiera ver, o resucitara los muertos "bajo la apariencia" de que no tienen vida. Semejantes suposiciones son ridículas. Sin embargo, esa es exactamente la naturaleza del "milagro de la transubstanciación". Consideremos el milagro del agua convertida en vino en Caná de Galilea. Cuando el maestresala de la fiesta lo probó, le dijo al esposo: "... tú has reservado el buen [mejor] vino hasta ahora" (Juan 2:10). Supongamos en cambio que él hubiera dicho: "Esto no es vino, ¡es agua!". Los sirvientes le responden sinceramente: "No, señor, es vino". La voz del maestresala se eleva del enojo: "¡No se burlen de mí! Esto se parece a agua, tiene gusto a agua, y es agua!". Los sirvientes insisten: "Señor, eso es vino. Jesús transformó milagrosamente el agua en vino para que tenga la apariencia de que sigue siendo agua". En la Biblia no hay esa clase de milagro, y semejante afirmación de parte de Roma es un débil esfuerzo por cubrir algo que evidentemente es irreal.

 

Juan 6:28-65  IMPERDIBLE 

Comentario del texto bíblico 
por el Dr. Fernando D. Saraví

Si bien la interpretación romanista de la Eucaristía se basa en gran medida en Juan 6, en su contexto este pasaje no está directamente relacionado con ella. De hecho, es notable que el Evangelio de Juan sea el único que omite las palabras de institución de la Eucaristía.


Juan 6: 28-29

"Entonces le dijeron [los judíos]: -¿Qué haremos para realizar las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: -Esta es la obra de Dios: que Creáis en aquel que él ha enviado."

Aquí Jesús afirma claramente que Dios no está exigiendo obras como condición para recibir la salvación, excepto la “obra” de creer en Jesucristo, quien fue enviado por el Padre. Esta fe lleva a la salvación y a la vida eterna.


vv. 30-31
"Entonces le dijeron: -¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron [efagon] el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer [faguein]." 

Para poder creer, los judíos exigían un signo o milagro; como, por ejemplo, el milagro del maná que sus ancestros habían recibido en el desierto. Este fue su primer error. Nótese cuidadosamente que fueron los interlocutores de Jesús quienes trajeron al debate el tema del alimento milagroso. La respuesta de Jesús debe interpretarse a la luz de este desafío. 


vv. 32-33
"Por tanto Jesús les dijo: -De cierto, de cierto os digo que no os ha dado Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo."

“Por tanto” indica la reacción de Jesús ante la exigencia de sus oyentes. Ahora el Señor emplea las propias palabras de ellos para enseñarles con autoridad. Comienza afirmando que el descenso del maná no fue obra de Moisés sino de Dios mismo y acto seguido establece que el verdadero pan que desciende del cielo no es el maná, sino una Persona enviada por el Padre para que el mundo pudiese tener vida a través de ella. El maná que sostuvo al pueblo peregrino y hambriento de Israel y permitió su supervivencia física no fue sino una sombra o tipo del verdadero alimento celestial, es decir Cristo, por medio de quien tenemos vida eterna. 


vv. 34-36
"Le dijeron: -Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: -Yo soy el pan de vida. El que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí cree no tendrá sed Jamás. Pero os he dicho que me habéis visto, y no creéis."

A pesar de la declaración de Jesús, sus oyentes continúan pensando acerca de comestibles, como una especie de “supermaná”. Por tanto, ahora el Señor se torna más explícito: los judíos no han de esperar simplemente un mejor maná, sino la definitiva salvación de Dios, la cual no se encuentra sino en Cristo. No se trata, como enseña la doctrina de la transubstanciación, que el pan se convierta en Cristo, sino de que Él es como un pan que da vida eterna. La única forma de comer este pan es creer en Jesús, quien por disposición del Padre es Señor y Salvador. Jesús es capaz de llevar a la vida eterna a todo el que cree. 


vv. 37-40
"Todo lo que el Padre me da vendrá a mí; y al que a mí viene, jamás lo echaré fuera. Porque yo he descendido del cielo, no para hacer la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de todo lo que me ha dado, sino que lo resucite en el día final. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que mira al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y que yo lo resucite en el día final."

Quien descendió del cielo no es otro que Jesús, y por tanto Él es la comida y la bebida de la salvación. Pero como ocurre a menudo en los Evangelios, y particularmente en este de Juan, aquellos que hablan con Jesús no entienden lo que les está diciendo


vv. 41- 42
"Entonces los Judíos murmuraban de él porque Había dicho: "Yo soy el pan que descendió del cielo." Y Decían: -¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que ahora dice: "He descendido del cielo"? "

La segunda cosa que los interlocutores de Jesús cuestionan es el origen celestial del Señor. Ellos objetan que lo conocen a él y su familia. Jesús parecía ser uno más de ellos.¿Cómo podrían creer que este hombre había sido enviado directamente por Dios? 


vv. 43-47
"Jesús respondió y les dijo: -No murmuréis más entre vosotros. Nadie puede venir a Mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final. Está escrito en los Profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oye y aprende del Padre viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino que aquel que proviene de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree tiene vida eterna." 

- Aquí Jesús reafirma su autoridad en términos inequívocos. Solamente por medio de El pueden sus oyentes tener vida eterna. El Señor fundamenta su enseñanza con una cita bíblica (ver Isaías 54:1-3). A continuación, Jesús retoma y elabora lo que les había dicho antes.

- Como se ha argumentado que Jesús hablaba de comerlo literalmente (en la Eucaristía) sobre la base de que Juan empleó el verbo trögö en lugar del verbo más común esthiö o éfagon , he indicado entre corchetes el verbo empleado en cada referencia a “comer”. El primer verbo (esthion) aparece ocho veces en este pasaje, y el segundo (trögö) cuatro veces. Las cuatro veces que aparece trögö figura con la misma construcción, “ho trögös”, o “el que comiere”. Pero asimismo en cuatro ocasiones (versículos 50, 51 y 53 [dos veces] ) , esthion/éfagon se refiere a comer “la carne del Hijo del hombre”. En consecuencia, ya que ambas expresiones se emplean obviamente como sinónimos, no puede construirse un argumento sobre el empleo de “trögö.” 


vv. 48-51
"Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron [efagon] el Maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que coma [fagëi] de él no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come [fagëi] de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré por la vida del mundo es mi carne."

La comparación es directa. Aquellos que, guiados por Moisés, comieron el maná del cielo, de todos modos murieron. En cambio, Jesús ofrece ahora nada menos que vida eterna, y tal vida perdurable solamente puede obtenerse por medio de él. Por esta razón, el maná era un tipo o prefiguración de la realidad que se encuentra solamente en Cristo. Por esta razón él se describe a sí mismo como el pan definitivo, un pan que será dado para la salvación del mundo, como luego dirá el Apóstol, “muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.” Sus oyentes se muestran cada vez más confundidos, por la sencilla razón de que ellos están pensando en que Él habla de comer literalmente la carne de Jesucristo. Su error fue precisamente desconocer el paralelo que Jesús trazaba


vv. 52–59
"Entonces los judíos contendían entre Sí, diciendo: -¿Cómo puede éste darnos a comer [fagein] su carne? Y Jesús les dijo: -De cierto, de cierto os digo que si no coméis [fagëte] la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come [trögön] mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come [trögön] mi carne y bebe mi sangre permanece en mí, y yo en él. Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, de la misma manera el que me come [trögön] también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo. No como los padres que comieron [efagon] y murieron, el que come [trögön] de este pan vivirá para siempre. Estas cosas dijo en la sinagoga, cuando enseñaba en Capernaúm." 

En lugar de darles más explicaciones, Jesús insiste en lo que ha dicho: El es el pan de vida. Para quienes anhelan vida eterna, su carne es la única verdadera comida y sangre es la única verdadera bebida. 


vv. 60–63
"Entonces, al oírlo, muchos de sus discípulos dijeron: -Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en Sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: -¿Esto os escandaliza? ¿Y si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba primero? El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha para nada. Las palabras que yo os he hablado son Espíritu y son vida." 

- Muchos de los oyeron a Jesús, incluidos algunos de sus discípulos, se ofendieron por lo que ellos pensaron que era una enseñanza escandalosa. En lugar de suavizar sus palabras, el Señor plantea otro desafío más: si ellos hallaban esto tan duro que por esa razón rechazaban la oferta de salvación, ¿cuánto más duro habría de ser cuando vieran a Jesús en gloria y se dieran cuenta de lo que habían perdido a causa de la dureza de sus corazones?

- La clave para entender rectamente las palabras de Jesús ha de hallarse en su declaración sobre el valor del Espíritu y de la carne, y el hecho de que sus palabras son Espíritu y vida. El énfasis está puesto en la necesidad de creer a Jesús y aceptar su salvación. 


vv. 64-65
"Pero hay entre vosotros algunos que no creen. Pues desde el principio Jesús Sabía quiénes eran los que no creían y quién le Había de entregar, y Decía: -Por esta razón os he dicho que nadie puede venir a Mí, a menos que le haya sido concedido por el Padre."

- De nuevo, el tema central del discurso es la necesidad de creer en Jesús, una actitud del corazón de la cual “comer su carne y beber su sangre” no es sino una imagen. Se yerra gravemente si se confunde la imagen con la realidad espiritual que representa.

- La teología católica romana emplea este pasaje como una de sus evidencias más firmes de su doctrina de la transubstanciación, es decir, que en virtud de las palabras de consagración de un sacerdote, el pan y el vino se convierten, sin variar en su apariencia, en la carne y la sangre (y Trento agrega “alma y divinidad”, sin justificativo bíblico alguno) de nuestro Señor. Con esto ponen la Escritura patas para arriba, pues lo que el Señor estaba enseñando no era que el pan y el vino eucarísticos fuesen a convertirse en El, sino que El era como un pan y un vino que llevan a la vida eterna, a diferencia del maná que no tenía tal poder. 

Debiera subrayarse enfáticamente en que lo que entendieron los oyentes de Jesús a partir de las palabras de él es por completo irrelevante, ya que ellos obviamente mal interpretaron su enseñanza:

1. Ellos equivocadamente exigieron una señal como el maná del desierto.
2. Ellos equivocadamente rechazaron que Jesús viniese del cielo.
3. Ellos equivocadamente pasaron por alto la exigencia de Jesús de creer en él para alcanzar la vida
  eterna.
4. Ellos malentendieron la descripción que Jesús hizo de sí mismo como el definitivo pan de Dios,
  pensando erróneamente que se refería a un acto de canibalismo 

 

Colin Brown ha observado acerca de este texto:
“Se supone comúnmente que Juan 6 se trata acerca de la Cena del Señor, aunque no hay indicio en el texto mismo de ninguna forma de comida, ya sea litúrgica u otra. A pesar de ello, se lo llama reiteradamente un discurso eucarístico, aunque no hay referencia a la Eucaristía o a la última Cena. Hay, sin embargo, al menos un [caso] prima facie para decir lo inverso. Juan 6 no se trata acerca de la Cena del Señor; más bien, la Cena del Señor se trata de lo que se describe en Juan 6. Tiene que ver con aquel comer y beber que consiste en creer en Cristo (6:35), lo cual es vida eterna (6: 54), y que es descrito en otras palabras como permanecer en él (6:56). El discurso de Juan 6 representa estas actividades como centrales para la fe y para la relación de los hombres con Jesús. Ellas no están confinadas a una comida sacramental. Pertenecen a la esencia misma de las relaciones cotidianas. Al presentar este discurso y omitir una narración de la institución de la Cena del Señor, Juan está en efecto diciendo que el todo de la vida cristiana debiera caracterizarse por este alimentarse de Cristo, y que de esto se trata precisamente la comida sacramental de la Iglesia.”
(s.v. “Lord’s Supper.” Colin Brown, Ed. New International Dictionary of New Testament Theology. Grand Rapids: Zondervan, 1976, 2:535). 

 

 Conclusión

Recientemente participé de la ceremonia religiosa católica que se dispensa cuando los niños reciben la "Primera Comunión", en ocasión de recibirla mi sobrina. Durante la misma, la cual presencié con todo respeto, escuché afirmaciones del Sacerdote principal cuando, hablándole a la gente presente y levantando una gran hostia dijo: "Este es Jesús..."; o dirigiéndose a los niños, les recomendaba: "..chicos, cuando lo tenga a Jesús en la boca, pídanle que esta sea la primera comunión de muchas otras..."

¿Dónde radica el principal motivo de crítica hacia esta doctrina católica? ¿Es solo por el modo en que se realiza, por la forma? DE NINGUNA MANERA. El tema no pasa por el "estilo", sino por lo que significa para el que la recibe:

La Biblia enseña que la Cena del Señor o Santa Cena, es un RECORDATORIO de la participación, como Cuerpo de Cristo, de la maravillosa redención obrada por el glorioso sacrificio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

La Iglesia Católica enseña que recibimos a Cristo a través de comer la hostia. Por ende nos ayuda en nuestra santidad y colabora en nuestro camino hacia la salvación de nuestra alma.

Esta peligrosa enseñanza (y errónea desde el punto de vista bíblico) hace creer al católico que "incorpora" a Cristo a través de la ingestión de pan o una oblea, extraviándolo del verdadero camino para recobrar la Comunión con Dios Padre, que es e

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Comentarios Teoría de la Transubstanciación.

Les recomiendo que busquen en YouTube un video que se llama El Tercer Secreto de Fátima que fue creado por vaticanocatolico.com. También en la página web tienen artículos que explican cómo la Biblia prueba las enseñanzas de la Iglesia católica, la necesidad del sacramento del bautismo para la salvación, los dogmas del Magisterio infalible de la Iglesia católica. Además explican qué le ha ocurrido a la Iglesia católica después del Vaticano II, cómo estamos viviendo la Gran Apostasía profetizada en la Sagrada Escritura y en las profecías católicas. El link del video es el siguiente: El Tercer Secreto de Fátima y el Fin del Mundo
Iglesia Católica Iglesia Católica 06/11/2012 a las 14:36

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