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Vaticano analiza ingreso a la ONU.

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UNA DECISION ESTRATEGICA DE LA IGLESIA
El Vaticano analiza su ingreso a la ONU como miembro pleno






La Santa Sede buscaría así contrarrestar el unilateralismo de EE.UU. en su campaña contra Irak. Juan Pablo II se viene oponiendo sistemáticamente a una "guerra preventiva" en el Golfo Pérsico.



Julio Algañaraz
La campaña incesante del Papa y los principales personajes de la Santa Sede contra la "doctrina Bush" en favor de una guerra preventiva contra Irak refuerza la única estrategia alternativa puesta en marcha por Juan Pablo II para contrapesar el unilateralismo de Washington, con el refuerzo de las Naciones Unidas como "autoridad mundial" que debe contener y encarrilar los conflictos.

Esta estrategia lleva también al Vaticano a aceptar una novedad absoluta: el ingreso de la Santa Sede como Estado miembro de la ONU. El secretario de Estado y "primer ministro" del Papa, cardenal Angelo Sodano, dijo que el tema "está abierto", sobre todo, después de que con la entrada de Suiza, el Estado pontificio ha quedado en la incómoda posición de único observador permanente en la organización mundial.

El Papa está decidido a pagar el precio de una incorporación de la Santa Sede como miembro pleno de las Naciones Uni das, que la obligará a entrar de lleno con sus posiciones en los grandes conflictos mundiales y a aceptar las decisiones.

Las preocupaciones principales que hoy dominan a las herméticas cumbres de la Santa Sede se concentran en los contragolpes muy negativos para los cristianos que pueden plantearse en el futuro inmediato en el mundo islámico, fuerte de mil doscientos millones de fieles repartidos en más de medio centenar de Estados, de los cuales sólo una minoría son árabes.

"La precariedad de la situación es más dramática por el choque de intereses entre los miembros de la comunidad internacional", dijo hace poco Juan Pablo II al reclamar que la ONU se refuerce de inmediato, transformándose "en una nueva organización de la familia humana" que asegure "la convivencia pacífica entre los pueblos".

"Hay que conseguir que este ataque cada vez más ventilado no se produzca", dijo hace unos días el "ministro de Relaciones Exteriores" de Juan Pablo II, el arzobispo francés Jean-Louis Taurán.

Europa, que parece no terminar de decidir qué es lo que va a hacer en este conflicto, "ha protagonizado un papel importante en la medida en que ha puesto la cuestión iraquí en el seno de las Naciones Unidas. Es positivo que continúe en esta línea", concluye el arzobispo Taurán.

Palabras santas para el Vaticano. El ex observador permanente del Vaticano en Naciones Unidas, el arzobispo Renato Martino, ha sido promovido por el Papa a presidente del pontificio Consejo Justicia y Paz, lo que implica que pronto será cardenal. Y monseñor Martino debutó en su nuevo cargo presentando el mensaje del Papa para el Día Internacional de la Paz y condenando explícitamente la "guerra

preventiva" del presidente Bush como

"una guerra de agresión".

No habrá esta vez ninguna cobertura "sancta" para la acción norteamericana por parte del Papa. El cardenal conservador Joseph Ratzinger, guardián de la ortodoxia católica, sostiene que la guerra que se perfila "no tiene justificación moral".

El Papa ya habló de evitar imponer "el poder del más fuerte". El tema Irak se relaciona con la crítica situación en Tierra Santa, que preocupa aún más al Papa.

Las noticias que llegan aquí son cada vez más alarmantes. El Papa teme por el futuro de la comunidad católica caldea de Irak, que no llega a un millón de personas pero que tiene una antigua presencia en esa nación.

Un informe de las Naciones Unidas prevé escenarios humanitarios desastrosos si hay una guerra. Habrá que asistir a un millón y medio de refugiados dentro y fuera de las fronteras iraquíes, dar de comer al menos a 5,4 millones de los 26 millones de habitantes del país, suministrar el 40% del agua potable que faltará por los destrozos en las instalaciones eléctricas e hidroeléctricas de Irak, sin contar los muertos, heridos y desamparados en las ciudades. La Santa Sede, por orden del Papa, se prepara a estar presente en la ayuda incluso con voluntarios y el Papa sostiene que "hasta el último momento" es necesario hacer cualquier esfuerzo para evitar lo peor que se avecina.









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