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La verdadera prosperidad futura de los salvos.

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LA PROSPERIDAD FUTURA DE LOS SALVOS

 

         Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

 

"El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero" (2 Tim. 2:6)

 

Los seres humanos queremos siempre vivir por adelantado y tener comodidades y bienes de todo tipo lo más pronto posible. Así pues, muchas personas adquieren muchas cosas materiales endeudándose con sus tarjetas de crédito que irán pagando por muchos años y que los convertirán en verdaderos esclavos de sus acreedores. Es decir, queremos tenerlo todo hoy mismo sin tener pagarlo en efectivo porque simplemente no disponemos de dinero ahora. Así, con esta trampa que es la tarjeta de crédito, adquirimos cosas y bienes que no serán totalmente nuestros hasta que los hayamos pagado hasta el último centavo.

En la fe ocurre lo mismo. Millones de cristianos quieren vivir AHORA MISMO en medio de riquezas y bendiciones abundantes, sin haber acabado de trabajar para hacerse merecedores de la prosperidad que Cristo promete. Estas personas parecen haberse olvidado que Dios es un Dios de orden, y que el pagará a cada cual conforme hayan obrado en la presente vida. Por tanto, Él espera que nosotros le seamos fieles y que trabajemos para su causa hasta la cosecha en su parusía (Mt. 24:13; 25:31,34). El Señor no paga por partes, sino todo completo, cuando la obra se culmine. Es como el atleta. Este no recibe su premio cuando está en la mitad de la carrera, sino cuando llega a la meta primero. Y es que si bien el corredor puede estar ganando la carrera a la mitad de su recorrido, puede muy bien perderla al final, siendo vencido por el que estaba inmediatamente detrás de él.

Cristianos labradores

La Biblia nos habla de trabajar duro para poder cosechar los frutos esperados por nuestra dedicación y esmero. Dice así la Escritura, así: "El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero" (2 Tim. 2:6). Usted podrá ver que como cristianos se nos compara con agricultores que trabajan la tierra con esmero, preparándola, abonándola (NPK), sembrándola, regándola, rociándola con insecticidas químicos para matar las plagas y constantemente erradicándola de malas hierbas, para que de esta forma puedan cosechar frutos sanos y abundantes. Nadie cosechará frutos en su campo con sólo sembrar la semilla y punto. Se requerirá haber completado toda la faena mencionada anteriormente con mucha dedicación y perseverancia.

Hoy, los cristianos son engañados con el cuento de la siembra y la cosecha automática, con una ganancia fabulosa de 100 por 1 si es que pactamos con Dios por medio de sembrar la semilla que yo llamo "milagrosa". La iglesia es presentada como que es una especie de Financiera donde podemos conseguir todo lo que necesitamos para nuestras necesidades si cumplimos con ciertas claves secretas del éxito. Se nos hace creer que el Señor nos proveerá de todo lo que necesitamos si cumplimos nuestros votos o pactos para con él. Nada más truculento.  

Padecimientos antes de la Retribución

El verdadero cristianismo nos enseña que podemos encontrar un futuro mejor y maravilloso si es que ahora primero SUFRIMOS por nuestro Señor y rey. Se anteponen PRIMERO el sacrificio vivo de nuestros cuerpos, la entrega, y los padecimientos personales para que en la era venidera, la edad del reino, podamos ver cristalizados todos nuestros caros anhelos. En 2 Pedro 5:10, el apóstol dice: "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca". Acá el apóstol Pedro nos dice que participaremos de la gloria y riquezas de Cristo si es que primero padecemos un poco de tiempo". En Romanos 8:18 Pablo les dice a los primeros cristianos que padecían por el Señor, lo siguiente: "Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse". Aquí Pablo compara los padecimientos presentes de los cristianos con la gloria venidera que será manifestada en ellos cuando Cristo vuelva. No podemos ganar esa gloria prometida sin padecer primero. Pero muchos parecen no querer aceptar que los padecimientos personales es lo que Dios espera primero de sus hijos, y no su glorificación inmediata con todas las riquezas soñadas.

Pero muchos predicadores de hoy quieren vivir sin padecimientos en el presente siglo, y enseñan a sus ingenuos seguidores que si sufren es porque aún están malditos o porque viven aún en pecado. Estos predicadores han convertido el sufrimiento, la pobreza, el padecimiento como algo satánico, como una señal de rechazo divino o como una cuestión de maldición de Dios.

Jesús como ejemplo de pobreza y sufrimiento

La necesidad del sufrimiento es para moldear al cristiano en la obediencia y en la paciencia. El sufrimiento de Cristo tenía su propósito de perfeccionarlo, como dice Pablo en Hebreos 5:8: "Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen". Así que si Jesús fue perfeccionado por sus padecimientos, así nosotros debemos aprender a obedecer, padeciendo como Jesús padeció para ser igualmente perfeccionados. Recordemos que el Señor nos manda a ser perfectos como Dios es perfecto (Mateo 5:48).

Pero muchos cristianos les cuestan aceptar las tribulaciones y padecimientos de la vida presente porque sencillamente no entienden el propósito de éstos en sus vidas. Sin embargo, los predicadores de la prosperidad creen y enseñan engañosamente de que los padecimientos de los cristianos es un asunto de maldición, rechazo, enemistad, y separación de Dios. Nada más falso. La Biblia llama bienaventurados a los que sufren, a los que padecen a causa de la justicia (Mateo 5:10).

Pobres que son ricos dentro de sus Padecimientos

En realidad, contrario a lo que se cree, los creyentes pobres son ricos para Dios. A la iglesia de Esmirna se le dice: "Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico)..." (Apo. 2:9). Nótese que se hace una atingencia, y esa es que ¡se puede ser pobre en cosas materiales, y aun pasar tribulaciones por el Señor, y ser rico! ¿Pero cómo puede ser alguno rico en tales duras circunstancias? Santiago responde este dilema cuando dice: "Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman"? (Santiago 2:5).

La riqueza en fe significa que los que la poseen son los legítimos herederos del reino de Dios, un reino de prosperidad y de riquezas nunca antes imaginada por hombre alguno y que opaca a cualquier riqueza del presente mundo malo (1 Cor. 2:9).

Es una paradoja pero el cristianismo verdadero es sufrimiento, padecimiento, carencia, aguante, y perseverancia. Cualquiera que crea y enseñe que por ser cristiano va a vivir de plácemes, sin ningún tipo de carencias o sufrimientos, se engaña a sí mismo y hace al Señor mentiroso. Al contrario de lo que se predica, el sufrimiento por Cristo es algo que debe enorgullecer al que lo padece, pues su justa retribución está guardada para ser manifestada, no ahora, no en este siglo malo, sino en el día postrero. Como dice Pedro en 1 Pedro 1:5-7: "Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo".

Dios los bendiga,

Apologista

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